El riesgo de escisión amenaza a la Unión Cristianodemócrata de Alemania (CDU). Eso al menos se desprende del conato de rebelión protagonizado el pasado fin de semana por parte del ala más conservadora de la formación que dirige desde hace una década la canciller Angela Merkel. Al parecer, el grupo descontento desconfía de la forma como lidera el partido la jefa de Gobierno, a la que acusa de inclinarse hacia posiciones más progresistas.
La manera de abordar el 'caso Sarrazin' ha servido, también, para alimentar el malestar de la rama contestataria. Su cabeza visible, la diputada y presidenta de la influyente Unión de Expulsados de los territorios perdidos por Alemania en la II Guerra Mundial, Erika Steinbach, manifestó que la CDU se había equivocado al condenar el libro escrito por el ya ex consejero del Bundesbank en el que arremete contra los inmigrantes turcos y árabes «por abusar del sistema social germano».
Las tesis que defiende Sarrazin en su obra 'Alemania se desintegra' es apoyada por una mayoría de la población germana. Pero eso no es todo. Según una encuesta reciente, el 18% de los electores votarían por una formación política dirigida por el ex banquero. Steinbach criticó además a Merkel por aislar al ala conservadora y acercar peligrosamente al partido a ideas que defienden las formaciones de izquierda.
Las declaraciones de Steinbach, quien dirige una organización que representa a unos 12,5 millones de alemanes que huyeron de Silesia y Prusia Oriental, actualmente territorios polacos, y fueron expulsados de los Sudetes, han echado más leña al fuego del descontento de un amplio sector de la CDU y se observan como una bofetada a la canciller, quien se ha visto obligada a señalar que no tiene intención de cambiar de rumbo político.
Expediente de expulsión
El partido socialdemócrata alemán (SPD) abrió ayer un expediente de expulsión contra el ex consejero del Bundesbank, Thilo Sarrazin, por las ideas «xenófobas» que recoge en su libro 'Alemania se desintegra'. La decisión tuvo lugar tras una reunión de la dirección del partido y gozó de un respaldo «casi unánime», según informó la secretaria general, Andrea Nahles.