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50 familias crean la primera red de compra de productos ecológicos

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50 familias crean la primera red de compra de productos ecológicos

La cesta que los asociados llevan a sus hogares de Valladolid es un 40% más barata que en el supermercado

19.03.11 - 00:18 -
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Alfonso Izquierdo nunca pensó que tanto él como su mujer formarían parte de un grupo cuya filosofía alimentaria no es otra que la de consumir productos saludables. «Yo me enteré de la existencia de la red a través de un familiar que la abandonó y me dijo que si quería probar para ver cómo funcionaba», explica Izquierdo, quien añade que «probé y el método me gustó y la verdad que, tanto mi mujer como yo, estamos muy contentos».
Este hombre de 51 años, padre de dos hijos y funcionario de Justicia, se traslada todos los martes, desde hace dos años y medio, desde su residencia habitual situada en un céntrico barrio de la capital vallisoletana, hasta una casa molinera del distrito de Girón donde recoge su pedido semanal.
«Yo compro sobre todo hortalizas, calabacines, calabaza, lechugas... ya sabes, verduras de temporada» indica, mientras hace cola dentro de una pequeña sala en la que el color verde y el olor a fresco impregnan todo el ambiente.
La cesta de la compra de Alfonso en productos frescos, sin conservantes, colorantes, aditivos y fitosanitarios asciende a 20 euros semanales. Él y su mujer realizan todos los lunes un pedido con las cantidades que estiman necesarias de verduras, frutas y hortalizas mediante un correo electrónico. Nueve días después sus vegetales, lácteos y productos variados ya están disponibles.
Lista de espera
La rutina semanal de Alfonso a la hora de hacer la compra es la que un total de 47 familias de Valladolid, pertenecientes a la red de consumo La Patata, realizan desde hace un par de años para poder consumir productos ecológicos de factoría local un 40 % más baratos que los alimentos de cualquier tienda o supermercado de alimentación sana, saludable y justa ofrecen en sus estantes y góndolas.
Y es que, el auge por la agricultura ecológica, que mueve al año en Castilla y León un total de 22 millones de euros y que se basa en una producción que respeta el medio ambiente, cuida la salud y garantiza la biodiversidad, es una tendencia en alza, según afirma la responsable de la red de consumo La Patata, Sonia Calvo, quien agrega que «nosotros, en estos momentos, tenemos en nuestra red una lista de espera de más de 10 familias que quieren unirse, ya que se han dado cuenta de los beneficios que tiene consumir productos de calidad y ecológicos».
Calabaza, plátanos, leche, pan, magdalenas, café, azúcar o tomates son solo una pequeña muestra de todos los productos que una familia tipo española de cuatro miembros puede consumir cada semana en su cesta de la compra, pero adquirir todos estos alimentos «en ecológico y sin intermediarios, es decir, a modo de un canal corto de comercialización» es lo que fundamenta la existencia de estas redes de consumo.
«Somos un grupo o cooperativa de consumo ecológico que se organiza para repartir el trabajo, contactar con los productores y gestionar la distribución de los productos entre sus miembros», explica Calvo, quien agrega que «esta forma de consumir es posible gracias al trabajo conjunto de todos los participantes de la red que apostamos por la búsqueda del reequilibrio medioambiental y un acercamiento entre el mundo rural y el urbano».
Tras una década en funcionamiento, la única red de consumo de Valladolid está más fresca y viva que nunca, ya que desde hace dos años el número de socios se ha activado por el apogeo de lo ecológico. Tal es así, que su actual sede se queda pequeña para tantas familias. «Pagamos una cuota mensual de tres euros por adulto de la familia para poder pagar el local y reponer lo que se rompa» explica William Colmenares quien hace pocas semanas se dio cuenta de que «llevaba ocho años comiendo plátanos de plástico porque no sabían a nada y aquí a veces te compras uno y sientes cómo las glándulas salivares se activan porque está bueno». Colmenares, de 37 años, se enteró de la existencia de la red por medio de unos amigos y, desde hace algo más de un año, todas las semanas realiza su pedido por importes variados. «Hay semanas que gasto más y otras menos pero la media es de unos 20 euros», dice este venezolano, quien añade que «yo tengo un hijo pequeño y siempre le damos fruta comprada en la red».
En La Patata los productores son de la zona. Los lácteos viene de Megeces. El pan lo distribuyen desde un pueblo de Burgos. La verdura es de una huerta de Arroyo y de La Overuela. El resto de productos los envía Siro. «No hay un mínimo de compra o de importe semanal. Si quieres un mazo de acelgas o 250 gramos de calabaza, puedes comprarlos» asegura Calvo, quien agrega que «los pedidos semanales ascienden en total a unos 600 euros».
Este modelo de asociacionismo es un concepto de gran tradición en países como Alemania, Bélgica y Holanda. En España, vecinos de Madrid o Barcelona implementaron hace dos décadas las primeras redes de autogestión ecológica que fueron instalándose en otras comunidades. La Patata es la única en Valladolid, a pesar de existir algún grupo aislado en Tudela de Duero. Palencia fue la pionera en este tipo de redes en Castilla y León, y Burgos y León también cuentan con grupos de estas características.
Productores
«A pesar de la crisis, los productores ecológicos van creciendo todos los años, tal es así que en estos momentos hay más de 300 en toda la comunidad», aseguró el presidente del Consejo de Agricultura Ecológica en Castilla y León, Juan Senovilla. Avanzó, en este sentido, que «en lo que llevamos de año ya hemos recibido 100 solicitudes para crear explotaciones de este tipo».
En Castilla y León hay 30.000 hectáreas de cultivos ecológicos y los beneficios anuales ascienden a 22 millones de euros, cifra en ascenso según Senovilla. «Desde hace un par de años el consumo se ha disparado en el mercado: en Valladolid, las tiendas han pasado de un establecimiento a más de seis».
Para ellos, la existencia de las redes de autogestión no supone un peligro para los pequeños establecimientos de productos ecológicos y de comercio justo ya que «en los pedidos te sueles quedar corto y necesitas ir a la tienda o al súper para comprar algo» dice William, quien apunta que «el tirón de estas redes, además de ser la conciencia ecológica, también tiene que ver con la no existencia de intermediarios».
Para Senovilla y la propietaria de la primera tienda ecológica de Valladolid, Carmen Sebastián, estas redes no suponen un peligro para el pequeño comercio. Pero no todos piensan los mismo. «Si se compra de esta manera, los pequeños empresarios perderemos clientes», manifestó el propietario de una céntrica verdulería medinense.
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