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ETA, obsesión por el magnicidio

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ETA, obsesión por el magnicidio

13.03.11 - 01:01 -
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«Magnicidio. (Del lat. magnus, grande, y -cidio, matar). Muerte violenta dada a persona muy importante por su cargo o poder». La definición de la Real Academia de la Lengua es la descripción de una obsesión frustrada de ETA durante los últimos 30 años. Una fijación que no ha desaparecido en estas tres décadas a la vista de los planes del último comando desarticulado, el 'Otazua', que tenía órdenes de asesinar con un rifle de francotirador al 'lehendakari' Patxi López.
Sin embargo, la mala suerte, la improvisación o el trabajo de las fuerzas de seguridad han frustrados todos y cada uno de casi una veintena de intentos. Todos, salvo uno: el primero. El asesinato el 20 de diciembre de 1973 del entonces presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, con una potente bomba. Aquel primer magnicidio exitoso animó a ETA a volver a intentarlo.
Una de sus mayores obsesiones frustradas ha sido la del Rey. Quizás el crimen de estado que más cerca estuvo de ejecutar. Fue en agosto de 1995. Los terroristas tuvieron a tiro al Monarca en dos ocasiones. Iban a disparar con un rifle de precisión desde un piso alquilado cerca del puerto de Palma de Mallorca -un atentado calcado al que el 'comando Otazua' quería ejecutar contra Patxi López-, pero no llegaron a disparar porque vieron dificultades en el plan de fuga de la isla.
No fue la única vez que ETA intentó el regicidio. En 2009, las fuerzas de seguridad descubrieron que cinco años antes los terroristas especularon con derribar con un misil tierra-aire el avión o el helicóptero en el que viajaba don Juan Carlos. Junto con el Rey, otra gran obsesión ha sido José María Aznar. ETA, en este caso, sí que llegó a ejecutar el atentado. El blindaje de su vehículo salvó la vida al entonces jefe de la oposición el 19 de abril de 1995, cuando los terroristas hicieron estallar un coche-bomba en Madrid con 40 kilos de amonal al paso del turismo en el que viajaba.
Aznar, ya como jefe del Ejecutivo, volvió a estar en la agenda de ETA en mayo de 2001. Y de nuevo con misiles. ETA por tres veces en dos semanas intentó derribar con un proyectil tierra-aire el avión en el que el gobernante se desplazó a Euskadi para participar en la campaña de las elecciones autonómicas vascas de aquel año.
El otro presidente del Gobierno al que ETA puso de forma reiterada en su diana fue Adolfo Suárez. El 23 de febrero de 1980, ETA lanzó una granada contra el helipuerto del Palacio de la Moncloa, aunque Suárez no se encontraba ni cerca del lugar. Medio año antes los Servicios de Inteligencia localizaron en Venezuela a una veintena de etarras que, según las informaciones de la época, planeaban matar al presidente en una gira por Sudamérica.
Manuel Fraga también estuvo en un par de ocasiones cerca de caer a manos de ETA. La primera fue en julio de 1996, cuando fue desarticulado un comando instalado en Galicia y que tenía como objetivo prioritario su asesinato. En 2001 otra célula terrorista volvió a hacer seguimiento de Fraga 'in situ'.
Francotirador
Además de jefes de gobiernos central y autonómicos, ETA siempre ha tenido 'predilección' por los máximos responsables de las fuerzas de seguridad. Fue el caso del exconsejero vasco de Interior Juan María Atutxa, quien a punto estuvo de caer bajo las balas de un francotirador en enero de 1996. Los terroristas, en un atentado idéntico al que querían cometer contra López, habían alquilado una casa con vistas a la plaza de Vitoria, en la que por entonces se concentraban varios dirigentes políticos para exigir la liberación del empresario José María Aldaya. Dos años antes, la caída de otro comando desveló que ETA había intentado matar a Atutxa en otras cinco ocasiones en su localidad natal, Lemona.
El asesinato de otro máximo mando policial, el ex director general de la Guardia Civil Luis Roldán, también estuvo en los planes de ETA. El 'comando Germán' planeo abatirle durante una corrida de toros de Sanfermines de 1990 con un arma de francotirador.
El último magnicidio frustrado de ETA conocido hasta esta semana era el de Alfredo Pérez Rubalcaba. Esos planes se desvelaron en 2010 tras la captura de varios abogados del entorno terrorista, quienes habían pasado datos a la cúpula en Francia sobre las rutinas del ministro del Interior, como por ejemplo su costumbre de acudir a determinado restaurante. No obstante, el homicidio del hoy también vicepresidente del Gobierno nunca llegó a prepararse.
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