Más del 15% de la población sufre alergia, y según las estimaciones científicas, esta cifra podría alcanzar el 40% en unas pocas décadas. Las alergias se convierten en un auténtico calvario para muchas personas con la llegada de la primavera. Por eso tienen una enorme importancia estudios como los que se llevan a cabo en la Universidad de Salamanca con el fin de medir los niveles de polen aéreo y su relación con las reacciones alérgicas.
El Grupo de Investigación de Palinología y Conservación Vegetal de la Universidad de Salamanca trabaja en este proyecto enmarcado en la Red de Aerobiología de Castilla y León, coordinado desde la Universidad de León, con el fin no sólo de medir la presencia en la atmósfera de los granos más problemáticos para los alérgicos, sino de poder realizar correlaciones con factores meteorológicos como la lluvia, la temperatura y la humedad para conocer cómo fluctúan.
El responsable de este grupo de investigación de la institución universitaria salmantina, José Sánchez Sánchez, detalla que conocer el polen, así como las esporas de hongos que hay en la atmósfera tiene una enorme importancia en relación con las alergias, ya que «podemos detectar con una cierta antelación la cantidad presente de las especies más problemáticas y prevenir a los que estén sensibilizados ante ese polen».
El profesor del Departamento de Botánica de la Facultad de Biología destaca que las investigaciones ponen de manifiesto que hay múltiples factores que inciden en la mayor o menor presencia de polen en el aire.
«A la hora de establecer una previsión, hay que tener en cuenta la temperatura del momento, ya que sabemos que las temperaturas altas, en general, favorecen la presencia de polen, también la lluvia, que la frena porque durante unas horas se limpia la atmósfera, pero también hay que contar con el viento, con la altitud, y por supuesto con las características de cada planta, de esta forma podremos saber si va a haber mucha cantidad de un polen como para que los alérgicos tengan que tomar precauciones», explica Sánchez.
Medición de pólenes
Del trabajo del Grupo de Investigación de Palinología de la Universidad de Salamanca depende la medición de los pólenes presentes en Salamanca, Ávila, Segovia y Valladolid y próximamente la de Béjar.
Los datos se obtienen a través de una estación captadora de sustancias, que en el caso de Salamanca se encuentra situada en la cubierta de la Facultad de Farmacia, en el Campus Miguel de Unamuno. La estación cuenta con un captador que succiona aire a una velocidad constante de 10 litros por minuto (la cantidad de aire que puede llegar a succionar un pulmón humano en condiciones normales), que se transmite a una cinta adherente donde quedan retenidos los granos de polen.
Mayor precisión
José Sánchez Sánchez explica que gracias a la metodología y al conocimiento de la velocidad constante de avance del rotor de la estación que capta las muestras «podríamos realizar muestreos no sólo diarios, como es lo más habitual, sino que podemos saber exactamente qué cantidad de polen había tal día a una hora determinada y contrastarlo así con la presencia de viento o la temperatura de ese momento».
De hecho, el grupo mantiene un cruce constante de sus datos con los del Servicio de Inmunoalergia del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, de forma que se pueden establecer relaciones sobre la cantidad de polen en un determinado momento y el número de pacientes que acuden al hospital por problemas de alergia.
Para conocer estos datos, una vez recogida la muestra del captador, comienza un arduo trabajo de laboratorio en el que los miembros del equipo analizan la cita minuciosamente al microscopio, identificando de esta forma los pólenes presentes en el adhesivo.
Las muestras se clasifican en un vidrio de laboratorio y se almacenan, mientras que los datos se envían a la Universidad de León para la actualización del mapa regional de pólenes, que servirá luego de guía a los profesionales sanitarios que atienden a las personas que sufren alguna alergia de este tipo.
Un mapa que en las próximas semanas va a tener un color oscuro, identificativo de una presencia elevada de polen problemático para los alérgicos. «Hemos tenido unas lluvias muy intensas en el invierno y en general temperaturas muy suaves esta primavera, así que nos encontramos ante una floración exuberante y eso va a generar mucho polen, especialmente en gramíneas vamos a estar a tope», señala el investigador de la Universidad de Salamanca.
Además de las gramíneas, José Sánchez apunta que otro de los centros de atención del grupo es el polen procedente de plantaciones de especies ornamentales, como el olivo o el plátano de sombra, «que se están plantando mucho en ciudades como Salamanca y que están provocando un aumento de pacientes alérgicos».