En el Parque del Pradillo de Piñel de Abajo conviven todas las tardes hombres y mujeres de unos 70 años con chavales de apenas 20. Unos comentan la situación del país mientras otros intercambian impresiones tras darse un chapuzón en la piscina. En la zona de las bodegas, un octogenario degusta un vino de cosecha propia junto a una peña de veinteñaros. Y hasta hace unos pocos años, los vecinos lavaban sus vehículos en el lavadero municipal junto al pilón en el que decenas de cabezas de ovino saciaban su sed.
Lo de Piñel de Abajo es convivencia, sin duda. No hace falta permanecer mucho tiempo en el pueblo para percatarse de que los espacios comunes no distinguen entre edad o procedencia. Y les viene de lejos. Solo bastó una paellada de hermandad en el parque de la Guardia Civil para que institucionalizaran el acto como la Fiesta de la Convivencia. De aquello hace más de veinte años, pero llega a este 2010 con la misma filosofía: reunir a todos los hijos del pueblo durante el mes que aglutina mayor población y hacer alarde de la cooperación que siempre les ha distinguido.
Desde hoy mismo tienen una nueva oportunidad de demostrarlo con un programa que se prolongará hasta el próximo domingo, 8 de agosto. Las cinco peñas, El depósit', El destape, El farol de la 6.30, Cin-cervas y La panera revisarán los juegos autóctonos, las actividades infantiles, el cine al aire libre, las orquestas, desfiles y juegos de mesa que durante nueve días harán apología de la vida en compañía de tus paisanos.
Todos aportarán su granito de arena para el buen desarrollo de una semana de actos en la que Piñel puede llegar a cuadruplicar su población (pese a tener 192 censados, en invierno viven unos cien). «El sábado y el domingo no se puede entrar en el pueblo porque no cabe ni un alfiler», comenta a sus compañeros de charla en El Pradillo el septuagenario Juan Antonio.
La principal novedad, el tiro al plato, está colgado en un improvisado tablón de anuncios del chiringuito de la piscina. Aquí lo ve todo el pueblo, es un espacio que se encarga de separar los dos lugares más concurridos del verano; el Parque del Pradillo y las piscinas municipales. «Los que no vienen al parque vienen a las piscinas, pero todos acaban aquí», destaca Fernando Sanz, colaborador del Ayuntamiento.
Piñel de Abajo se transforma en verano. Multiplica su población habitual con jóvenes y mayores. De los once miembros de la peña El Destape que esta tarde juegan en el chiringuito solo tres viven habitualmente en el pueblo. María, de 18 años, Judith y Pilar, de 16, se pirran por el verano. Encuentran en esta fecha una pandilla amplia de amigos que proceden incluso de Barcelona. Es el caso de Nil, con ascendencia piñelana, que cada verano encuentra en este pueblo «otro rollo distinto», como salir cada noche. «Se está mejor que en la ciudad», dice entre las risas de sus amigos.
Aunque las fiestas patronales son las de San Pelayo, en junio, hace ya más de dos décadas que el Ayuntamiento decidió apostar por reunir a todos los hijos del pueblo en un nuevo acto del que puedan disfrutar todos. Y así nació la Fiesta de la Convivencia, en la que, como su propio nombre indica, la convivencia y colaboración encuentran su punto álgido.
Este año lo harán incluso con la celebración de las bodas de plata de una de sus peñas, la Cin-cervas. Gustavo, María, Mari Carmen, Juan Carlos, Eduardo y Roberto son algunos de los 55 miembros que la integran con edades dispares (desde 25 a 41 años).
Todos apuestan por la Fiesta de la Convivencia «como momento de mucha animación y mucho ambiente», frente a las patronales, las de San Pelayo, que son más propias de los vecinos del día a día de este municipio de la Ribera del Duero.