Corría marzo del 2007 y ante las inminentes elecciones municipales el señor Garrido, actual alcalde de Vallelado, contactó conmigo con la intención de que formase parte de su cartel electoral, a pesar de que hasta entonces no me hablaba, por rencillas antiguas que yo ya tenía olvidadas. Tras varios intentos, finalmente consiguió convencerme porque me vendió la idea de que iba a hacer cosas por el pueblo y a mí me apetecía formar parte de ese proyecto.
Los dos primeros años de legislatura fueron cordiales con toda la Corporación municipal, fui nombrado segundo teniente de alcalde y participé activamente en todo lo que pude: gestión municipal del arreglo de la carretera, trámites para la realización de los pasos de cebra, colocación de bancos públicos, arreglo de caminos, supervisión de operarios municipales, sellado de escombrera, bacheado de calles, gestión del agua, deslinde de montes, trabajos diversos con mi tractor, y numerosas llamadas desde mi teléfono para gestiones municipales pagadas de mi bolsillo y un largo etcétera de tareas que un pueblo precisa a diario. Y todo ello sintiéndome satisfecho de cada cosa que hacía porque era por mi pueblo, y sin imputar ningún gasto económico al municipio, como cualquiera de ustedes podría comprobar en el Ayuntamiento.
La relación con el alcalde se va deteriorando poco a poco al ir comprobando que las promesas electorales no sólo no se iban cumpliendo, sino que tampoco había una intención por cumplirlas, y lo que es aún peor, descubría que el pueblo tenía unas necesidades importantes que no estaban en la prioridad del alcalde: arreglo de calles y caminos, mejora red de abastecimiento, limpieza de canalizaciones del arroyo, derribo de casas en ruina, etcétera. El punto de inflexión lo marca el verano del 2009, año que por circunstancias especiales tengo que hacerme cargo de la Alcaldía durante 15 días del mes de julio. Durante estos días prioricé la limpieza de calles y también la de aceras totalmente tapadas de hierba, y propuse varias tareas a los operarios municipales recientemente contratados. Y cual fue mi sorpresa cuando a la vuelta de sus vacaciones el alcalde no sólo me ninguneó, sino que también despreció mi trabajo alegando que no había limpiado las alcantarillas de la calle donde él vive, esta era su prioridad.
A partir de ese verano mi relación con el alcalde cayó en picado y tuvo su punto final cuando éste me cesó como teniente de alcalde tras no apoyarle en la moción presentada por el grupo independiente para eliminar los encierros por el campo. En la votación de esta moción mi voto fue abstención alegando que deseaba una consulta popular. Lejos de molestarme este cese, me sentí liberado de una responsabilidad que no estaba bajo mi control, sino bajo los designios arbitrarios y caprichosos del alcalde. A los pocos meses la situación era cada vez más insostenible y decidí, junto al concejal Luis Angel Aranda, abandonar el grupo de gobierno, y pasar al grupo mixto de concejales no adscritos.
La gota que colmó el vaso y precipitó mi dimisión es el tema de las facturas telefónicas y de los gastos de kilometraje, tema sobradamente conocido. Primero decir que las facturas telefónicas estuvieron varios meses en mi poder, y en repetidas ocasiones le pedí al alcalde que solucionase el asunto, para no tener problemas; sin embargo éste me daba largas indicándome que lo tenía que mirar. Mi complicidad con este asunto me intranquilizaba y decidí contárselo al resto de la Corporación para intentar entre todos presionar al alcalde para que solucionase el tema. Finalmente y ante la pasividad del alcalde el tema salió a la luz, con gran repercusión, pero lejos de provocar la dimisión de éste asumiendo su responsabilidad política, lo que hace es presentar gastos de kilometraje exagerados, y lo más importante injustificados y que insultan el sentido común de las personas. De hecho seguimos esperando que el alcalde nos cuente los beneficios de tanto kilómetro recorrido para el pueblo, y por qué se han perdido subvenciones importantes como la del arreglo de caminos, o por qué se ha tenido que arreglar el frontis del frontón nuevo para derribarlo completamente a los pocos días.
Me gustaría romper una lanza a favor del señor Garrido y de su promoción de la pelota a nivel internacional, y que el pueblo de Vallelado sea conocido mundialmente por esta gran promoción, pero aún con todo el mérito que esto tiene, desde mi punto de vista queda totalmente emborronado por su indebido uso de los caudales públicos cometiendo despilfarros y tropelías que no deben ser ejemplo del primer edil municipal. Y que yo lamento profundamente que el pueblo de Vallelado haya ocupado las principales portadas nacionales por un deleznable hecho cuyo único culpable ha sido el alcalde.
Y cuya última consecuencia ha sido mi dimisión, ya que en el último Pleno celebrado le pregunté, «¿Alcalde, dimites como tal?», a lo cual él contestó que «ya vería lo que hacia», por lo que pasé a rogarle que dimitiera, porque «el pueblo de Vallelado no se merece tener un alcalde malversador de fondos como tú», a lo que contestó lo mismo que en la pregunta anterior. Entonces fue cuando presenté mi dimisión.