¡Otro récord conseguido! A los vallisoletanos ya no se les resiste nada ni nadie. Primero, el récord de las banderas y ahora, el de los abrazos. La playa de Las Moreras vivió uno de los atardeceres más cariñosos. No es para menos. 5.023 personas se reunieron en la playa para fundirse en un abrazo con la parienta, el amigo o el novio, 105 personas más que en el récord de abrazos de los tailandeses.
Pero ayer Valladolid consiguió un título por partida doble. Uno, el del récord Guinness de abrazos y el otro, el de (¡por fin!) quitarse la etiqueta de que los vallisoletanos son fríos y secos. Que parecía que estaba pegada con superglú. Pero no, ya no es así. Oficialmente los pucelanos son los más cariñosos.
A las siete de la tarde comenzaron las inscripciones, pero la gente no estaba (aún) por la labor de batir ningún récord. Peñistas y no peñistas se encontraban tirados por las sombras, botella en mano. Fríos ya no son, pero vagos un rato. Les costaba cambiar el sombrío césped por la arena de la playa fluvial.
Pocos inscritos
Todos animaban a que se apuntaran. El del megáfono no sé cómo acabó, pero doy fe de que se dejó la vida en animar a la gente a que se apuntara. La peña 'Mayores en marcha' incitaba y marcaba el camino hacia las inscripciones con banderines del anterior récord. Aunque la gente se iba apuntando, no era suficiente. La parte de la playa precintada para abrazarse estaba aún falta de cariño.
Gente para batir el récord había de sobra. El problema es que los jóvenes se encontraban en los campos de fútbol y en el césped haciendo botellón, los curiosos sentados en los bancos y los padres con los niños en los hinchables... Claro, así, pues no se bate ni un récord ni nada.
Peñistas, jóvenes, matrimonios y mayores iban pasando poco a poco para la zona de abrazos. El récord Guinness se tuvo que retrasar 30 minutos sobre la hora prevista para intentar batirlo. A última hora, a los más rezagados les entró ganas de fundirse en un abrazo.
Llegó la hora de la verdad. Cada oveja cogió a su pareja y se fusionaron, durante un minuto, en un tierno abrazo, en algunos casos, o en más salvaje, en otros, pero al fin y al cabo un abrazo. Y «¡conseguido!», exclamó el Presidente de la Coordinadora de Peñas, José Antonio Bermejo, ya que el visto bueno lo dio un notario porque no estaba la juez del Guinness.
El día de las peñas
Este récord culminó toda una jornada dedicada a las peñas. Era su día. Lo festejaron con una comida peñera a las tres de la tarde con 300 raciones de paella, 500 de costillas con patatas y por si alguien se quedaba con hambre también tenían panceta, lomo adobado y salchichas. Vamos, que de comida estaban bien surtidos. Aunque el intenso calor hizo que los peñistas cogieran sus platos y se fueran a la sombra. A parte de comida, se divirtieron como niños en el gladiador hinchable, el toro mecánico y el futbolín humano.
Gracias a este récord ya nadie podrá decir que los vallisoletanos son fríos y secos porque a abrazos no les gana nadie.