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Subiendo cuestas

08.09.10 - 00:48 -
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¡La cantidad de veces que habrán subido y bajado los vecinos de Espinosa de Cerrato las cuestas de su pueblo! Es lo que tiene la zona del Cerrato y lo que mantiene en tan buena forma a sus habitantes. Uno de ellos es Carlos Álvaro, de 56 años -los cumplió ayer mismo-, quien reconoce que habrá subido y bajado miles de veces las cuestas de Espinosa. «Cuando éramos niños, como pasábamos la infancia en la calle, siempre jugábamos y corríamos cuesta arriba y cuesta abajo», recuerda Carlos, quien apostilla que la peor parte de esas tardes de juego se la llevaban sus piernas. «Los golpes que sufríamos tras una caída en bicicleta eran lo peor, ya que si en una zona llana duele, imagínate en una cuesta», agrega.
Lo primero que me llamó la atención al llegar al pueblo fueron sus cuestas, y también lo que más me preocupó, por la cantidad de veces -y lo reconozco- que se me caló el coche. Son las consecuencias que tiene viajar por primera vez a un pueblo que no conoces y no controlar mucho el coche que llevas. Carlos viene también en coche, pero él ya lo tiene controlado y se maneja a la perfección por las calles de Espinosa. «Las personas mayores son quizá las que más sienten las cuestas, aunque eso también las mantiene en forma», señala. ¡No hay nada mejor que ver siempre el lado positivo de las cosas!
Con 9 años, Carlos se fue a estudiar con los frailes, algo muy típico antaño en los pueblos de nuestra provincia. «Apenas pasé mi infancia en el pueblo, porque a los 9 años me marché, al igual que otros niños. La diferencia es que yo al año me volví al pueblo porque vi que aquello no me gustaba», indica. Tras cinco años estudiando en Palencia, Carlos se trasladó al País Vasco para trabajar. «Antes la moda era marcharse a estudiar a o al País Vasco y yo me decidí por este último, donde estuve trabajando hasta los 27 años», cuenta. Después de esta experiencia, volvió al pueblo para quedarse definitivamente.
Desde que Carlos era un niño, siempre vio a su padre trabajar como agricultor en el campo, adonde le acompañaba en verano, cuando las vacaciones escolares le permitían regresar a Espinosa. «A los 27 años, y después de tantos años en el País Vasco, volví al pueblo para hacerme cargo de las tierras de mi padre porque falleció», relata Carlos, quien recuerda cómo el día del entierro su familia le preguntaba una y otra vez qué iba a hacer con las tierras de su padre. Él no lo dudó, y como su deseo siempre fue volver al pueblo, decidió dejar su trabajo y convertirse en agricultor.
Complicado, pero grato
«Al principio me costó un poco, pero como yo siempre quise regresar a Espinosa, vi en el campo una oportunidad para hacerlo. Además, sabía que mi familia me lo iba a agradecer», reconoce. Por fortuna, había visto a su padre trabajar las tierras y además el trabajo de entonces en el campo no era muy complicado, aunque sí bastante duro y sacrificado. «Como antes los medios eran más rudimentarios, costaba poco aprender a manejarlos, aunque ahora reconozco que este sector sí es más complicado», sostiene satisfecho con su decisión de haber heredado la profesión de su padre. «Nunca me he arrepentido de quedarme con el trabajo de mi padre, y aunque a veces la situación era complicada, teníamos que aguantar y tirar para adelante porque no nos quedaba otra», asegura Carlos, quien reconoce que los agricultores con tierras de secano continúan afrontando dificultades por su dependencia continua de la meteorología.
Carlos no se ha casado. «No me ha llegado el momento, y además aquí en el Cerrato hay mucho soltero», me cuenta entre risas. Sin embargo, no le falta compañía, ya que cada día se reúne con otros vecinos en el teleclub del pueblo para tomarse su café, una costumbre que no perdona. «Disfruto en mi pueblo y no me pienso mover de aquí porque estoy muy bien, aunque sí me da pena ver tantas casas vacías», lamenta.
Su vida ha sido como una de esas cuestas de Espinosa: le ha costado llegar hasta donde está hoy en día porque el camino no ha estado exento de dificultades, que ha sabido superar, pero, por fortuna, ha llegado ya a la cumbre y su vida es plenamente feliz. Carlos, felicidades por la vida que llevas, por el pueblo que tienes y porque ayer cumpliste 56 años.
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Carlos Álvaro, a las puertas del Ayuntamiento de Espinosa de Cerrato. :: LEONOR RAMOS

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