Lucía es una joven de 22 años que desde hace cuatro compagina sus estudios de traducción en Madrid con su trabajo como camarera en el café Juan Bravo, situado en la Plaza Mayor de la capital. Aunque su ocupación le reporta numerosos beneficios, tanto personales como económicos, Lucía piensa en acabar su carrera y dedicar se a lo que verdaderamente le apasiona.
-¿Es difícil trabajar y estudiar al mismo tiempo?
-Compensa, además solo trabajo en la cafetería los fines de semana y en verano. Desde los 18 años me acostumbré a tener dinero y a gestionarme mis gastos. Además me gusta la hostelería porque mi padre tuvo un bar y estaba familiarizada con el negocio.
-¿Cómo es el público del centro de la ciudad?
-Hay muchísimo turismo, sobre todo en estas fechas hay franceses y también gente de habla inglesa. Por otra parte están las personas mayores que viven en el centro y son el público más fiel. Además por la noche se acercan jóvenes a tomarse una copa, la verdad es que es un público muy diverso.
-¿Cómo les afecta que la gente haga botellón en la misma Plaza Mayor?
-Afecta bastante porque vienen incluso a pedir hielos y vasos de plástico al bar y no consumen. Perdemos clientes y sobre todo a la gente mayor de la Plaza no le agrada ver a los jovencitos bebiendo en la calle delante suyo y la consecuente basura que se genera.
-Supongo que en verano hay más público
-Desde luego, pero también es verdad que nada en comparación con hace tres o cuatro años cuando no dábamos abasto, se nota mucho que la cosa ha bajado con la crisis.
-¿Qué ofrecen en el café?
-Tenemos desde servicio de cafetería a bar de tapeo además de local de copas por la noche. Tenemos un jamón y un lomo ibérico buenísimo y las jarras de sangría son nuestra especialidad. Pero sobre todo la gente se acerca a tomar café y a cenar, ya que también ofrecemos cenas ligeras con raciones, lasañas y diversas pastas.
-¿Qué es lo mejor de su trabajo?
-La gente con la que trabajo es muy agradable pero además me gusta trabajar en la Plaza porque hay mucho turismo y puedo practicar, en la medida de lo posible, idiomas con los clientes.