Se dice rápido: 35.000 banderas. Casi nada. Fue el número de vallisoletanos que ondearon ayer la bandera española en la Acera de Recoletos para que su ciudad entrara, otra vez, en el libro Guinness de los récords. Lo consiguió. El título se lo arrebataron a la capital de Egipto, que lo consiguió el pasado marzo con 4.550 banderas. Mérito que quitó a los belgas, y que ahora con orgullo lo ostenta Valladolid.
Aunque la tarea costó sudores. No por congregar a la gente, que fue de lo más fácil, sino por el bochorno de calor que hacía. Parecía que los egipcios habían invocado al mismísimo Ra (dios del Sol) para no quitarles su récord. Pero los vallisoletanos, que están hechos de una pasta especial, aguantan frío, calor y lo que les echen.
Familias, mayores, jóvenes y niños se concentraron allí nada más terminar de comer. Pero hasta las siete de la tarde no se empezó animar la gente gracias a una ligera brisa que se levantó. Allí estaban todos. Forofos de los récords, aficionados de La Roja, fiesteros y curiosos que se apuntaron a última hora. No faltaba nadie. Manolo el del bombo para animar el cotarro, los chicos de Fama (Generación Dance) y hasta el pulpo Paul para repartir suerte. Mientras, se repetía una y otra vez el Viva España de Manolo Escobar, el waka waka de Shakira y, como no, el himno nacional. Antes de las ocho, los banderines se empezaron a repartir a los inscritos. Tenía que salir perfecto. Al son 'de derecha a izquierda' ensayaban una y otra vez cómo ondear la rojigualda.
Récord solidario
El récord tenía un trasfondo solidario. Se recogieron unos 150 kilos de pasta, arroz y legumbres, además de que por cada participante los patrocinadores donaban 5 céntimos para ayudar a Haití.
Después de tantos ensayos, llegó la hora. Todos izaron su bandera. Y de derecha a izquierda la ondearon durante cinco minutos al son de ¡A por ellos! y del himno nacional. Recoletos se volvió de los colores de la Selección. Pero el intento fue fallido. Nadie se percató de la ausencia de la jueza, por lo que la prueba no era válida. Se necesitó una segunda vez para que la señora Guinness gritara: «¡Conseguido!».
Pues eso, que Valladolid ya es una ciudad de bandera.