Hace unos meses, un informe en torno a la reparación de automóviles híbridos afirmaba que resultaba menos económica que la de un automóvil con motor de gasolina, hasta el punto de que el usuario podía llegar a pagar el 3,8% más en su visita al taller. Esta afirmación se basaba en la mayor complejidad mecánica de estos vehículos y la menor disponibilidad de sus piezas y recambios, dos factores que podían suponer para el cliente un sobrecoste medio de 80 euros por su reparación. En pocos meses estos datos, obtenidos en el mercado americano, ya no son tan ciertos.
En relación a sus piezas, si bien hace seis o siete años, al inicio de la 'era híbrida', la sustitución de una pieza de coche híbrido era el 11% más cara, en la actualidad esta diferencia se ha acortado hasta el 1% debido a que el aumento de la producción ha abaratado costes, aparte de existir ahora la posibilidad de utilizar piezas alternativas a las originales.
Respecto al precio de la mano de obra en chapa y pintura, las diferencias de coste entre los vehículos híbridos y de gasolina son inexistentes, salvo excepciones. Ésta se producen en ciertas reparaciones de elementos de aluminio, incorporados para reducir el peso de los híbridos y que requieren unos métodos específicos de reparación en caso de siniestro, algo que ocurre igualmente en otros modelos convencionales. La segunda excepción radica en que la complejidad de los sistemas de almacenaje de energía, en el caso de que sea necesario desmontarlos, también puede encarece la mano de obra. En la medida en que se generalice su uso, las compañías de seguros verán caer los costes de reparación hasta niveles similares a los modelos de gasolina, lo que repercutirá directamente en la factura del usuario final.
Hablando de las averías de motores, en el caso de los diésel son más caras (por ejemplo, el capítulo de las modernas inyecciones electrónicas muy sofisticadas) que en los de gasolina, o los híbridos gasolina/eléctrico. En los híbridos, los trabajos de mecánica y electrónica son más costosos (14,4%) debido, fundamentalmente, a la especialización que requiere la desconexión y conexión de la batería, o el proceso de reiniciación de los componentes eléctricos propios de estos vehículos.
Caso diferente es el mantenimiento. A la hora de elegir entre un coche de gasolina, diésel o híbrido, resulta clave conocer las condiciones o exigencias del mantenimiento regular, el que se realiza en determinados periodos de tiempo y kilometraje.
Los intervalos de mantenimiento cada vez son más próximos en unos casos u otros. Pongamos de ejemplo el nuevo Porsche Cayenne, con versiones diésel, gasolina e híbrida. En todas el intervalo marcado para las operaciones de mantenimiento es idéntico: 30.000 kilómetros, o dos años. En realidad, los componentes eléctricos de un híbrido apenas precisan mantenimiento. Incluso se da el caso de es el menor desgaste del equipo de frenado en un híbrido, debido a los sistemas de recuperación de energía. En cambio, hay claras diferencias entre un diésel y un gasolina. En un Mercedes, el filtro de combustible en versión de gasolina puede valer el doble, pero se cambia entre 80.000 y 120.000 kms, frente al diésel, cuyo precio es la mitad pero se cambia cada 50.000 kms.
En algunas webs existen calculadoras de tarifas de mantenimiento. Es un instrumento interesante pero, aun así, conviene preguntar en el concesionario donde haremos la compra -y por ende el mantenimiento en la mayoría de los casos-.