Recuerdo que en la universidad algunas de mis amigas querían ser como Janis Joplin. Y es curioso... Hubo quien la llegó a adorar de tal forma que hasta acabó siguiendo sus pasos. ¿Cómo cantante? No, hombre, no. ¡Como yonqui! Así suele ocurrir con los ídolos malditos: son mucho más fáciles de imitar en sus más oscuros vicios que en su brillante talento. Será porque la genialidad, por definición, es inimitable. Décadas después, me temo que lo mismo está ocurriendo con Lindsay (antes ebria que sencilla) Lohan. Recién encarcelada por haber violado su libertad condicional al conducir con muchas copas de más, la Lohan además de desequilibrada es a ratos buena actriz, pero la gente está más por el morbo. Y ese mono naranja que luce ahora entre rejas pronto será la tendencia del verano en California. «Lindsay, I looooove youuu» aullaba un fan, ebrio de dolor, a las puertas de la cárcel.
Y es que la mitomanía es muy mala. Lo digo de oídas, porque personalmente nunca la he padecido. Me cuesta entender que alguien se pueda pasar horas y horas esperando en una larga y asfixiante cola a que otro alguien, supuestamente más importante que él, le estampe un garabato en una servilleta de papel, en un disco, en una camiseta... Así, zas, en tres segundos y casi sin mirarle a la cara, sin apenas reparar en él. Esos sufridos fans, tan incombustibles y rabiosamente militantes, ¿no sentirán alguna vez una pequeña punzada en su orgullo al comprobar lo invisibles que resultan a los ojos de ese 'extraordinario ser' que llena toda su vida? Me temo que sí y que precisamente por eso los más patológicos se inventan existencias paralelas, delirantes fantasías para poder soportar la cruda realidad.
Y la realidad es esta: tú podrás amar a Jennifer Aniston, pero ella no te ama a ti. Es el caso de Jayson Peyton, un chalado de 24 años que está obsesionado con la célebre actriz, de 41. Y, por esas cosas raras de la mitomanía mal entendida, andaba persiguiéndola para convertirla en su esposa, 'armado' con una bolsa en la que portaba un rollo de cinta adhesiva y una nota para la actriz. Lo de la cinta adhesiva supongo que era para bloquearla en caso de que ella ofreciera resistencia. Que Jayson será loco, pero no tonto, y ya se barruntaba él que la Aniston, ex esposa de Brad Pitt, no iba a sucumbir a sus encantos así, a la primera. Ahora un juez ha puesto tierra de por medio obligando a Peyton a permanecer al menos a cien yardas de distancia de la actriz. Cien yardas son 91,44 metros y para él puede que sea un suplicio. Pero tengo amigos y sobre todo amigas que no se acercarían a Aniston ni a 91 ni a 91.000 metros, por considerarla atacante. La envidia, que es casi tan mala como la mitomanía.