La resaca es de cobardes. Sí, de cobardes. ¿Que la
noche anterior se ha hecho larga? ¡Y que es una raya más para un tigre! Es verdad que agradecemos que nos dejaran disfrutar de un vermú cómodo, pero echamos de menos el jaleo del viernes por la noche. «Sorprendente», subrayaba ayer el presidente de los hosteleros, José Ramón García, tras el multitudinario estreno. Un éxito. La
Feria de Día se levantó el sábado con algo de clavo. Después la marea viva de la apertura, las oleadas matutinas a pie de barra fueron más llevables. Lo certificaban la entrañable extremeña Tirma Barrantes y su marido Manolo Cid. «Se está muy bien, no hay excesiva gente y el ambiente es excelente», resumían. Residentes en Badajoz -ella periodista, él psicólogo- han elegido la capital del Pisuerga para pasar un fin de semana sin niña gracias a esas abuelas maravillosas que permiten a las parejas recuperar la intimidad. ¡Benditas sean! Acompañada de sus amigas fortuitas, María Rosa Gavilán y Almudena Guerra, la pareja disfrutó de unos de los principales atractivos de las fiestas de Valladolid. De todo y para todos los gustos en un aperitivo de categoría. Que uno quiere algo oriental, pues en el Nippon (Cardenal Cos) puede degustar un arroz Thai con sopa de mandarina y coco que te pone las pilas. Que otro está a falta de picante, unos 'chochitos' al limón (mejillones en tempura) en el Fierabrás (plaza de la Universidad). Para los que estén completamente despendolados, las patatas cachondas del Santuario ('a la importancia', con una salsa secreta y muy alegre). Para cuando el hambre aprieta a saco, la salchicha de medio metro del Ángela (plaza San Miguel) o su palomita de ensalada de patata, que, si uno quiere dárselas de internacional, se puede pedir en alemán: «Póngame una kartofesalat, maaajo». En el paraíso de la gula tampoco faltan los clásicos. Entre ellos, el marmitako a la donostiarra que preparan El Curi y sus chicos en La Flor que me encontré (San Miguel) o esa minihamburguesa, siempre socorrida, del Europa Delicias (Sandoval). «Está buenísima», garantiza Juanjo.
Mientras el común de los mortales iniciaba el almuerzo casetero tirando de cartera, en la barra del Gabino, situada en la calle Sandoval, la comitiva oficial, presidida por el alcalde, inauguraba el pantano. Gorro de paja, mandilón y a darle a las patatas revolconas. Al acto no faltó Charo López, directora de Marketing de EL NORTE DE CASTILLA, que patrocina esta feria, ni Manuel Sánchez, concejal de Planificación e Infraestructuras, quien ayer demostró que tiene cuerpo de jota para doblar a más de un joven. El ritmo lo puso la charanga El Vurladero (sí, sí con uve) y la satisfacción, el regidor. «En 16 años nunca había visto una apertura de ferias tan sensacional», aseguraba León de la Riva. La tranquilidad matutina fue un espejismo. Por la tarde este gran bar callejero cogió tono de nuevo. Recuerde, la resaca es de cobardes y hoy le esperamos en el vermú.