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¡Pero cómo mola ser de Pucela!

FIESTAS DE VALLADOLID | CONCIERTOS

¡Pero cómo mola ser de Pucela!

Valladolid arropa a Celtas Cortos en su regreso, quince años después, a la Plaza Mayor

10.09.10 - 01:10 -
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¡Pero cómo mola ser de Pucela!
Vale que la música es universal, que ni entiende de idiomas ni separa razas, que ni sopla banderas ni se detiene en fronteras. Que sí, que sí. Que vale. Pero que digo yo que la música también es como la tortilla de patata, que la que mejor sabe siempre es la de casa. Y a Cifu y compañía la tortilla les sale de puta madre (con perdón). Así que ayer sirvieron pinchitos ricos para toda la ciudad, para una Plaza Mayor que (hoy sí que vale el tópico) se quedó pequeña para asistir al regreso de los hijos pródigos, para abrazar a los Celtas Cortos en su vuelta -quince añazos después- al escenario noble de la capital. Teníamos mono. Unas ganas locas de echarle una caladita al celta. Pues ale, ya está. Ya era hora. Por fin.
Los Celtas Cortos demostraron ayer ante miles de personas que ya son patrimonio de Valladolid. Y como el texto que circula por el facebook es mío (soy de Pucela, agrégame), pues me lo voy a fusilar para recordar que los Celtas son tan de Pucela como el Pisuerga y la Esgueva, como la facultad de Medicina más antigua de España y como los pavos reales del Campo Grande. Tan de Pucela como Delibes, como Concha Velasco y como Felipe II. Tan de Pucela como la Seminci, como San Pedro Regalado, como el túnel de las Delicias y los bailes en la pérgola. Tan de Pucela como la Fasa y como EL NORTE DE CASTILLA (que no deja de ser el diario decano de la prensa española). Tan de Pucela como la Semana Santa, el morado futbolero y el Tragaldabas. Tan de Pucela como (en su mayoría) ese público que ayer convirtió el regreso de los Celtas Cortos en el concierto más multitudinario celebrado en los últimos años en la Plaza Mayor. Así que (y lo dice uno de Tudela), cómo mola ser de Pucela y gritarlo en una actuación de los Celtas Cortos.
Que Cifu, Óscar, Goyo y Alberto. Que Diego, José, Jorge y Antón tenían ganas de subirse otra vez a estas tablas quedó demostrado desde el primer momento, cuando comenzaron a sonar los acordes del instrumental 'Breizh positive' con el que abrieron la velada. Pero que la ciudad también estaba ansiosa de escucharles de nuevo quedó bien a las claras cuando, de segundas, se arrancaron con el 'Bueno ya está bien', que llenó de aires celtas, de dejes folclóricos, de letras reivindicativas (algunos dicen que comprometidas) y resacas de marineros borrachos el corazón de la capital. «Es un momento tremendamente emocionante estar aquí, jugar en casa y sentir el calor y el candor de nuestros conciudadanos. Muchas gracias por venir», clamó Cifuentes, antes de entonar 'En estos días inciertos'. El recital continuó con 'Gente distinta' y con 'Tranquilo majete', una canción de hace 17 años pero cuya letra parece escrita antesdeayer: «Si en España el aumento del paro, ya va por el tercer millón, y si el campo se va a la mierda, y el poder huele a corrupción. Tranquilo, no te pongas nervioso, tranquilo majete en tu sillón». Hay cosas que no cambian. Y ahí están los Celtas para denunciarlas y nosotros para cantarlas. Claro, que tampoco estábamos solos. Con Tostones gritamos 'Trágame tierra', con la batukada Armando Ruido (dulzainas incluidas) reclamamos 'Cuéntame un cuento', con los amigos gaiteros de Divertimento Folk y Triquel cantamos 'El mejor' , con los saxofones y trompetas de la banda de Coca le tendimos la mano al 'Emigrante' y con los mejores vinateros de la provincia le declaramos nuestro 'Amor al vino'. El calendario nos recordó a mitad del concierto que volvía a ser, como siempre, 20 de abril del 90, y los mecheros dieron a luz antes de encarrillar la fiesta final para iluminar 'La senda del tiempo', una canción rotunda, hermosa, tan nostálgica como espléndida (dicen que hasta al Conde Ansúrez se le escapó una lagrimita) que está pidiendo a gritos convertirse en el himno oficial de Valladolid, de una Pucela que celebró ayer, 15 años después, el regreso de unos de los suyos (quizá los mejores) a la Plaza Mayor. Ya era hora, coño.
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