Ricardo Menéndez Salmón será mañana el protagonista del Aula de Cultura de EL NORTE DE CASTILLA con la conferencia 'Arte como mentira, arte como consolación', que se celebra en el Paraninfo de la Universidad, a las 20.00 horas. Nacido en Gijón en 1971, es director literario de KRK Ediciones, ha ejercido la crítica cultural en 'ABC', 'El Comercio' y 'La Nueva España', y en las revistas 'El Mercurio', 'Quimera' y 'Tiempo'. Autor de un singular libro de viajes, 'Asturias para Vera' (2010), ha publicado los relatos 'Los caballos azules' (2005) y 'Gritar' (2007), y las novelas 'La filosofía en invierno' (1997 y 2007), 'Panóptico' (2001), 'Los arrebatados' (2003) y 'La noche feroz' (2006), además de 'Trilogía del mal', entre 2007 y 2009.
'La luz es más antigua que el amor' recrea la vida de tres pintores de diferentes épocas y su relación con el enigma del cuadro 'Virgen barbuda', bajo la idea central del compromiso del artista frente al poder encarnado por la Iglesia, el Estado o el Mercado. La historia de estos pintores es recreada por un novelista llamado Bocanegra en tres momentos cruciales de su vida, el nacimiento de su vocación, la muerte de su esposa y su consagración en el año 2040 como gloria de la literatura universal.
La última novela de Ricardo Menéndez Salmón nació como un libro de ensayo sobre la figura del fallecido pintor estadounidense de origen letón Mark Rothko, el único real de la trama. A partir de ahí surgió este libro «luminoso que se oscureció en el proceso de redacción», según su autor, quien confiesa que fue feliz escribiéndolo. Es su falso yo, Bocanegra, el que narra la historia de los tres maestros que aparecen en la historia, el toscano Adriano de Robertis, el ruso Vsévo-lod Semiasin, ambos de ficción, y el mencionado Rothko.
-¿Cómo se le ocurrió un título tan sugerente?
-En realidad fue una sugerencia de Javier, que me ha invitado a este Aula de Cultura de EL NORTE DE CASTILLA. En mi última novela, 'La luz es más antigua que el amor', he reflexionado sobre este tema, debido a que la ficción arroja más luz sobre la realidad, en lo que se refiere al arte como mentira, pero no me siento vinculado exactamente a este término, sino que es una forma de expresión literaria.
-¿Y el arte como consolación?
-Es la teoría de la literatura de lo que escribo. La literatura siempre tiene esa forma de actualidad balsámica y terapéutica que sirve a los escritores, por lo menos en mi caso. Escribir para dar la vuelta a historias como cada uno las considera.
-¿Es cierto que escribe para usted y que la opinión de los demás no le interesa?
-Cuando escribo lo hago para mi. No me interesa la opinión del hipotético lector, porque escribo lo que a mi me gusta y como a mi me gusta. Escribo los libros que a mi me gustaría leer. Siempre habrá buena y mala literatura y yo escribo los libros según lo que creo que es interesante.
-Al contrario que a otros autores, la Red, las nuevas tecnologías, no le asustan.
-Yo creo que todo en su medida y a un nivel de conocimiento, no es malo. Debemos tener la prevención de quedarnos con todo lo bueno que nos ofrecen las nuevas tecnologías y descartar lo malo, que también hay. En Internet se cuelan muchas veces comentarios, rumores y bulos que pueden hacer daño. Con todo, digamos que no tengo miedo de asomarme a la Red, aunque no es mi herramienta fundamental de trabajo.
-¿La pintura le estimula para la creación literaria?
-La pintura es un arte que me interesa mucho. En mi última novela aparecen tres pintores, Rothko y otros dos ficticios. Trato de averiguar las luces y las sombras de la creación artística y la pintura tiene un gusto propio, tiene de cautivadora que es subjetiva y cada uno pude interpretar lo que sucede. Trato de desentrañar el arte de la pintura, aunque ahora con el arte abstracto parece que todo se complica.
-¿Sus lectores también deben hacer un esfuerzo por entender lo que escribe?
-Yo espero que mis lectores no realicen una lectura horizontal y se conformen con lo que leen y no piensen más. Me gustaría que lo que escribo evocara al pensamiento, obligara al lector a detenerse y sacar sus propias conclusiones, que sea una lectura vertical en la que cada uno se vea inmerso en el libro.
-¿El público ayuda a expresar sus sentimientos en las conferencias?
-Depende mucho del tipo de público que te encuentres. Cuando voy a este tipo de acto públicos, no sabes lo que vas a encontrarte y, por lo tanto, es como ir a ciegas.
-¿Tiene otro proyecto para un futuro cercano?
-De momento, no. Con 'La luz es más antigua que el amor' me he quedado exhausto. Estoy en una etapa de barbecho y ahora me toca descansar.