El martes, la Ventanilla Única Empresarial de Valladolid informó de la creación de 94 empresas en la provincia durante el primer trimestre del 2010, el 30% más que en el 2009 y ayer, el INE divulgó que en febrero fueron constituidas 305 sociedades mercantiles en Castilla y León, el 13% más que hace un año y una subida significativamente superior a la experimentada en el conjunto del país, donde se situó en el 2,2%. ¿Podría significar un punto de inflexión en los devastadores datos que arrojan las estadísticas desde hace ya más de dos años por obra y desgracia de la crisis? Tan largo periodo invita más al escepticismo que al optimismo, pero por algo se empieza y hasta las tormentas comienzan con sólo unas gotas de agua.
Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, Valladolid fue la provincia de la comunidad en la que se crearon más sociedades mercantiles el pasado mes de febrero (82), seguida de León (46), Burgos (39), Salamanca (37), Ávila (27), Zamora (26), Segovia (24), Palencia (13) y Soria (11).
Respecto a la cantidad de capital suscrito, el mayor volumen correspondió a la provincia de Burgos (con una espectacular cifra de 47,19 millones de euros), seguida de León (5,6 millones) y Valladolid (2,6 millones). Además, en febrero 181 sociedades mercantiles de Castilla y León ampliaron capital por un total de 91,88 millones de euros suscritos. También en esta ocasión, la mayor cantidad de capital ampliado se registró en la provincia de Burgos (33,36 millones de euros correspondientes a 45 sociedades). Lo que siguen son sólo algunos ejemplos de personas que en los últimos meses decidieron liarse la manta a la cabeza, plantar cara a las dificultades y tomar el camino de los 'sin jefe'.
Jesús Romero
«Hay que ofrecer algo diferente de lo que ya existe»
«No estamos locos», le dijo Jesús Romero a Nieves Caballero en octubre del año pasado, cuando el restaurante 'Huevo de Rey' abrió sus puertas en medio de la que estaba (y sigue) cayendo. Luego leyó su frase en EL NORTE, convertida en titular, y desde entonces, más de una vez ha pensado: «Bueno, un poco locos sí estamos». «Lo cierto es que estamos satisfechos porque hemos tenido un muy buen recibimiento por parte de los vallisoletanos. Hacemos una cosa diferente de lo que existía y ahí radica, creo yo, la clave para salir adelante», explica Romero, un empresario zamorano que optó por invertir «los ahorrillos de toda la vida y a ver qué pasa». Y pasa que la cosa, de momento, marcha. Además de en el restaurante, también se ha embarcado en la aventura paralela de abrir 'Viandas', una tienda de alimentación -«de caprichitos personalizados»- que capitanea con las mismas premisas del otro negocio: «muchas horas de trabajo, gente joven muy implicada en el proyecto y la novedad por bandera». «Todos los días pasaba por delante de aquel local vacío, con lo bien situado que estaba (se refiere a la tienda de delicatessen de la Plaza de Santa Ana) y primero lo cogí y luego pensé qué poner», señala. Como empresario y líder de un equipo, Romero entiende que su obligación es «provocar». «Yo puedo ser el dueño, pero si el proyecto sale bien, todos los que trabajamos en él salimos beneficiados» y esta filosofía, confiesa, la han asimilado a la perfección sus acompañantes. «Vemos la botella medio llena y afrontamos el futuro con el objetivo de sorprender a los clientes desde todos los puntos de vista, en la presentación, en el trato... queremos que se sientan protagonistas», añade Romero, a quien le gusta encargarse del aprovisionamiento de la materia prima.
Enrique Rey
«Tarde o temprano, la venta por Internet se generalizará»
Enrique Rey, un ingeniero industrial de 32 años, tiene un familiar en Francia que hace diez años fundó una empresa de creación y diseño de páginas web. Allí el negocio va con el viento tan en popa que se dijo '¿y por qué no aquí también?'. Su negocio, Redes Rey, tiene exactamente diez días de vida y está ubicada en el Vivero de Empresas promovido por la Cámara de Comercio de Valladolid, Caja España y el Ayuntamiento. El Vivero está diseñado como una estructura de acogida temporal, pensada para dar cabida a empresas que dan sus primeros pasos en el mercado, acompañarlas y prestarles determinados servicios mediante una gestión sin ánimo de lucro. «Soy consciente de que somos muchos en el sector de las páginas web y de que el trabajo no va a ser fácil porque las empresas creen que apostar por el comercio electrónico es un gasto en lugar de una inversión, pero estoy convencido de que es un negocio con futuro», declara Enrique, que piensa que «tarde o temprano se darán cuenta de que Internet es infinitamente más útil que el montón de folletos en el que sí creen». En Francia, comenta que le ha comentado su familiar y a la vez socio, «todo el mundo compra por Internet, sin moverse de casa, todo tipo de productos y no necesariamente en grandes cantidades; es algo que está a la orden del día». La generalización del negocio, así, hace que sea rentable para cualquier clase de empresa. «Y esto tiene que llegar aquí», asegura pleno de confianza. «Espero que en un año esto tire para adelante; sólo con que me respondiera el 5% de todas las instituciones, asociaciones, empresas, comercios y casas rurales con las que me he puesto en contacto, ya creo que podría darme para vivir unos cuantos meses», señala. Enrique, que para arrancar ha invertido los 2.500 euros que tenía ahorrados, sueña ahora con que las nueve horas diarias que pasa llamando a todo tipo de puertas, se tornen en «las 14 horas, fines de semana incluidos» que se pasaba su socio francés «no esperando, sino trabajando ya en su primer año de vida empresarial». «Ahora estoy en una fase en la que me toca hacer labor de comercial, intentar vender el producto y convencer a los posibles clientes... No es que sea mi especialidad precisamente, pero si hay que hacerlo, lo haré». Mañana mismo tiene su primera cita de trabajo, con la agencia municipal de turismo.
Israel Hernando
«Somos optimistas porque ¿de qué sirve el pesimismo?»
En septiembre del año pasado, los tres socios que forman Filigrana Urbana decidieron que la oficina se les había quedado pequeña y se trasladaron a un local donde su propuesta empresarial pudiera lucir más. Hacía un año que, llegados desde Barcelona, habían comenzado su aventura en Valladolid como autónomos, dedicados a la producción y decoración de eventos y el diseño y montaje de productos decorativos, y su paso adelante aconsejó también la constitución de una sociedad limitada. «Pese a la dificultad del momento, no nos podemos quejar», admite Israel Hernando. «Conseguir contratos para la organización de eventos en condiciones en una ciudad como Valladolid es complicado, tenemos mucha competencia y hemos sufrido proyectos que se paran después de empezar y otros que no terminan de arrancar, pero nos sobreponemos moviéndonos mucho, distribuyendo nuestro catálogo, difundiendo nuestra web, yendo puerta por puerta...» Esta es la clave de la supervivencia, en opinión de los responsables de Filigrana Urbana: no dejar ni un flanco sin cubrir y captar clientela con una oferta de «productos atractivos y novedosos que no tienen por qué ser caros». «Hay que tener en cuenta que el sector comercial, nuestro principal destinatario, no pasa por el mejor momento para invertir», así que para persuadirles, hay que aplicarse. La empresa, que se ha encargado del nuevo 'look' del centro comercial Vallsur, o de la organización de la gala de Miss y Mister Valladolid, promete a quien contrata sus servicios «adaptarse a sus necesidades hasta convertir el evento, el escaparate o el espacio comercial en un reflejo de la personalidad del cliente». Duchos en la aplicación de la nuevas tecnologías a su modelo negocio, antes de bajar a la arena proporcionan un diseño virtual de cómo quedará el proyecto, algo que también sirve para seducir al destinatario. «En cuanto al futuro somos optimistas porque, no en vano, en un momento como el actual hemos podido embarcarnos en una ampliación; además, ¿para qué sirve el pesimismo?», deja caer Israel.
Javier Callejo
«El sistema fiscal no ayuda a los emprendedores»
El año pasado, Javier Callejo junto con tres socios, todos de entre 29 y 32 años, fundaron Gather, una empresa de estudios de mercado y análisis de información. «Vimos la crisis como una oportunidad y pensamos que entre todos cubríamos los perfiles necesarios para crear un negocio de este sector». Los cuatro emprendedores tienen dos licenciaturas y coincidieron mientras completaban la de Investigación y Técnicas de Mercado, carrera que complementan con las de Telecomunicaciones, Económicas, Estadística y Empresariales. De sus experiencias laborales anteriores, cada uno se trajo algunos clientes, «pocos, pero fieles», y ahora están aprovechándose de la circunstancia de que «empresas de cierto tamaño están yendo a la quiebra y dejan clientes que necesitan que alguien supla los servicios que antes tenían cubiertos». «Nosotros, por el hecho de estar empezando, podemos permitirnos o, mejor dicho, tenemos que ser flexibles y, si hace falta, damos unas facilidades de pago que otras más grandes no pueden». Además de los cuatro socios, Gather tiene ya su primer empleado. «La base de nuestro negocio es la tecnología, que nos facilita la recogida de información y su tratamiento para obtener resultados inmediatos -explica Callejo-. Gracias al sistema de recopilación de datos que tenemos y a la utilización de aplicaciones informáticas y sistemas de GPS, nuestros clientes pueden priorizar sus actuaciones y optimizar sus recursos para obtener mejores resultados». Aunque reconoce que el mercado en el que se mueven pasa por un momento «difícil en el corto plazo», tiene la convicción de que «a medio y largo plazo hay mucho potencial». La empresa se ha beneficiado de las subvenciones de la Junta, pero Javier cree que «la crisis debería hacer comprender a las instituciones que hacen falta más ayudas». «Lo que más nos ha sorprendido de la experiencia de crear la empresa ha sido el coste de los impuestos. No nos parece lógico que deba tener igual presión fiscal una empresa nueva que otra grande y con antigüedad; un salario, por ejemplo, se encarece el 60% más por los impuestos y esa no es manera de facilitar la creación de empleo», lamenta.
Mariángeles Pérez
«Es falso que los bancos quieran dar créditos»
La otra cara de la moneda la ofrece el caso de Mariángeles Pérez, que lleva meses a la caza y captura de un crédito con el que montar su empresa. «Los bancos dicen que no dan préstamos porque nadie los pide, pero en mi caso es completamente falso», afirma esta emprendedora desengañada que afirma haberse recorrido sucursales de la práctica totalidad de entidades financieras sin ningún éxito. «Tengo la luz verde de una empresa italiana (Leader Mobile) para franquiciar en Valladolid su negocio de publicidad y fidelización telefónica y busco un microcrédito de 25.000 euros con el que ponerla en marcha», explica y a continuación comienza su rosario de frustraciones. «Me dicen que carezco de experiencia, o que no tengo nómina (está desempleada), o que mi vivienda no sirve como aval porque está hipotecada, o en el caso de las cajas que se están fusionando y no es buen momento», detalla. Para mayor desdicha, explica que hace diez años fue «incluida en un registro de morosos por una disconformidad con una operadora de móviles» y no consigue que su caso se archive, «cuando hasta los delitos más graves prescriben a los cinco años», se lamenta. Cansada de comprobar que las ofertas de trabajo que se publicitan no son tales, sino sólo ofrecimientos para apuntarse a cursos y cursillos, Mariángeles leyó que las mujeres pueden acceder a microcréditos sin necesidad de aval, pero ha terminado aún más cansada de llamar a puertas que no se abren.