Vincenzo Nibali y Ezequiel Mosquera se disputan la gloria en la Vuelta Ciclista España. Con más de 3.000 kilómetros en sus piernas y tras tres semanas de competición, aún les queda por afrontar una última prueba, quizás la más difícil. A las puertas de Madrid, los corredores tendrán que subir el alto de la Cruz Verde, el del León y, en dos ocasiones, Navacerrada. Y encima la segunda de esas ascensiones a Navacerrada tendrá un condimento muy especial: los tres kilómetros de la subida a la Bola del Mundo, el último mito del ciclismo.
Desde que se dio a conocer el recorrido de esta edición de la Vuelta a España, todos los equipos y corredores subrayaron en rojo esta etapa. Para Mosquera será la última oportunidad de hacerse con el maillot rojo; otros gastarán su última bala para estar en el podio o lograr una victoria de etapa. La organización de la ronda y los medios de comunicación coincidieron en señalar que la Bola del Mundo servirá para decidir muchas cosas, pero, sobre todo, subrayaron que será una jornada que deparará un gran espectáculo y que a los corredores les tocará sufrir. Y mucho.
Un ex ciclista profesional, el segoviano Pablo de Pedro, se ha encargado de corroborarlo explicando sobre el terreno las claves de la subida a la Bola del Mundo. Para abrir boca, se atreve a vaticinar que «a partir del vigésimo clasificado, les van a tener que empujar para poder realizar la subida». De Pedro, que a lo largo de su carrera deportiva militó en cuatro equipos continentales y ahora colabora con la Federación Española de Ciclismo, dice haber subido la Bola del Mundo «10 ó 12 veces en toda mi vida». Conoce bien esos tres kilómetros con una pendiente media del 12,5% y rampas de hasta el 20%.
Cuando los ciclistas coronen esta cima, se encontrarán a una altura de 2.247 metros. Y pondrán fin, de esta forma, a una etapa que les habrá exigido el máximo, especialmente en sus tres últimos kilómetros. Al empezar el ascenso a la Bola del Mundo, los corredores arrastrarán el esfuerzo realizado en los dos puertos de primera categoría (Alto del León y Navacerrada) y el de tercera (Cruz Verde), que servirán de aperitivo a esta batalla final de la Vuelta a España.
Habrá quien reclame un ataque desde lejos para asestar un golpe a la Vuelta y abrir importantes diferencias, pero Pablo de Pedro no cree que eso vaya a suceder. «Los corredores van a estar pensado durante la etapa que al final todavía les quedan los tres kilómetros de la Bola del Mundo y creo que nadie va a atacar desde lejos. A lo mejor, Purito, viéndose fuera del podio, decide jugársela a todo o nada, pero la subida a la Bola del Mundo va a hacer que todos tomen muchas precauciones».
De Pedro considera que esas precauciones están justificadas. Lo explica: «La ascensión a la Bola del Mundo es de una dureza desproporcionada, es inhumana, una locura después de una última semana tan dura». Asegura que «es un recorrido que requiere unos desarrollos especiales, de bicicleta de montaña». Y concreta: «van a tener que llevar un desarrollo de un 27 ó 28 de piñón grande y un 38 ó 39 de plato pequeño». Rampas de hasta el 20% les obligarán a ello. La pendiente media de la Bola del Mundo es de 12,5% y su dureza se pone de manifiesto prácticamente desde el primer metro. Precisamente ese tramo inicial es el único que se encuentra asfaltado como si fuera una carretera. En el resto de la subida, los corredores transitarán por un camino de hormigón, que tiene no pocos baches. Durante estos días todavía estaba fresco el cemento que se ha echado para parchear muchos puntos del firme. Pablo de Pedro apunta, además, que «en algunas curvas hay tierra que puede ser muy peligrosa para los ciclistas».
Mientras se levanta del sillín para afrontar los primeros metros de la subida a la Bola del Mundo, De Pedro explica las claves del que será el último final en alto de la Vuelta a España. «Las primeras rampas ya tienen desniveles del 18% más o menos. Si consiguen ir a 14 o 15 kilómetros por hora, ya irán muy rápido», comenta. Cuando Pablo de Pedro encara la subida luce un sol radiante y la temperatura es agradable. Sin embargo, las previsiones dicen que la lluvia podría hacer hoy acto de presencia, lo que complicaría aún más la ascensión a los ciclistas. «Si tuvieran que subir con lluvia y empapados, la cosa se pondría muy fea», señala el ex ciclista, que destaca lo estrecho que es el camino. «Me imagino que solo subirán las motos», dice.
Curvas de herradura
La dureza de la subida no disminuye con el paso de los metros. Apenas hay descansos y a una larga recta con porcentajes que oscilan entre el 12 y el 19% le sigue otra durísima rampa. Es la tónica general de este final en alto de la Bola del Mundo. Pablo de Pedro dirige su mirada hacia el punto final de la subida, mientras explica que el camino toma tan pronto dirección a la zona de Madrid como lo hace a la de Segovia. Subraya también que «en el tramo final hay curvas de herradura con porcentajes muy altos. Una vez que se llega a la caseta que hay arriba, ya se encara el final hasta el repetidor de televisión, que es donde estará situada la meta».
El ex corredor insiste, ya bajado de la bicicleta, en que «esta subida no es para bicicleta de carretera», pero asegura que «el espectador presenciará un gran espectáculo». No han sido, por otra parte, pocas las voces que se han alzado para rechazar que se subiera la Bola del Mundo. No dentro del pelotón, sino entre grupos que luchan por proteger esa zona, que es parque natural. En algunos 'quitamiedos' del puerto de Navacerrada todavía se podían leer, pese a que habían sido borradas, pintadas en contra de la etapa en la Bola del Mundo. Una de ellas decía «Aguirre, no a la Vuelta en la Bola del Mundo». De hecho, la intención de los organizadores de la carrera de asfaltar la subida habría chocado con la protección de que goza este paraje. Así, los ciclistas tendrán que encarar esos tres kilómetros de ascensión por un terreno de hormigón que conserva un buen puñado de baches, a pesar de los trabajos que se han realizado para mejorar el firme.
A la hora de encontrar una ascensión que se parezca en su dureza a la Bola del Mundo, De Pedro señala tres: el Angliru, el tramo de La Huesera en los Lagos de Covadonga y la cronoescalada de Plan de Corones del Giro de Italia, que tiene porcentajes del 25% en su último kilómetro y transcurre por una carretera no asfaltada. El ex ciclista profesional segoviano apunta, además, que «la subida al Angliru también es muy estrecha, pero el asfalto está mejor, es que esto es una pista forestal». La Bola del Mundo busca convertirse en el último mito del ciclismo.