Con 79 años cumplidos -«y 54 de cotización a la Seguridad Social», puntualiza-, resulta innecesario preguntar a Vicente Garrido Capa qué opina del retraso de la edad de jubilación a los 67. Se le nota al presidente de Lingotes Especiales que entre los calderos de hierro fundido y la maquinaria que transporta los discos se encuentra tan a gusto como en casa. Han pasado más de 40 años desde que fundó la empresa y el industrial riosecano todavía se sube a la escalera más empinada de la fábrica para mostrar con orgullo el último avance tecnológico que han puesto en marcha. Se trata de un sistema de calentamiento mediante una antorcha de plasma que evita que durante la fundición se produzcan pérdidas de temperatura y consigue aleaciones más resistentes. «No tenemos nada que envidiar a nadie porque contamos con un nivel de innovación que puede competir en cualquier país», declara. Estandarte de una generación de empresarios y defensor a ultranza de la industria («nosotros producimos», proclama), no tiene inconveniente en disentir de la doctrina oficial y adoptar posturas «políticamente incorrectas» (y, a veces, empresarialmente heterodoxas). «Nos hemos convertido en un país de maquileros donde se trata mejor al especulador de las finanzas y los servicios que al que produce», por ejemplo.
-¿Qué le parece que José Luis Rodríguez Zapatero haya decidido tirar la toalla? ¿Cree que la situación será propicia para nuevas reformas?
-Era lo esperado. Si me pregunta si es bueno, o malo... no creo que las cosas que pasan sean buenas o malas, son así y así hay que aceptarlas. Tampoco creo que tenga tanta trascendencia, más bien no tiene nada de particular, aparte de no ser algo habitual. Esperemos que sirva para que ahora haga el trabajo que está mal visto, el que tiene mala prensa, pero que hay que hacer porque es bueno para España. Sería de alabar, porque lo normal en los políticos es hacer lo contrario, lo que tiene buena aceptación y complace a la mayoría.
-¿Y qué es lo que más prisa corre, en su opinión?
-Resolver el problema del paro, para lo cual podíamos mirar las medidas que han adoptado los países que tienen menos desempleo y, no digo copiarlas porque la manera de ser de cada cual es diferente, pero sí adaptarlas. Hay muchas medidas urgentes y otra es atajar el problema energético de España. La energía nos cuesta un 24% más cara que a nuestros competidores europeos y esto es una carga muy pesada para empresas como la nuestra, que es una gran consumidora de esta materia prima. ¿Bajar los salarios para competir? Vamos a ir con calma en este sentido porque tampoco se va a trabajar gratis. Los problemas hay que corregirlos por separado y si la energía es un problema para la competitividad, no se arregla bajando salarios. Analicemos el porqué de los costes. Las medidas que hacen falta están, en general, ya muy manidas: equiparar la legislación laboral a nuestro entorno, lo mismo con la fiscal... La presión fiscal en España es tremendamente grande. No digo que haya que pasar del 35% que tenemos nosotros al 12% que tiene Irlanda, pero entre calvo y con dos pelucas, habrá un término medio.
-Las rebajas impositivas decretadas para las empresas medianas durante la crisis, ¿son insuficientes?
-En España, los que más pagamos somos los que producimos algo y hay muchos que ya no lo pueden soportar. Los chinos, los árabes, los brasileños compran nuestras empresas y estamos convirtiéndonos en un país de maquileros. Si quitamos algunos casos dignos de admiración como Zara, lo que se ha puesto de moda en España es la especulación, la subvención, la recalificación, la compra-venta, operaciones que han producido ricos, pero no riqueza. Todo de manera acomodada a la ley, pero quizá injusta. Algunas actividades deberían estar gravadas con el 90% y a lo mejor otras deberían estarlo con el 10%, en función de lo que contribuyan. Yo, que soy un obseso de la producción, a la que me dedico desde que empecé a trabajar a los 25 años, siempre digo que todo lo que no sea crear y dar valor añadido a un producto, todo lo demás, es encarecer. Ahora se han puesto de moda los servicios, algunos de los cuales son necesarios, pero otros no producen nada y no servirían para nada si no hubiera medios de producción. En España se han cuidado más todos estos sectores que han generado dinero, pero no riqueza, y tenemos que volver a producir. Antiguamente, el potencial de un país se medía por su acero, su cemento, el ácido sulfúrico... En España lo hemos desguazado todo y lo hemos vendido. Si la industria está en manos de otros, estaremos permanente en precario.
-¿Le ley de economía sostenible puede servir para cambiar el modelo de crecimiento?
-Esto no se arregla con decretos. Hay que crear un clima y una concienciación, hacer comprender a la población que tenemos la necesidad de producir. Y después hay que favorecerlo fiscalmente, a la vez que se debería penalizar fuertemente toda actividad especulativa que no sea productiva, para que por lo menos contribuya con impuestos a beneficiar a la sociedad.
-¿Se deben fijar los salarios de acuerdo con la productividad?
-Creo que se está abusando del concepto de la productividad, igual que se abusa de la I+D+i, que lo han convertido en un término sobado. Está en boca de todos y, sin embargo, el 90% se cree que nuevas tecnologías es tener un iPhone, o un HP, pero que desarrollar un sistema de frenado innovador que mejore todos los existentes no lo es. Respecto a la productividad y a la idea de la señora Merkel de ligar los salarios a ella, solo digo que también puede tener consecuencias inesperadas. ¿Y si gracias a una nueva máquina se eleva la productividad al doble? ¿Pagamos el doble a los trabajadores? Me parece más importante la competitividad. Con una energía, o cualquier otra materia prima, tan cara como la que tenemos, no por tener mucha productividad vamos a ser competitivos. La productividad sola no es suficiente si hay otros factores que hacen que, al final, tú produzcas más caro que los otros. La productividad se debería dar por supuesta, como el valor del militar. Porque incluso alcanzando la productividad óptima, para ser competitivo hace falta algo más, una ayuda o, por lo menos, que no sufras más trabas que los demás.
-¿Cree que al ajuste salarial de los trabajadores le queda camino por recorrer? ¿Hay que trabajar más y cobrar menos, como dice Rajoy?
-Cobrar menos me parece algo impensable. Honestamente, creo que no se pueden rebajar los salarios. Ante una situación negativa hay que, por lo menos, mantenerlos, porque pretender pagar la mitad es el primer paso hacia la desaparición. Para compensar esta dificultad se pueden hacer cosas como la que hemos hecho nosotros en septiembre pasado, una inversión tecnológica de 12 millones de euros que nos ha situado entre los tres primeros del mundo. Nosotros hemos sido pioneros en muchas cosas.
-¿Tenemos suficientes polígonos urbanizados y preparados a precios razonables para cuando haya empresas que quieran constituirse?
-En el año 90, cuando presidía la Cámara, encontré un recorte de periódico del año 76 en el que yo decía: «Valladolid lo que necesita es suelo industrial barato». Y me dijo mi mujer: Es lo mismo que sigues diciendo, ¡menudo caso te han hecho! Ahora todavía lo mantengo. Sin embargo, no soy partidario de los polígonos perfectamente equipados y, por consiguiente, muy caros. Burgos ha sido más acertado que Valladolid en este sentido.
-¿Ve al sector industrial preparado para tirar de la economía de la comunidad autónoma, y del país?
-Debe hacerlo, pero de momento no encuentra facilidades para conseguirlo. No se le da el valor que tiene y no resulta atractivo como destino laboral para los jóvenes. Ahora terminan su formación y quieren ser funcionarios, o bien dedicarse a los mercados financieros. Entre los empresarios de la región que conozco, solo sé de dos casos que han mandado a sus hijos a estudiar para que tomen las riendas y hagan progresar sus empresas. Los demás quieren dedicarse a dominar la volatilidad de los mercados y los plazos largos y los cortos. No digo que eso no sea importante, pero tampoco veo bien que hayamos hecho de las finanzas el centro de todo. Deberían ser un medio y no el fin.
-¿Podemos hablar en pasado de la criba que ha sufrido el sector auxiliar de la automoción de la región? ¿Percibe un remonte sólido?
-Hemos sufrido mucho y quienes lo hemos superado ha sido haciendo de tripas corazón. No hay que olvidar que los fabricantes de automóviles son extranjeros y protegen más las plantas de sus países. Nosotros hemos tenido que acometer grandes mejoras y aplicar recortes de costes al máximo y ya podemos dar gracias de que haya pasado 2010.
-¿Qué esperanzas tiene depositadas en el coche eléctrico?
-Me da un poco de vergüenza llevar la contraria a todas las autoridades mundiales, pero el coche eléctrico... no quiero decir que sea... Vamos a ver, el coche eléctrico hace tiempo que está inventado, como bien saben los que juegan al golf. Si los que nos gobiernan dicen que es el futuro, sería presuntuoso además de inútil por mi parte quitarles la razón. Dicen que contamina menos, pero como producto global sufre tres transformaciones energéticas, de modo que contamina más. La diferencia es que no contamina en la Plaza Mayor, sino en La Robla, o donde se produzca la energía. Por otro lado, hay otra cosa de la que tampoco se habla. La pila de mi reloj, que puede pesar tres gramos, puede contaminar un metro cúbico de agua si no se trata adecuadamente. Vamos a ver entonces qué hacemos con las baterías de unos vehículos que pesan cuatrocientos kilos. Unas baterías que, además, valen tanto como el resto del coche. Creo que el coche eléctrico no es una solución para el transporte de masas y ya se lo he oído decir también al vicepresidente de Fiat. Es una cosita que está bien, pero al motor de combustión aún le quedan muchos años de vida. ¡Pero si hay coches que gastan solo tres litros a los cien kilómetros! ¿Cuánto contamina eso? De todos modos, lo que sí va a traer indirectamente es un avance en la investigación del aprovechamiento de todo lo que le rodea.
-¿No cree entonces que vaya a popularizarse?
-Es que va a ser caro. Por no hablar del problema de la autonomía, que te obligará a hacer noche en Mérida si quieres ir a Sevilla. Estados Unidos habla de un 25% de coches eléctricos en 2050. Bueno, yo tendré que verlo desde otro sitio.
-¿También es escéptico sobre el impulso industrial que puede proporcionar a Valladolid?
-Los fondos de inversión están deseando invertir en el sector, pero en empresas que dispongan de tecnología ya en marcha relativa a la batería y de ésas no veo en Valladolid. Otra cosa es que se pueda sacar beneficio de las demás partes del coche, que llevará ruedas, puertas y radio. Pero puede que me equivoque.
-Sus planes para levantar una fábrica en la India similar a la de Valladolid, ¿son para producir el doble, o la primera piedra de una deslocalización industrial?
-India tiene un potencial de desarrollo tremendo y va 15 años por detrás de China. Tiene gente universitaria muy preparada y una industria automovilística en pleno auge. A nosotros nos da un poco de pena tener una tecnología puntera y no aprovechar todo su potencial y sacarle el máximo partido. ¿Quiere decir que vamos a cerrar esto? En principio, no. El objetivo es cubrir el mercado asiático. Ahora bien, si se complican las cosas y nos vienen con el cierre cautelar [en 2008, un juez estuvo a punto de clausurar la empresa por una denuncia de Ecologistas en Acción relativa a autorizaciones de impacto ambiental]... entonces a lo mejor les damos el gustazo. Lamentablemente, nuestra sociedad no es de las más queridas ni en Castilla y León, ni tampoco por la Administración regional. Pero no lloro por ello.