Trabaja para una clientela que, dice, no ha cambiado mucho a pesar de las nuevas tecnologías. Son los primeros lectores de cuatro y cinco años. Satoshi Kitamura (Tokio, 1956) reconoce que el público es lo único estable en el negocio de los álbumes ilustrados, lo demás se ha sometido al «capitalismo desaforado». Menos copias en la primera tirada, menos editores por el proceso de concentración en grandes firmas y más control financiero. «Antes teníamos un acuerdo por el que el precio de los álbumes era fijo. Ahora también se aplican descuentos como en otros productos», lamenta Kitamura.
Quien así habla se fue en la veintena a Gran Bretaña «para aprender inglés» y lo que entonces fue «una aventura de juventud» cimentó su dedicación profesional. De murales sobre las buenas maneras para el metro londinense a tarjetas de felicitación, Kitamura dibujó casi de todo, con parada en los cómics.
En 1981 se instaló en el álbum ilustrado, «un medio menos efímero y más atractivo, en color. Además me permite un ritmo más adecuado. El cómic en Japón es un fenómeno de masas, hay un tipo de cómic para cada tipo de persona. No sólo son superhéroes o aventuras como en Estados Unidos. En el mercado nipón los hay de todo, por ejemplo de cocina. Los lectores son tan ávidos que el ritmo es trepidante, salen semanalmente». Una afición popular desde la Segunda Guerra Mundial para la que tiene explicación.
El autor de 'Fernando enfadado', 'Yo y mi gato' o 'Perro tiene sed' ha hecho de los animales los protagonistas de sus metáforas. «Me gusta su colorido y humanizarles. Les atribuyo comportamientos humanos y a través de ellos puedo caricaturizar a los hombres sin dañar a nadie, incluso en aspectos delicados. Es más fácil disfrazar a un león de policía si quiero hablar de actitudes propias de un agente que partir del personaje real».
Teatro de papel
El que fuera premio Mother Goose al ilustrador revelación, sancionado por otros muchos galardones, mantiene su universo zoológico para el que crea imágenes y palabras. De ello habla en su taller de Ilustratour. «Lo difícil es encontrar el equilibrio entre el texto y los dibujos, que se complementen y no sean redundantes. La creación es un proceso de síntesis de ambos». Además del taller, el ilustrador participó en las jornadas de fin de semana en las que contó dos historias a través del teatro de papel, el 'kamishibai'. «Ahora vuelve a los colegios y las bibliotecas japonesas. Antes era un espectáculo callejero para vender caramelos a los niños».
Kimamura escapa de sus gatos y dibuja para adultos en sus cuadros, en libros de poesía, en las tiras para periódicos y en sus ilustraciones para un periódico económico japonés. «Intento poner humor, pero es un sector muy serio», afirma.
«Creo que editan poesía por una cuestión de educación, pero se vende muy poco. No hay comparación con los álbumes infantiles», dice quien ha iluminado seis libros del poeta John Agard. Kitamura volvió a su Japón natal hace casi un año. «He estado recientemente en la feria de Seúl. Corea como España son países que se han incorporado recientemente al mundo de la ilustración, arriesgan más, son más experimentales. En cambio Estados Unidos, Gran Bretaña o Japón son muy previsibles. Su mercado está dominado por muy pocas editoriales grandes y no hay sitio para las pequeñas».