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El guardián de las partituras

CULTURA

El guardián de las partituras

22.08.10 - 01:34 -
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Es la primera y última cara que un músico de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) ve en su jornada laboral. Julio García Merino administra las partituras, donde duerme la materia prima de la música. El archivero es el responsable de adquirirlas, alquilarlas, cuidarlas, devolverlas o archivarlas. Incluso en las giras de la Orquesta, partituras (la del director) y partichelas (la de cada sección) viajan bajo su supervisión.
El alquiler y compra de obras es un gasto asumido en la programación anual de una orquesta. Sobre ellas pesan dos derechos, los editoriales y los de autor. «Cuando no hay derechos de autor, porque se han muerto los herederos o porque han prescrito y son de dominio público, por ejemplo en el caso de Mozart o Beethoven, se puede plantear la compra. Si hablamos de Wagner, opto por alquilar ya que los descendientes tienen un acuerdo editorial», explica García Merino.
Si los compositores están vivos, «normalmente hay que alquilar». En España dos editoriales manejan el 90% del mercado. Se paga por cada interpretación en público y los precios oscilan mucho. «Los compositores coetáneos ya consagrados entregan su obra a una editorial y esta lo gestiona. Es el caso de Penderecki y la editorial alemana Shott. Por el 'Largo para orquesta' para ser interpretado en tres conciertos pagamos 1.700 euros».
Halffter, entre los caros
El 'Poema sinfónico Don Juan', de Richard Strauss, cuesta 500 euros por concierto. Entre «los españoles más caros está Halffter», que edita su obra en Universal Edition, en Viena, y hay que solicitar allí las partituras. Otros compositores españoles como Antón García Abril (Bolamar Ediciones Musicales) o Claudio Prieto han creado su propia editorial, en la que publican sus obras. Sobre la mesa, preparada para ser devuelta, descansa la partitura de 'Atmospheres', de Ligeti. La ha utilizado el director hongkonés Jimmy Chiang, que se puso al frente de la OSCyL en un concierto extraordinario en Salamanca. En los márgenes de los pentagramas hay indicaciones de color rojo en griego. La historia impresa de las partituras, como los billetes, duerme bajo los añadidos de los usuarios.
«Las partituras vienen muy rayadas, con muchas indicaciones. Normalmente los directores tienen la suya propia y me piden la alquilada o comprada para comparar la edición», cuenta García Merino, en cuyas competencias entra el reparto de 'arcos', señalar la dirección de los arcos en la sección de cuerda para que todos toquen en la misma dirección.
Desde que en los ochenta surgiera la corriente de interpretación historicista, «los musicólogos se han dedicado a hacer ediciones críticas de las obras buscando la mayor fidelidad histórica posible. Durante el XIX la ampulosidad romántica se impuso en la interpretación de los maestros anteriores y las nuevas revisiones de Haendel o Bach vuelven al fraseo barroco. Por eso en las nuevas ediciones críticas hay que pagar el trabajo del musicólogo».
Ediciones críticas
El director del programa también condiciona la versión elegida para un concierto. «Si viene a dirigir a Bach Ton Koopman -una autoridad en el cantor de Leipzig- tendré que preguntarle qué edición hará. Lo mismo ocurre con Beethoven o Mahler sobre los que no paran de hacerse ediciones. En el caso del segundo, existen tantas que me remitiría a la Sociedad Gustav Mahler, que tiene la edición canónica».
En cuanto a compositores españoles, «hay que alquilar casi siempre», porque están editadas fuera. «Sobre Falla, por ejemplo, rigen los derechos editoriales, que se pagan a la casa inglesa que lo publicó, y de autor. «Ahora el Instituto de Ciencias Musicales de la Complutense en colaboración con la SGAE están recuperando la música española», explica este archivero que iba para delineante y lleva 18 años entre partituras.
Además de tener preparado el material para los músicos quince días antes del concierto para estudiar, tiene a su cargo las miles de partituras de un archivo que ha viajado por los teatros Carrión, Calderón y Lope de Vega de Valladolid. La catalogación se realiza de manera similar a una biblioteca. Entre las obras nuevas a acomodar en el archivo está la donación de la obra del compositor vallisoletano Luis de los Cobos, quien asistió al homenaje que le rindió este año la ciudad.
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Julio García Merino, en la oficina del archivo, con las partituras que le devuelven los músicos. :: ANTONIO QUINTERO

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