Las obras de remodelación llevadas a cabo por el propietario de uno de los bajos del vetusto inmueble del número 18 de la calle Juan Agapito y Revilla destaparon hace cinco años la existencia de un cáncer incurable en las entrañas del bloque. La acción de las termitas había herido de muerte la estructura de madera que sostiene el edificio construido en 1950.
Urbanismo, después de un lustro de informes, expedientes y denuncias, decidió por fin tomar cartas en el asunto el viernes ordenando el desalojo de los inquilinos tanto del citado portal como de los del número 4 de Acibelas -el inmueble fue construido como un único bloque en su origen- y declarando la «situación de ruina inminente».
Los policías municipales acudieron a sendos portales ese mismo día para comunicar a inquilinos y propietarios la obligación de desalojar sus casas en un plazo máximo de 48 horas. La mayoría de los vecinos hicieron las maletas en el caso del número 18 -seis viviendas-, donde se detectó el problema, mientras los inquilinos de Acibelas -dos casas y un local- continuaban ayer en sus casas y en el negocio, una tienda de comestibles chinos.
El propietario del bajo y de la primera planta de este último portal, Pedro Cardenal, explicó ayer que ese ala del edificio «está, en apariencia, en perfectas condiciones». Él mismo ha encargado a una empresa especializada que analice hoy mismo el estado de la estructura de madera de su bloque «para comprobar si tenemos vicios ocultos o si, como creemos, las termitas no han alcanzado a nuestro portal». El dueño anticipa que con el informe de los especialistas en la mano decidirá emprender las oportunas acciones legales para evitar el desalojo.
Catas en el pilar principal
Cardenal justifica que él mismo realizó catas en el pilar principal del número 4 de Acibelas y comprobó que estaba «seco y sin daños». Eso además de recordar cómo «el tejado de nuestro lado es nuevo y las casas están remodeladas». El afectado, que mantiene sendas plantas -una vivienda y el local- en renta, aclara que los edificios, aunque se construyeron como uno sólo en origen, «siempre han estado separados en dos portales y creemos que no comparten el mismo problema».
Los propios técnicos municipales reconocen en un informe recogido en la resolución de Urbanismo, fechada el 28 de junio y notificado el 16 de julio, que sólo inspeccionaron las zonas comunes del bloque de Juan Agapito y Revilla. La decisión, eso sí, se sustenta sobre un estudio anterior, realizado por la empresa especializada Tecma en el 2005, que ya advertía entonces de que las humedades de capilaridad detectadas en el bajo habían favorecido «la progresión del ataque de xilófagos (termitas,...)» alcanzando los daños no sólo a esta planta sino también a la cubierta.
El posterior informe municipal advierte de que la comunidad «no llevó a cabo ningún tratamiento curativo que evitara la progresión de los ataques» y concluye que la situación actual del inmueble -siempre en alusión al número 18, pero englobando al número 4- «comporta un riesgo estructural». De ahí la declaración de ruina y el plazo de 48 horas dado también a los dueños para que apuntalen la estructura y los «elementos susceptibles de ruina» así como para acotar la acera -este trabajo está ejecutado-.
El mal estado del edificio lo confirmó ya en enero el Juzgado de Primera Instancia número 6 a raíz del proceso judicial iniciado por el dueño de uno de los bajos de Juan Agapito y Revilla para deshacer la compra de la casa -el juez le dio la razón- a raíz de descubrir que las termitas «se habían comido literalmente las vigas» de su vivienda y le habían obligado a apuntalarla, según resumió ayer el propio afectado, quien recuerda cómo ni siquiera pudo llegar a habitar el piso.
«Grave deterioro»
Otra inquilina ya advirtió a Urbanismo del «grave deterioro» que sufría su vivienda el 20 de abril de este año. Un mes después, el 25 de mayo, el propio Ayuntamiento requirió a la comunidad que emitiera un informe técnico para acreditar «la estabilidad y la seguridad del inmueble». No lo hicieron y el 18 de junio siguiente fue la propia comunidad de propietarios la que solicitó la «declaración de ruina inminente» después de confirmar el «riesgo estructural del edificio».
Fuentes vecinales apuntaron que la situación de fragilidad de las vigas es tal que, al parecer, «la bañera del primero piso se ha caído sobre el bajo». Uno de los inquilinos del número 18 reconoció ayer que aún están a la espera de noticias: «Sólo sabemos que tienen que vaciar el edificio antes de declarar la ruina». De hecho, la resolución municipal da un plazo de 15 días a los propietarios para que presenten un informe técnico detallado de todas y cada una de las «obras necesarias para reponer la seguridad y habitabilidad del edificio». Si su coste excede el límite del deber legal de conservación, dado que el inmueble carece de protección, se decretará la ruina definitiva y la demolición.