Los vecinos de Juarros de Voltoya, Nieva, Melque de Cercos, Hoyuelos y Ochando han hecho un frente común contra el traslado del cura que comparten las cinco parroquias.
Hasta el momento, el Obispado de Segovia se mantiene firme en la decisión de asignar a este párroco, de origen colombiano, a otros pueblos por necesidades de la Diócesis y ha hecho oídos sordos a las quejas de los vecinos. Tal ha sido el malestar entre los feligreses, que desde el mismo momento en que tuvieron conocimiento de la marcha del cura crearon una comisión de representantes e intentaron ponerse en contacto con el obispo, Ángel Rubio.
Los primeros intentos no fueron fructíferos, ya que tanto los vicarios como los secretarios del Obispado reiteraron a los vecinos que debían dirigirse al propio obispo, ya que es el único que puede cambiar esta decisión. Con «muy buena fe», explican, los vecinos intentaron dirigirse a Rubio, de nuevo sin conseguir resultados: «Lo hemos intentado por todos los medios de los que disponíamos, hemos enviado cartas de las autoridades de cada uno de los pueblos, escritos de los niños, hemos entregado mas de 1.500 firmas de todos los vecinos y lo único que hemos conseguido es una enorme decepción por la actuación que ha tenido el máximo representante de la Iglesia con nosotros», asegura este colectivo.
Comunidad cristiana
El objetivo de estos feligreses no es otro que intentar sentirse «parte de la comunidad cristiana a la que pertenecemos y ,como tal, poder dar nuestra opinión sobre algo que nos atañe muy directamente, como es el cambio de cura que actualmente tenemos por otro, que en algunos casos no sabemos ni quién es». Aunque lo que preocupa a estos vecinos no es tanto quién ocupe la vacante del actual párroco, sino el hecho de que se quede a medias la labor de este sacerdote. «El actual párroco ha conseguido que los feligreses vayan a la iglesia con alegría y no por rutina, que los jóvenes se quieran casar, que quieran bautizar a sus hijos, que todos se sientan integrantes y partícipes de la comunidad cristiana, que la palabra del Evangelio se entienda y no solo se oiga», afirman.
Pese a su indignación, los vecinos son conscientes de que el párroco no es de su propiedad, pero consideran innecesario su traslado a otros pueblos donde, como máximo, podría permanecer dos años, lo que supondría volver a dejar su labor inconclusa, tal y como les ha ocurrido a estos cinco municipios. «Hace cuatro meses el señor obispo hizo una visita pastoral a estos pueblos y nos preguntó si estábamos contentos con nuestro párroco. En todos y cada uno de los pueblos le contestamos al unísono que sí y nos dijo bien alto que no le cambiaría, que le tendríamos por mucho tiempo». Los vecinos se preguntan ahora si se produjo un malentendido, ya que no entienden a qué se debe el cambio de opinión del prelado.
Tenso encuentro
Esta indignación aumentó el viernes 20 de agosto, cuando los miembros de la comisión de representantes de los cinco pueblos fueron a hablar con el vicario pastoral para, una vez más, para hacerle llegar sus sentimientos y proponer algunas soluciones que se podrían tomar para no tener que cambiar al cura. Cuando salían, sin haber conseguida ninguna respuesta, se produjo un encontronazo entre los feligreses y el obispo. «La situación no se puede describir, fue un espectáculo, el obispo chillándonos que no teníamos nada que hacer allí, que las decisiones las tomaba él y que no tenía que dar explicaciones a nadie de lo que hacía».
Lo que esta comisión pretende es que el prelado de Segovia reflexione y rectifique en su decisión: «Queremos que el Obispado comprenda que tenemos voz y que, como parte de la comunidad, no interesan solo nuestras limosnas en los cestillos o la equis en la declaración de la renta, sino que importamos como personas. Es tiempo de hacer ver que el siglo XXI ha llegado también a la Iglesia».