Sentimiento generalizado en la delegación de Castilla y León en la FIL: envidia. Envidia a ritmo de mariachis por los ríos de gente que a todas horas entran en la Feria. Por la gente que llena las convocatorias, incluso las más académicas como la que ofreció Margo Glantz sobre Sor Juana Inés de la Cruz en el curso sobre mujeres escritoras que une los nombres claves de las pioneras como la monja de Nueva España y Santa Teresa de Jesús. Por los niños y jóvenes que cuaderno en mano y cámara en ristre entrevistan a los autores y velan sus armas de tropa lectora.
Pensaba que si después del acto del martes que reunió a poetas y narradores de la Comunidad los asistentes no salían con ganas irresistibles de leer serían inmunes para siempre a la tentación. La invitación a la lectura de Gustavo Martín Garzo dinamitaba las barreras entre poesía y narrativa. «La palabra de la literatura es sobre todo palabra poética capaz de dar vida». Las suyas traían un mensaje de Octavio Paz que una vez dijo que «la poesía vuelve habitable el mundo».
La invitación de Juan Carlos Mestre infundía coraje para convertir la vida en un acto poético y un acto de resistencia social, de legítima defensa contra el abuso de poder de quienes están acabando con el verdadero sentido de las palabras. Y traía el eco de otro poeta, Antonio Gamoneda, que estaba sentado entre el público. «La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes».
La de Luciano G. Egido tenía el eco pesimista de quien no ve con claridad la suerte del futuro del arte en general y del arte literario en particular «porque todo está rebajado de intensidad para que la gente no piense». Y la de Eduardo Fraile confesaba un pecado de juventud, de cuando «fabricaba destellos por el procedimiento de frotar las palabras para que saltara la chispa de la luz pero el tiempo me ha enseñado procurar que las palabras se digan ellas solas a través de mí».
A medio camino de la Feria, algunos periodistas que andamos por la FIL empezamos a preguntarnos si estaremos siendo capaces de transmitir la importancia de lo que aquí sucede para la región. Nuestra labor no consistiría tanto -que también- en reseñar los múltiples actos que aquí se suceden, y de los que el lector para el que transmitimos tiene ya un conocimiento amplio, sino de hacer ver que aquí se han puesto unas bases que no deberían dejarse abandonadas una vez que se recojan los libros y se abandone el escenario.
Aquí están los ilustradores de la región quizá el único sector que faltaba en esta Feria, representados por el colectivo Pencil, prueba de que los profesionales llegan a ver la importancia de abrir puertas al exterior. También los bibliotecarios, una pieza clave en el sector, los libreros y todos cuantos de alguna manera participan en el universo lector.
Reflexiones aparte se habla de las ciudades para un público al que lugares como Ávila, Segovia o Zamora empiezan a sonarle. Ayer era el turno de Burgos y León y sus embajadores Oscar Esquivias y Ernesto Escapa. Quizá sea ésta una de las mejores campañas turísticas que haya emprendido la región en los últimos años. Pues lejos de un lema más o menos efectivo, aquí se habla con pasión de lo que un paisaje puede haber supuesto en la creación de una obra literaria.
También se pasa revista al momento editorial de la región y se habla de iniciativas tan interesantes como la que la Fundación Germán Sánchez Ruipérez ha puesto en marcha sobre hábitos de lectura por sectores de población y la evaluación de las posibilidades de implantación del 'e-book'. Luis González, en representación de la Fundación hablaba de que la institución que representa considera que «estamos a las puertas de una revolución que va a ser tan importante como la que supuso el cambio de los códices a la imprenta». Uno de sus proyectos tiene como protagonista la novela 'El manuscrito de piedra', de Luis García Jambrina, que está siendo analizado en formato papel y electrónico por grupos de lectores de diferentes edades con el fin de analizar cuál es la disposición de los potenciales usuarios de las nuevas tecnologías. Como decía Daniel Tejada, de Lex Nova, al final lo de menos será el soporte, aunque tenga que ser un tatuaje en la piel del lector, sino que siga llegando a su destino. Sea.