«Ha tenido muy buena aceptación y ha gustado mucho», afirma Steven Liébana, jefe de cocina del Bar Restaurante Quintaesencia, que se presentaba por primera vez a las Jornadas de la Brocheta, con la creación 'Asia-Palencia'. Calcula que ha servido alrededor de trescientas brochetas y considera que la experiencia ha sido positiva, no tanto en rentabilidad económica como en difusión, pero lo suficiente como para que esté dispuesto a volver a participar en una siguiente edición.
Muy diferente es la experiencia del Bar Restaurante Casa Andrade, que ya participó en el concurso el año pasado e, incluso, ganó el tercer premio: «Este año ha sido peor, con menos gente y menos ventas», declara el gerente del establecimiento, Javier Bartolomé, quien atribuye este descenso del negocio a la crisis. «Sí, el año pasado ya nos afectaba la situación económica, pero éste se ha notado más, en todos los sentidos, no solo en las jornadas».
Bartolomé rechaza que el precio de la brocheta sea caro (2,75 euros, incluida la bebida), y explica que «puede ser que en algunos establecimientos no estén equilibrados la calidad y el precio, pero otros perdemos dinero: en nuestro caso, ponemos tres chuletilla de lechazo», puntualiza, en referencia a la tapa que ha presentado, denominada 'Clara'.
El gerente de Casa Andrade se cuestiona si volvería a participar en una próxima edición. «Eso ya se vería...», apunta.
En sentido similar se han pronunciado otros hosteleros, que han preferido que no se cite su nombre.
Es cierto que ha habido otras experiencias positivas. Así, para el Hotel Castilla Vieja ha sido «un éxito», como lo califica uno de los veteranos camareros del establecimiento, Luis Ángel Soto Sahagún, quien explica que la brocheta, 'Mare Nostrum', ha gustado. De hecho, confía en que obtendrá algún premio. Reconoce que «no ha habido muchas ventas», en torno a trescientas, según indica, una cantidad similar a la de años anteriores.
La trufa de tres quesos con frutos rojos y pan con tomate «ha gustado mucho y es de las que mejor salida ha tenido». Así lo afirma el propietario de La Traserilla, Miguel Sánchez. Y , sin embargo, es también de los que más pone en cuestión la viabilidad de estas jornadas, particularmente como forma de promoción de la provincia. Sánchez se muestra decididamente partidario de innovar la oferta y la organización.