Carga de trabajo, partido de entrenamiento, exceso de desgaste físico, los encuentros amistosos constituyen una sesión preparatoria más... El catálogo de formas de justificar una floja actuación, como la que ayer tuvo el Real Valladolid contra el C.F. Palencia, está ya inventado y es extenso. Así que aplíquenlo a la derrota en La Balastera y concluyan que le falta muchísimo al bloque albivioleta para ser competitivo, y que debe apretarse los machos, especialmente, en el apartado defensivo, donde se cometieron excesivos errores.
Pero, ya se sabe que esto no cuenta, que son experimentos con gaseosa, que si otra vez la carga de trabajo... aunque cuando se gana, el discurso cambia.
La primera parte de este choque inaugural para los morados de la Copa Regional, segundo para los blanquivioletas tras debutar con triunfo en Aranda de Duero (0-1), no estuvo precisamente presidida por el buen fútbol. No resultó llamativo para los espectadores. Ni mucho menos, pero el Palencia sacó oro a su único tiro sobre los tres palos de la meta defendida por Fabricio.
El técnico local, Pepe Calvo, que puso en liza a dos onces distintos en cada período, intentó que sus hombres recuperaran las señas de identidad que les dieron tantos y tantos éxitos la última temporada: solidez defensiva, presión en la medular y definición en la vanguardia. Bien es cierto que alguno de estos parámetros no se cumplieron, los mínimos, pero los jugadores derrocharon un entusiasmo absoluto y unas ganas enormes de agradar a su público.
La pauta de la presión también estuvo presente en el ensayo de ayer por el bando vallisoletano, pero no se efectuó de una forma precisa. Bueno, ni la presión, ni nada.
A excepción de los primeros compases del envite, en los que el Real Valladolid estuvo mejor ubicado sobre el césped y manejando el balón con cierto criterio, poco más de sí dio la escuadra de Antonio Gómez.
Es más, el gol de De Paula, a pase de Clyde, se produce tras un rápido contraataque montado a raíz de una falta ensayada mal ejecutada por los visitante sobre la portería de Diego. Fue robar el balón, ir de costa a costa, y marcar. Todo un ejemplo de mala cobertura.
Si el Palencia había causado una pésima imagen en su primer amistoso del pasado miércoles frente al Real Madrid B (3-5), ayer estaba enmendando sus errores y ante un contrincante recién descendido de la Primera División.
En las postrimerías del primer tiempo, el Valladolid sacó fuerzas de flaqueza y pudo haber equilibrado la balanza en dos acciones individuales de Javi Navas y Bueno, junto a un lanzamiento de Nauzet, que se estrelló en el poste previo toque del cancerbero local Diego.
Rematar la faena
Tras el descanso, el Palencia acabó de rematar la faena, incluso entre los 'olés' de sus incondicionales. Calvo formó con su doble pivote clásico en el centro del campo (Chuchi y Pelayo), dejando las labores atacantes para Jairo y Álex. Además, empleó al atacante Víctor como defensa lateral zurdo y al recién llegado Zazu en la plaza de interior, formando una banda izquierda tremendamente veloz.
El colmo de los errores foráneos se produjo al paso del minuto 52, cuando a la salida de un córner botado por Zazu, Aitor Blanco acertó a conectar un perfecto cabezazo. Fue el 2-0 definitivo.
Un leve intento de tangana final entre el propio Blanco y Sisi puso el punto definitivo a un choque que, aunque no pasará a la historia, sí puso en evidencia las carencias de unos-los blanquivioletas- y la mejoría de otros -los morados-.