Dice que es el 'abuelo porreta' del comic castellano y leonés. Compara los tiempos en los que «te atiborrabas a libros, papeles, mapas para tener documentación», con los de ahora: «un tablero y un par de ordenadores bastan. Todo lo demás está en Internet». Felipe López Salán (Valladolid, 1948) empezó muy joven y vivió la época dorada, la del nacimiento del cómic y la ilustración españoles. «'Mortadelo y Filemón', 'Vázquez', 'El Capitán Trueno'... luego 'El Papus'... la época dorada que luego se fue apagando... El cómic terminó con las tiras y, ahora, el manga va a acabar con el cómic». En breves 'flashes' repasa más de 40 años de un autor que, en realidad, apenas ha hecho tebeos. «Hay que ser quijote para meterse en este mundo porque casi no tiene salida. Hasta los mejores dibujantes de cómic en España se plantean dejarlo porque no encuentran posibilidades», sentencia.
Lo conoce bien pero le pilla un poco de lado. Instalado en su casa de Navarredonilla, con la vista de la sierra abulense como fuente de inspiración, Felipe ha dedicado el 90% de su creación a la ilustración destinada a la enseñanza y la literatura infantil. Sus 13 años en la editorial vallisoletana Miñón le granjearon el respeto de un sector que sigue contando con la calidad de este Premio Nacional del Libro de Enseñanza Mejor Ilustrado 1992. SM, Santillana o Anaya le tienen en su 'escudería', sin olvidar encargos de la Junta como las biografías de El Cid, Colón o Isabel la Católica para acompañar los textos de Ángel Domingo.
La tecnología ha evolucionado infinitamente pero él sigue fiel a sus rotuladores, acuarelas, ceras, acrílicos y, ahora, a todo lo digital. «El futuro está en no rechazar lo que viene. Hay que perseverar porque la técnica siempre la acabas aprendiendo», insiste a los jóvenes, aunque se reconoce «adicto al papel. Me encanta el olor y el tacto y, aunque se impongan las 'tabletas', yo lo sigo necesitando». Igual que le pasa a esos jóvenes a los que se dirige, no tiene nada claro en qué afectarán a estos artistas las descargas. Pero está seguro de que «está saliendo una generación de gente muy preparada, con la cabeza mejor amueblada para enfrentarse a estos retos y todos los que lleguen». Felipe López Salán, un «obrero del lápiz» mantendrá sus constantes: «espíritu crítico y al loro de lo que se está dibujando y las nuevas técnicas y tecnologías».
«Estoy dibujando el puñetero 'Lobezno'». Lo que para otros autores sería su sueño: trabajar en exclusiva para la gran editorial norteamericana Marvel, a Juan José RyP no le quita el suyo. Convertido ya en una de las referencias entre los autores españoles, este gaditano (Algeciras, 1971) también se ha afincado en un pueblo de Ávila (La Cotilla) desde hace unos meses. «Elegí un lugar pequeño, cerca de uno grande» (por Madrid). En realidad, no necesita salir de su refugio para abarcar el mundo entero. «Todo lo que cabe en una mochila me basta para trabajar y moverme». Como todos, su web, su blog, sus referencias en Internet, hablan por él.
Procedente, como muchos otros, de la cantera de los fanzines, Juan José desarrolló una sólida carrera como ilustrador en la editorial andaluza Multimedia, lo que le permitió dar el salto a plataformas como 'El Víbora', antes de que Avatar Press, otro grande del cómic USA, le abriera las puertas del único mercado. «No hay más sitio que Estados Unidos. Sí, está Francia, pequeño y exquisito, pero, fuera de América, lo demás es picotear por aquí y por allá sin más futuro», resume.
Con una gran pasión por el cómic erótico e historias con violencia, no esconde su relación de «amor y odio» con el género de los superhéroes, aunque «tengo que reconocer que rápidamente te encumbran». Sabe que «salvo un par de autores clave, todos los demás somos prescindibles». En este sentido, RyP se siente como los presentadores de televisión atados a la tiranía de las audiencias. «En este mundillo hay parámetros que hacen que estés siempre en la cuerda floja porque, si el personaje que te encargan empieza a fallar, cambia el gusto o el editor decide ir por otro lado, se acabó». Situado en la edad intermedida, cree que el consumidor de tebeos sigue siendo un fetichista y que el futuro del papel no peligra con las nuevas descargas o los llamados 'webcomic' porque «aunque se lo baje de Internet, el auténtico amante se lo acaba comprando». Augura tiempos crepusculares al cómic, género del que es consciente de que «está condenado a morir algún día». Hasta que ese día llegue, no oculta una frustración que espera ver satisfecha: «Me gustaría hacer una superheroína».
Desde su estudio en Villanubla 'vuela' hacia todos los rincones del planeta sobre las alas de esos cinco años largos que lleva colaborando con la prestigiosa Norma Editorial, con la serie 'Forgotten'. Cris Ortega (Valladolid, 1980), formada en la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid, maneja una versátil creatividad que ha dirigido sus pasos hacia todos los campos posibles: diseño gráfico, publicidad, juegos de mesa, puzzles, portadas, rol y 'merchandising' variado. Se queja de que en España «nunca ha habido cultura del cómic , ni como profesión ni como género adulto. Este término siempre nos lleva al público infantil y juvenil». La más joven de esta lista de profesionales, aunque ya con diez años de carrera, remacha las negras perspectivas del relato en dibujos: «Vivir en España del cómic es casi imposible».
Pero la era digital ha abierto posibilidades y clientelas ilimitadas a golpe de clic, incluso desde un pequeño pueblo de Valladolid. «Ya no es la editorial la que determina el éxito o no, sino la calidad y un trabajo propio. Gracias a Internet lo muestras al mundo, y yo tengo mucho mercado extranjero», confirma. Su serie 'Forgotten' se ha traducido a varios idiomas y su rastro puede seguirse en otras publicaciones del mercado internacional como 'Spectrum' o 'Exotique'.
Artista de inquietudes múltiples, estuvo a punto de mudarse a Barcelona, única 'pista de despegue' desde España al mercado foráneo. De hecho, quería ser «piloto o astrónoma». Altos vuelos que la llevaron a viajar con la más intangible de sus capacidades: la imaginación. «Nunca me lo planteé como una profesión. Pero empecé en fanzines como casi todos y, cuando me di cuenta, ya estaba publicando».
Ortega solo ve oportunidades en la repetición ilimitada y las descargas. «No necesariamente será un problema. Ahí lo ven miles de personas a la vez y en todo el mundo. Si no hubiera mostrado mis trabajos en Internet no habría llegado a donde estoy», asegura y echa la vista atrás para acordarse de las editoriales que la llamaron al ver su éxito. Ella tiene tal confianza en el futuro que augura que «la salida para el cómic está en la Red y los formatos web ('webcómic' porque la gente quiere abaratar costes y ahorrar espacios». ¿El papel? «Siempre estará ahí aunque se impondrá la 'impresión a pedido', pero siempre previo muestreo en Internet».
Muy atrás quedaron los tiempos en los que el vallisoletano Raúl Allén (1979) tenía que recorrer las agencias con su portfolio para dar a conocer su trabajo. Integrado en el plantel de Pencil Ilustradores se mueve ya con facilidad por los mercados de todo el mundo. Premios de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York, en Boston, Madrid o Barcelona, sus trabajos se pueden reconocer en infinidad de formatos, estilos y soportes: de la revista 'Rolling Stone', a 'Foreign Policy', 'Man', 'Cinemanía' o todo tipo de libros. En su 'web-blog', íntegramente en inglés, un aviso dice que está de tiempo sabático y no recoge nuevos encargos. «Por fín, hemos logrado quitar el estigma de que no se podía vivir de la ilustración», aunque reconoce que el cómic es otra historia, «mucho más complicado y más esclavo en España, aunque los creadores se acercan poco a poco como un género con posibilidades». Se perderá el Salón del Cómic y el Manga de Valladolid, que le pillará por Chicago dando una vuelta para ver que hacen «en el único mercado real que existe: el de Estados Unidos».
Para sus clientes del otro lado del Atlántico está haciendo portadas de tebeos y lo completa con un par de editoriales españolas. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, en su década larga de carrera profesional ha dejado de hacer kilómetros y visitas y deja que la Red le lleve por el mundo. «Cada vez más, los directores de arte de las editoriales hacen el 'corte' a través de Internet. Aunque siempre es bueno ir a las ferias y salones para dejarse conocer y ver lo que hacen los demás». Con descargas legales o ilegales, Internet «siempre multiplica exponencialmente el conocimiento de tu obra a pesar de los desalmados que buscan enriquecerse con trabajos ajenos». Pero, al igual que el resto de sus colegas, ve que no todo son ventajas y confía en que alguien regule algún día las bajadas ilegales. A él se le ocurren algunas ideas como «una biblioteca virtual de originales que abaratara costes, aumentara difusiones y evitara pirateos».
Allén es de los que cree que «aún tienen que cambiar muchas cosas para que los dibujos y propuestas digitales se impongan aunque, probablemente, el libro se convertirá algún día en un objeto de lujo». Y él será uno de sus fans.