Alejandro Rogero todavía recuerda su infancia entre montes y resina. Con siete años acompañaba a su abuelo a los pinares, de sol a sol, para ayudarle en la afanosa tarea de extraer miera. Era una época de auge para el sector, en el que se conseguía mucha productividad y apenas había competencia de mercados exteriores. Unas cuantas décadas más tarde, las cosas han cambiado. Pero Rogero continúa con el oficio familiar que ha pasado de generación en generación, tratando de mostrar el último testimonio de la actividad.
Actualmente el sector resinero se encuentra relegado a algunas provincias de Castilla y León. En concreto Valladolid, Soria, Ávila y, sobre todo, Segovia mantienen la extracción de resina a nivel nacional, con una superficie de 413.000 hectáreas de pino negral o 'pinus pinaster', de donde se extrae la resina. En el pasado también se obtenía del pino piñonero o carrasco.
Sin embargo, el número de resineros es prácticamente anecdótico. Solo un centenar de personas se dedican a la extracción de miera en los pinares castellanoleonses. Unos 40 de ellos tienen dedicación exclusiva durante la campaña, que suele durar de abril a octubre.
El resto ven la extracción de resina como una actividad complementaria a su profesión habitual. «Muchos se dedican a ello de forma parcial, porque no tienen la seguridad de que vayan a poder complementar los meses restantes con otra actividad», explica Rogero, gerente de la Cooperativa Rincón de la Vega, en la localidad de Coca (Segovia).
Oficio con «libertad»
Él mezcla la actividad resinera con cuadrillas de retenes para evitar y controlar fuegos. Pero su principal trabajo es la extracción de resina, un oficio que le gusta por «la libertad que te da, ya que no tienes a nadie encima». Pero reconoce que es un trabajo muy duro y muy esclavo. Siempre que puede lleva a sus hijos con él, para que le ayuden. «Pero a ellos no les gusta nada», afirma Rogero.
El sector resinero comenzó a caer a finales de los ochenta, cuando la entrada en la UE forzó la apertura de los mercados, y la competencia en forma de precios más baratos llegó a España. Además, la mano de obra nacional es mucho más cara que en otros países, como China, principal competidor actual.
A todo esto hay que añadir el hecho de que sigue siendo una actividad artesanal, en la que no se ha producido apenas modernización. «Los resineros continúan con la labor de forma manual, apenas hay mecanización y tampoco hay relevo generacional, los jóvenes no quieren trabajar en un oficio muy duro, que está mal remunerado y para el que se necesitan unos conocimientos específicos», subraya Álvaro Picardo, asesor de la Dirección General de Medio Natural de la Consejería de Medio Ambiente.
Todos los resineros utilizan el mismo sistema manual de extracción, la pica. Durante los primeros meses llevan a cabo el descortezado del árbol, una tarea no productiva. Y es a partir de junio cuando ya se aplican cortes controlados a los pinos para que salga la resina. «Se trata de un producto natural que actúa como nuestras plaquetas. Trata de cerrar la herida producida en el árbol. Por eso es tan pegajosa», explica Picardo.
Cada quince días el resinero retira la miera vertida en los potes, y hace otra incisión en la corteza. Un resinero se ocupa de unos 5.200 pinos en toda la campaña. Y cada pino da unos tres kilos y medio de resina. Aunque esto puede variar, según el clima. El tiempo más favorable para extraer resina es en verano, cuando hace más calor.
Para conseguir recuperar un oficio centenario como este, es necesario, a juicio de Félix Pinillos, técnico del Centro de Servicios Forestales de Castilla y León (Cesefor), reducir el coste de la mano de obra. «Es imprescindible mecanizar el sector, cuanta más maquinaria, menos coste en mano de obra y mayor productividad».
Mecanización del sector
En el centro son sabedores de la importancia que tiene esta labor para la conservación de los montes, ya que la presencia de resineros evita gran cantidad de incendios en los pinares. Además de mantener el empleo en el medio rural y de ser una alternativa más natural para la producción de aguarrás y colofonia que el petróleo. Por todo ello, están realizando pruebas experimentales de mecanización en Segovia y Soria. «Se trata de utilizar un taladro para hacer un agujero en el árbol y saltarnos el paso del descortezado, que es la parte no productiva, y así podríamos disminuir el tiempo de trabajo de siete a cinco meses», explica Pinillos.
También están buscando otro método de recogida, ya que el pote tiene el inconveniente de que cuando llueve la resina se mezcla con agua. Y cuando hace mucho calor, se evapora. Por eso, apuestan por un sistema de embudos y bolsas de plástico, que evitan estos dos problemas.
Con todo, Pinillos reconoce que ahora se dan unas condiciones favorables para relanzar el sector resinero. «En los últimos tiempos se ha producido un aumento del precio de la resina, a pesar de la crisis. Además hay un mayor interés por el sector, y con la mecanización ya no se van a necesitar esos conocimientos que requería el resinero clásico».
Rogero, que lleva el monte en su corazón, también se muestra optimista, aunque cauto. El futuro del sector pasa por una inyección de gente joven para recuperar, a su juicio, un oficio tradicional que ha cuidado del monte durante cientos de años. «Cuando empecé había un resinero cada 100 metros. Entonces no había retenes, y no hacían falta. Esa es la imagen que me gustaría volver a ver».