Continúa la carrera contra el calentamiento global. La búsqueda de soluciones tecnológicas que permitan al ser humano seguir con el ritmo de actividad industrial actual, sin que éste derive en el deterioro del medio ambiente, se ha convertido en un problema de interés internacional. El carbón, recurso vetado por su alto nivel de emisiones de dióxido de carbono (CO2) en su combustión, pero abundante en el planeta, es el objeto de investigación de la Fundación Ciudad de la Energía (Ciuden), cuya sede se encuentra en Ponferrada.
El proyecto de captura y almacenamiento de CO2 de esta organización estatal sigue su curso. A pocos meses para que finalice la construcción de la planta de desarrollo tecnológico en Cubillos de Sil, en la que se experimentará la captura de este gas, dan comienzo los preparativos en Hontomín (Burgos) para decidir en qué espacio se ubicará la primera planta de I+D para desarrollar la tecnología de almacenamiento geológico en acuíferos salinos profundos.
Los pasos de este estudio han de ser firmes, y el primero que se ha dado en esta segunda etapa del camino ha sido el inicio de la campaña sísmica en este espacio burgalés. Supone la fase previa de trabajo antes de proceder a la construcción de la planta de almacenamiento. La exploración del subsuelo, en un radio de aproximadamente 35 kilómetros cuadrados y hasta unos 2.500 metros de profundidad, para obtener imágenes en tres dimensiones y conocer las características geológicas de la zona es el objetivo de esta campaña. «A 1.800 metros hay una formación geológica que nos interesa, y una manera de saber exactamente cómo es hacer algo parecido a un TAC, sólo que lo llamamos 'caracterización sísmica'. Se emiten una serie de señales y se recogen mediante un sistema de registradores. La deformación de la señal tiene que ver con la estructura, y así podemos saber sus características», declaró el director general de la Fundación Ciudad de la Energía, José Ángel Azuara.
Varios vehículos denominados 'Vibros' fueron los encargados de recibir las señales de los 5.000 sensores instalados a lo largo de los 35 kilómetros cuadrados objeto de estudio. La campaña sísmica, en la que participarán un centenar de personas, se prolongará hasta el mes de agosto y contará con una inversión de 3.900.000 euros de los 20 millones que el Gobierno de España tiene pensado invertir en Burgos, a través de la Fundación Ciuden, para desarrollar esta investigación hasta el 2012.
Mapa tridimensional
Con la caracterización se podrá obtener un modelo «tridimensional que nos permitirá conocer con mucha resolución todo lo que hay por debajo de la superficie terrestre, en la zona de Hontomín, en 2.500 metros de profundidad. Nuestro almacen, la roca que parece tener una predisposición muy apropiada para almacenar CO2, se encuentra a 1.500 metros. Por encima tenemos la roca sello que es muy potente», explica el director de geología de Ciuden, Andrés Pérez Estaún. «Lo que hacemos es identifcar esas rocas en profundidad». El primer modelo en 3D de la estructura geológica estudiada en Hontomín se prevé que esté para «el 15 de septiembre» de este año, concreta Pérez Estaún.
Obtenidos estos datos y finalizada la primera parte de la investigación de almacenamiento, la campaña de caracterización sísmica, el proyecto estudiará esta información con el objetivo de saber que comportamiento tendrá el dióxido de carbono en el subsuelo. «Tenemos muchas técnicas que queremos comprobar que funcionan para que, posteriormente, las industrias tengan la garantía de que el funcionamiento es óptimo», amplía el director de geología de la Ciudad de la Energía.
En cuanto a las tecnologías empleadas, tanto para la captura como para la inyección del gas, los responsables pretenden que todo lo que se pueda desarrollar sea de procedencia española, aunque no se ha descartado el uso de técnicas internacionales, «por lo menos en la fase de captura», aclara Pérez Estaún.
Las condiciones y la estructura del terreno en esta área burgalesa ha sido el canto de la sirena que ha atraído a los investigadores de Ciuden, ya que se trata de un espacio reducido en el que se pueden controlar con facilidad muchos de los parámetros objeto de estudio, como el agua, los gases, la superfície terrestre o el entorno. «Nos interesa una formación, que es como un casco de romano invertido, donde pensamos que los fenómenos se van a desarrollar más rápido», expuso José Ángel Azuara. Gracias a esto, se podrán probar una serie de tecnologías de visualización de las reacciones que se están produciendo en profundidad y poder contemplar si hay fugas y cómo se pueden atajar.
Si los estudios continúan por buen cauce, se espera que para la primavera o el verano del próximo año se inicien los sondeos en la zona. Las previsiones actuales apuntan a que en los últimos meses del 2011 y los primeros del 2012 se inicien los experimentos de inyección de CO2 en el subsuelo. «Hontomín no se destinará a un almacenamiento industrial, creo que no llegaremos a inyectar ni 100.000 toneladas de CO2. Se trata de una instalación experimental cuyo objetivo no es almacenar masivamente, sino aprender técnicas de inyección para abaratar el proceso», manifiesta Azuara. La cantidad citada por el director de la Fundación Ciudad de la Energía no resulta elevada, si se tiene en cuenta que las 450 toneladas que España produce anualmente ocuparían un espacio de 40 kilómetros de largo por 200 metros de ancho.
Un proyecto «diferente»
En la actualidad, se están desarrollando varios proyectos de investigación de estas características en otros países de Europa, como Italia, Polonia, Alemania, Holanda o el Reino Unido. Cada uno de estos planes, aprobados por la Unión Europea, se tiene que diferenciar del resto, «debe tener cierto grado de originalidad», dice Azuara. El sistema de captura y almacenamiento de CO2 quema el carbón con oxígeno, en un proceso que se llama oxicombustión, y una de sus particularidades es que, debido a que «España carece de grandes yacimientos de gas o de petróleo», se ha estudiado otra posibilidad que es hacer uso de las formaciones de agua salobre del subsuelo. Se trata de cavidades en las que la roca tiene una estructura porosa en las que el diámetro de estos agujeros no es mayor que el del «cabello humano. Parecen esponjas», detalló el director de la Fundación.
A largo plazo
El Instituto Geológico y Minero de España se encarga de elaborar una especie de «inventario» de las zonas favorables para la inyección del dióxido de carbono en el subsuelo que se encuentran dentro de la geografía española. «Tenemos bastantes formaciones en distintos emplazamientos», comenta Azuara. El problema radica en su ubicación ya que, para evitar el encarecimiento del producto por el transporte, deberán de encontrarse cerca de los centros de producción de CO2. Entre las posibilidades de transporte, a largo plazo, se baraja la construcción de ceoductos que trasladen el gas capturado hacia las plantas de inyección.
No falta interés e ilusión en este proyecto que aún está dando sus primeros pasos.
Tras la experimentación, se espera que en el año 2015 ya esté funcionando, en colaboración con Endesa, una planta de captura de 300 megavatios en sustitución de la que se encuentra instalada en la actualidad en Cubillos de Sil, que tan sólo cuenta con 30 megavatios. «Nuestro proyecto se enmarca dentro de un programa, que está desarrollando la Comisión Europea, que para el año 2015 quería tener un conjunto de tecnologías de combustión limpia del carbón y haber probado que sistema es el más eficiente», explicó Azuara. A este ritmo, se espera que en el año 2050 las tecnologías limpias representen el 20% de la generación de la energía. «Si continuamos a este ritmo de utilización hay carbón para 120 años, pero se sabe que hay recursos de esta materia para 2.000 años», concluye Azuara.