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Monarquía o República, he ahí la cuestión

80 ANIVERSARIO DE LA REPÚBLICA (I)

Monarquía o República, he ahí la cuestión

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 fueron vividas en Valladolid como un plebiscito sobre la forma de Estado

11.04.11 - 01:14 -
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Formalmente eran unas elecciones municipales, pero en realidad se trataba de un plebiscito sobre la forma de Estado en España: Monarquía o República, era la cuestión. La cita electoral, fechada el 12 de abril de 1931, traería consecuencias impensables para muchos españoles. Se cumplen ahora 80 años de aquello. ¿Cómo se había llegado a esa situación?
A finales de 1929, la dictadura de Miguel Primo de Rivera se diluía entre el descrédito, el hartazgo y la creciente labor de la oposición republicana. De hecho, la dimisión, a finales de enero de 1930, del propio dictador se convirtió en símbolo claro de su inevitable deterioro. Un deterioro que llevaba aparejado el de la Corona, principal tutora del régimen traído por la fuerza aquel otoño de 1923. El mismo Alfonso XIII, en un intento por retomar la 'vieja política' existente antes del golpe militar, encargó el gobierno al general Berenguer. Conforme a la Constitución de 1876, este trató de convocar elecciones generales no constituyentes, empeño en el que fracasó: es el célebre 'error Berenguer', en palabras de Ortega y Gasset.
Su sucesor en febrero de 1931, el almirante Juan Bautista Aznar, optó por convocar elecciones municipales que sirvieran de rodaje a la vieja maquinaria electoral monárquica: su objetivo no era otro que, una vez conseguida la victoria de los partidarios de la Corona, convocar para más adelante elecciones generales.
Mas el quebranto de la dictadura conllevó, inevitablemente, el de la propia Corona. A la altura de marzo de 1931, las opciones republicanas avanzaban en términos de apoyo popular en las grandes capitales. Así pudo comprobarse en Valladolid el domingo 29, en una masiva manifestación proamnistía que, dirigida a solidarizarse con los condenados por la sublevación republicana de Jaca, terminó en un encendido llamamiento republicano.
Deterioro monárquico
Por si fuera poco, el régimen de Primo de Rivera, que la mayor parte de la ciudadanía identificaba con la Corona y la Iglesia -no en vano eran sus dos firmes baluartes-, había puesto en la diana del oprobio al mismísimo Santiago Alba, propietario de EL NORTE DE CASTILLA y prócer político de primer orden, cuya formación, liberal y dinástica, dominaba la vida política local desde principios de siglo.
El descrédito de la dictadura, que tanto daño había causado a la reputación de Alba, fue vivido por sus seguidores vallisoletanos como un alivio, pero también como el momento propicio para ajustar cuentas con el pasado inmediato; aun a costa de la credibilidad de la Corona. A esas alturas, la decepción de Alba ante el comportamiento de Alfonso XIII no era un secreto. Su periódico así lo atestiguaba: «El mayor estrago de la dictadura en relación con la Corona ha sido dejarla al descubierto frente a todos los intereses heridos y a todos los derechos agraviados, en vez de cubrirla y defenderla con el doble almohadillado de un Gobierno constitucional y de una mayoría parlamentaria», señalaba EL NORTE DE CASTILLA en vísperas de conocerse los resultados de las municipales.
También Federico Santander, último alcalde de la etapa dictatorial, monárquico y albista, no pudo por menos que reconocer, en marzo de 1930, que el golpe de Primo de Rivera, secundado por Alfonso XIII, había sido un «ultraje a la voluntad del pueblo que trajo con sus votos [a los concejales]».
Puso Santander como ejemplo de voluntad reconciliadora la del propio Alba, fundador, en 1917, de la Izquierda Liberal Dinástica: aunque partidario de la Corona, la dictadura de Primo de Rivera le había perseguido con saña; fue, señalaba Santander, pasto de «denuncias, imputaciones calumniosas, procesos y expedientes», ataques todos que, sin embargo, nada consiguieron probar contra él. No es de extrañar que Alba desechase la propuesta de Alfonso XIII de formar gobierno, en febrero de 1931, tras la caída de Berenguer.
Por si fuera poco, el concejal Manuel Carnicer Pardo, conservador y monárquico de pro, tampoco tuvo empacho alguno en arremeter contra la dictadura que Alfonso XIII había propiciado: "En 1923, hace más de seis años, fueron lanzados violentamente de esta casa los concejales, vulnerando la ley, no reconociendo el derecho que les habían otorgado los electores y no permitiendo incluso a un sector importante que dirigiera la palabra", denunciaba en el Consistorio a finales de febrero de 1930.
De ahí que las elecciones del 12 de abril de 1931, convocadas por un gobierno en descrédito identificado con la Monarquía, se convirtieran en realidad en un plebiscito sobre la forma de Estado. Así lo expresaba el mismo Ángel Ossorio, exministro de la Corona, en las páginas de EL NORTE DE CASTILLA a principios de mes: «Los defensores y los detractores del régimen monárquico se aprestan a medir sus fuerzas respectivas, tomando ocasión de las elecciones municipales, que serán aprovechadas como recuento y movilización de empeños más trascendentes». Ya Ossorio había manifestado, en los momentos terminales de la dictadura primorriverista, que «la incompatibilidad no es con la Monarquía, es con el Rey», diferenciación ésta difícil de asumir por el ciudadano de aquel momento. También EL NORTE DE CASTILLA, cuyos ideales monárquicos estaban fuera de toda duda, reconocía que «en estos últimos años, como consecuencia de todo lo que hizo la Dictadura, han aumentado los enemigos del régimen [monárquico]».
La misma manifestación proamnistía que el 29 de marzo de 1931 recorrió las principales calles de Valladolid en defensa de los condenados por la rebelión de Jaca había sido coronada, en el mismo balcón del gobernador civil, con palabras premonitorias del socialista Remigio Cabello: «El alcance de este acto no es otro que el de un hondo anhelo del pueblo por que imperen un régimen de Derecho y normas de justicia y de paz garantizadas para todos. Será un hecho próximo la implantación de la República, porque así lo quiere la voluntad nacional y lo exige la salud de la patria».
Por eso para el 'Diario Regional', monárquico y católico, los inmediatos comicios municipales dirimirían la inevitable lucha entre República y Monarquía: «Todo lo que se parlotee sobre programas y actuaciones municipales de ayer o de mañana, no es más que ganas de perder el tiempo y de despistar a las gentes. La lucha del domingo [12 de abril] es la primera batalla que se riñe entre la Monarquía y la República, entre los partidarios y del orden y los partidarios de la revolución».
Convencido de que «el problema planteado es este: Monarquía o República», el rotativo hizo un llamamiento a todos los monárquicos a votar, calificando de traidores a quienes optasen por la abstención; incluso animaba a las «señoras monárquicas» de Valladolid a ejercer el boicot a cuantos suministradores, médicos, comerciantes, abogados y demás profesionales hubiesen mostrado públicamente su preferencia por la República.
La avalancha republicana parecía imparable; y eso que el monárquico 'Diario Regional', dos días antes de los comicios, aventuraba: «El triunfo es nuestro». La realidad no tardaría en desmentir tan rimbombante titular.
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