La caridad es sinónimo de desinterés, entrega o generosidad, y también supone una de las virtudes del cristianismo. Esa caridad o entrega a los demás se vio reflejada en el XXVII Encuentro de Misioneros Palentinos que acogió ayer la Casa de la Iglesia y al que asistieron 39 misioneros venidos de 14 países de África, Asia y América Latina, quienes, como todos los veranos, aprovechan unos días de descanso para visitar su tierra natal.
El número total de misioneros palentinos repartidos por diversas partes del mundo asciende ahora a 561, de los que 39 se han acercado hasta Palencia este año, y aproximadamente otra veintena han optado por escribir una carta a la Diócesis disculpando su presencia.
La jornada comenzó a las 10.30 horas con el saludo y bienvenida por parte del delegado diocesano de Misiones, Rafael Alamán, que agradeció a todos los religiosos su labor encomiable.
Después de un momento de oración, los misioneros entablaron un diálogo con el vicario general de la Diócesis, Antonio Gómez Cantero, en el que todos aquellos que quisieron compartir sus impresiones contaron sus experiencias e inquietudes vividas en sus países de misión como una manera de acercar a los que están en el primer mundo la labor silenciosa que realizan.
Posteriormente, los misioneros, en compañía del delegado de Misiones Rafael Alamán; del vicario general, Antonio Gómez Cantero, y de otros miembros de la Diócesis palentina, acudieron a una eucaristía celebrada en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Calle. Finalmente, el encuentro concluyó con una comida fraternal, en la que se hizo entrega de un pequeño obsequio a los misioneros como agradecimiento a su labor.
La labor que realizan los misioneros allá donde van no es una tarea fácil. La falta de colaboración por parte de los estados donde residen, la difícil situación económica que atraviesan, la falta de desarrollo en las infraestructuras y en los medios de transporte, los secuestros, las extorsiones o el tráfico de drogas son solo algunos de los problemas que tienen que soportar las poblaciones de países de América Latina y África. Sociedades en las que conviven la droga y la miseria, lo que conlleva a desplazamientos por parte de los habitantes en busca de un lugar mejor donde continuar su existencia. A todo esto, se le puede sumar la desconfianza en cuanto a la política que se lleva a cabo cuando se producen secuestros a menores. Los misioneros han de convivir con todas esas dificultades diarias.