«Escuché los gritos pidiendo ayuda, me acerqué al río y vi al niño agarrado al perro y a su tío hundiéndose en el remolino», relataba ayer aún nervioso a los especialistas de los Bomberos y de la Guardia Civil el primer testigo que intentó ayudar a un hombre de unos 45 años que desapareció bajo las aguas del Duero a su paso por Pollos. Su sobrino, de apenas 10 años, tuvo mejor suerte y pudo llegar a la orilla ayudado por el can. Los buzos suspendieron las labores de búsqueda del cuerpo al caer la noche y las reanudaron a las 8.15 horas de esta mañana.
Los hechos ocurrieron en torno a las ocho y media de la tarde, cuando la víctima, Ángel, un bilbaíno que veranea con su familia en el municipio -su suegra es natural del mismo-, paseaba junto a su sobrino por la ribera del río en compañía de su mascota. La posterior sucesión de calamidades se desconoce más allá de que el can, el niño y el hombre acabaron en el agua en un peligroso remolino en el que hace diez años ya perdió la vida otro vecino de la localidad al caer al agua en circunstancias similares cuando paseaba a sus galgos cerca del pago de la huerta de 'Paco el Cojo'.
La principal hipótesis de los investigadores apunta a que el animal pudo caer primero al río, le siguió el menor y después fue su tío. Sea como fuere, el primer testigo en escuchar los gritos fue un pescador que se encontró con la terrible escena: «El chaval estaba agarrado al perro y pudo hacer pie hasta llegar a la orilla ayudado por el animal», relató a los agentes. Su tío, sin embargo, se vio arrastrado por las corrientes en una zona repleta de pozas y en la que el curso del río cambia, incluso, de sentido por la fuerza del agua. «Le grité que se dejara llevar por la corriente, le tiré una madera para que se agarrara, pero le vi hundirse dos veces y antes de desaparecer parecía que estaba grogui y ya ni me escuchaba», prosiguió el testigo de la tragedia.
El 112 recibió las primeras llamadas a las 20.42 horas y en pocos minutos llegaron hasta la ribera los buzos del Parque de Bomberos de Tordesillas. Sus efectivos apenas pudieron emplear más de una hora en las labores de búsqueda del cuerpo al caer la noche, por lo que desistieron después de rastrear el fondo del río en torno al remolino y aplazaron dichas tareas hasta la mañana de hoy, según confirmaron fuentes del mencionado Cuerpo.
«El río es muy peligroso ahí»
La víctima veraneaba cada año en el domicilio de la familia de su mujer, cuya madre es natural del municipio, aunque emigró hace años. «Ellos vivían en Bilbao, pero siempre venían por estas fechas», resumieron sus vecinos. Decenas de ellos se acercaron hasta el pago del Cojo, situado a menos de un kilómetro por un camino que sale de la entrada del pueblo desde la A-62, a medida que la noticia iba llegando al municipio de 744 habitantes.
«El río es muy peligroso y ya se ha llevado muchas vidas aquí», lamentaba un veterano mientras contaba, al menos, tres fallecidos más. El cuerpo del último salió a flote «tres kilómetros río abajo dos días después» de ahogarse exactamente en ese punto el 14 de agosto del 2000.