Hay algo mucho más esclavizante y encasillador que ser la novia de América: ser considerada la esposa abandonada del novio de América. Jennifer Aniston lleva años desempeñando ese papel con dignidad y un considerable sentido del humor.
Desde que Brad Pitt le pidiera el divorcio para irse con Angelina Jolie (podrán darle una y mil vueltas, pero la verdad es que así fue), Aniston ha soportado con estoicismo todo tipo de comentarios, desde su falta de vocación para la maternidad (causa principal de la ruptura, según muchos) hasta su presunto gafe con los chicos. El hecho de que no haya vuelto a tener una relación larga y estable no solo contribuye a subrayar su papel de eterna divorciada en busca del hombre perfecto sino también su predisposición natural a encajar una ruptura sentimental tras otra.
Con la lista de romances frustrados de Aniston podría elaborarse un serial televisivo con más capítulos que 'Friends'. Pero justo ahora que Jen, como la llaman sus 'friends', parecía a punto de cumplir, a sus 41 años, el sueño de su vida: «Encontrar un gran hombre y formar con él una familia» (que ya son ganas de soñar en balde)...
Ahora que la prensa apuntaba a que había encontrado la felicidad al lado de un rico banquero (el tipo de millonario al que no haría ascos ninguna actriz que se las dé de moderna y liberada, empezando por Salma Hayek)... Bueno, pues justo ahora, van los amigos de Aniston y difunden la especie de que la estrella podría estar aficionándose demasiado al alcohol.
El rumor acaba de saltar a los medios de comunicación, pero se basa en un hecho ocurrido hace diez días, cuando Jennifer decidió celebrar el estreno de su nueva película ('Un pequeño cambio', título premonitorio si se confirma su nueva afición) en un conocido restaurante neoyorquino.
Cuentan, y no acaban, que la actriz pidió de entrada dos vodkas y una ronda de champán y que lo trasegó todo en cosa de una media hora. El que más tarde eligiera en el menú el plato denominado 'Pollo con salsa de setas al jerez' no hace sino apuntalar la leyenda.
Lo sorprendente es que Aniston pasa, según ella, por una de las mejores etapas de su vida y hasta podría estar planteándose tener un bebé. Además, si no se dio a la bebida durante el largo y lacrimoso duelo que sufrió después de su divorcio con Brad Pitt (en aquel momento todos lo habrían entendido), ¿para qué iba a adquirir ese pernicioso vicio, precisamente ahora que parece por fin feliz y estable? Solo se me ocurre una explicación. Que beba para celebrarlo. La actriz declaró hace poco que «a partir de los cuarenta, la vida deja de ser una lucha». Tal vez le faltó añadir: «Para convertirse en una fiesta».