Escritor y filósofo. Esas son las grandes actividades en las que ha quedado encuadrado Miguel de Unamuno y Jugo para la posteridad. Sin embargo, su gigantesca figura intelectual nunca deja de aportar nuevos matices. Entre ellos, que el rector cultivó durante toda su vida una marcada afición por el dibujo, que empleó como vía de escape y de entretenimiento hasta el mismo momento de su muerte. Hasta el 10 de abril, el Patio de Escuelas Menores de la Universidad de Salamanca, a pocos metros de la que fue su casa rectoral, acoge una exposición con una selección de 160 de los centenares de dibujos que se conservan en su legado.
La directora de la Casa Museo Unamuno, Ana Chaguaceda, explica que el pensador «tuvo una relación constante con el dibujo durante toda su vida», lo que ha supuesto que «en su archivo se conservan muchos dibujos, a los que habría que sumar los cientos que entregó a sus amigos».
Por eso, afirmó que la labor de selección de piezas para la muestra, realizada conjuntamente con el servicio de Actividades Culturales y el servicio de Archivos de la institución, ha sido «difícil, porque queríamos no recurrir únicamente al criterio de los dibujos con más calidad estética o artística, sino que reflejaran mejor cómo esta actividad tuvo una especial significación a lo largo de su vida».
Y es que la exposición muestra a un Unamuno que lo dibujó todo. Escenas costumbristas, estampas de la vida campesina en las dehesas charras, ranas, burros, perfiles de los monumentos salmantinos y decenas de retratos de amigos y de su familia.
En este apartado, se encuentra una de las imágenes más impactantes de la muestra, el retrato que Unamuno realizó de su hijo Raimundín poco antes de que el pequeño falleciera por una enfermedad incurable. «Los retratos de su familia están cargados de cariño y de ternura, especialmente los que dedica a su mujer, pero el dibujo de su hijo Raimundo adquiere una dimensión especial para el espectador», destaca la directora de la Casa Museo.
Y es que, uno de los grandes objetivos de la muestra ha sido poner en relación los dibujos con algunos momentos clave de su vida. «No hemos tenido mucha suerte al intentar datar muchas de las ilustraciones, pero sí al ponerlas en relación con textos que directamente aluden al momento en el que Unamuno estaba dibujando algunas de estas obras», explica Chaguaceda.