Capaz de hacer lo peor y lo mejor en una misma corrida, Manolo Sánchez, que entró ayer por la puerta de atrás en el cartel, debido a una lesión de El Cordobés, logró demostrar a la afición palentina que aún atesora un toreo hermoso, profundo, cargado de clasicismo, aunque solo ante uno de sus dos astados. Poco toreado en los últimos años, el vallisoletano adolece sin embargo de esta continuidad que permite salir airoso de los trances que en ocasiones deparan los toros.
No estuvo nada bien Manolo Sánchez ante el primero, un toro noble, pero que se rajó desde el primer momento. La lidia ejecutada por sus subalternos fue un auténtico desastre que él no supo parar, lo que se repitió también en el segundo, y la imposibilidad de sacar un solo pase al primero de la tarde le hizo perder los nervios ante una afición que no estaba completamente satisfecha de su presencia en el cartel. Falló estrepitosamente con la espada y llegaron los pitos y abucheos.
Sin embargo, Manolo Sánchez logró sobreponerse y parece que fuera otro el que se enfrentó a su segundo enemigo. Seguro de sí mismo y de las condiciones del toro, brindó al público y cumplió con creces. Templó la muleta y fue conduciendo muy despacio al de Antonio Bañuelos, que se dejaba hacer. Caló en los tendidos y cortó una oreja.
Pero quien verdaderamente se llevó ayer los aficionados a su bolsillo fue el granadino David Fandila 'El Fandi', que fue además quien mejor disposición mostró durante toda la tarde. Intentó torear a sus dos enemigos con el capote y los cuidó en el tercio de varas para que llegasen enteros a las banderillas, su punto fuerte, con el que consiguió el delirio y la entrega total del público, especialmente en el último de la tarde. Plagado de facultades físicas, el granadino mostró en el sexto lo mejor y más variado de su toreo, poco ortodoxo para los aficionados más puristas, pero muy aplaudido por el público palentino, que tiene en El Fandi a uno de sus grandes ídolos. Con una oreja del primero en la mano, acariciaba ya la Puerta Grande, pero el descalabro con la espada, que atravesó el costado del toro, llenó de firmeza a la presidencia en la negativa del segundo apéndice, a pesar de que los tendidos se llenaban de pañuelos blancos y reclamaban con fuerza la oreja, que no llegó. Gran bronca para el presidente.
Francisco Rivera Ordóñez, que luce ahora el nombre de Paquirri, heredado de su padre, no llegó ayer a Palencia en sus mejores condiciones. Se quejó a lo largo de todo el festejo del muslo derecho y en su caminar evidenciaba una cojera. Aun con todo, conociendo la pasión que le tienen los palentinos, hizo el esfuerzo de tomar las banderillas y ejecutó un hermoso tercio, que hizo las delicias del público. Se esforzó con el rajado segundo y los continuos guiños a los aficionados y las miradas al tendido le consiguieron una oreja, a pesar de que la estocada no fue todo lo ortodoxa que debiera y hábilmente la tapó arrojando la muleta sobre el lomo del toro. En el quinto, un toro mucho mejor que el segundo, Paquirri hizo una larga faena, con la que también se ganó al público, aunque lo desaprovechó con la espada.