Jo, tía, qué fuerte, tía, los Melocos (tía) en la Plaza Mayor... Tía. Anoche, Valladolid vivió el retorno de las carpeteras. O su versión 2.0. Porque las niñas de ahora ya no ponen la imagen de sus ídolos en el carpesán (seguro que ni siquiera usan ya esta palabra, carpesán, que suena a antiguo), sino que suben la foto al tuenti y etiquetan a todas las amigas para que vean (buah, tía) lo bueno que está Jaime el de los Melocos, o sea, grupo que ayer cerró el carrusel de actuaciones vivido desde primera hora de la noche en la Plaza Mayor. Eran Melocos el plato fuerte y sus incondicionales no fallaron. Ayudó, claro, que las clases no empiezan hasta el día 9, con lo que no había que preparar la mochila para ir prontito al insti (o al cole) después de beber la leche con colacao. Anoche, no había tazón calentito sino botella de calimocho (recalentado, eso sí) y ganas de cantar y de gritar. ¡Qué subidón, tía!
Arrancaron los Melocos la actuación con 'Chicas de colegio' (versión de una canción del grupo Mamá, año 1980) que no deja de tener su retranca cuando dice eso de «La carpeta en el pecho / protegiendo su pudor / fotos de sus ídolos» (uo o o). Vamos, como queriendo decir. Luego vendrían otros 'hits' carpeteros como 'Marta tiene un marcapasos' (Hombres G), 'Cuando brille el sol' (La Guardia), 'Adiós papá' (Los Ronaldos) y 'Es por ti' (Cómplices), una canción esta última del año 1990 y que el cantante dedica «a todos los papis y mamis que están aquí».
Definitivamente, nos hemos hecho viejos.
Pero (rewind) volvamos al principio del concierto, cuando Jaime (qué mono, qué cuqui, qué flequillo tan pucelano -y eso que es de Cádiz-, ¡ahhhh!) está cantando 'Chicas de colegio' con su pantalón blanco, sus aires al primer Miguel Bosé, sus muñecas enmoquetadas de pulseras, su camiseta con coderas y esa americana (perdón, blazier) que apenas le dura un par de canciones. Jaime (está que te mueres, tía) levanta el pulgar, guiña los ojos, lanza besitos que recogen las chavalas de las primeras filas, que estiran los brazos, que se ponen la mano en la boca para gritar con más eco eso de guapooooo y tiran ositos de peluche y chupetes a su ídolo (nota a pie de párrafo, recordemos que a Melendi le tiraban sujetadores).
Ejem. Bien. Vale. Sigamos. Que Melocos se lo curró (y que gustó a la chavalada) está fuera de toda duda. Tremenda sudada se pegaron los músicos y su público, que no dejaron de cantar 'Tus pájaros', 'Eva', 'La chica ideal', 'Somos' o 'Cada golpe', que tunearon con el 'Waka waka' y el 'Villa maravilla' para recordar (también qué fuerte tía), que somos campeones del mundo de fútbol. En fin, concierto a 45 revoluciones (así se se titula su último disco) y con mucho adolescente, lo cual no es demérito, ni mucho menos, para un grupo que quiere triunfar (y triunfa) en esto de la música, '¿saes?'.
Y por si fuera poco...
Pero antes sonaron otras voces en la Plaza Mayor. Como las de Chloe, el grupo local que abrió la jornada y que ha ganado presencia escénica desde la última vez que los vimos en este escenario noble de la capital (en el Valladolid Latino no estuve). Después llegaría Georgina, una venezolana que cantó solo cuatro canciones -ella a la guitarra, y sus colegas Pablo y Javi a teclados y batería) pero que se comió con patatas (¿ingredientes? voz que a veces parece pícara, a veces ingenua) a muchos de los que luego pisaron el escenario y que se arroparon -dicen que el formato del concierto obliga a eso- con la música pregrabada. Vale que no toquen en directo, pero, coño, al menos que lancen la grabación cuando los músicos ya estén listos, porque lo de escuchar la batería cuando el tío que acompaña a María Villalón (el público coreó mucho su afinadísimo 'Llueve') ni siquiera ha subido al escenario, como que choca un poco. También actuó el grupo Taxi (tres canciones) en una noche donde, tía, qué fuerte, te lo juro, triunfaron los Melocos. O sea.