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Una mina aún por explotar y exportar

VALLADOLID

Una mina aún por explotar y exportar

Administraciones, cajas de ahorros, empresarios y universidad reclaman la entrada del sector privado en la gestión cultural para que alcance nuevos horizontes

04.04.10 - 01:09 -
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Acuerdo general. Valladolid es un 'yacimiento' cultural de primer orden con todo tipo de 'materias primas' para cualquiera que busque en toda su amplia gama de ofertas. El avance de la ciudad en los últimos años la ha situado en el 'mapa' de los puntos de referencia en cine, artes escénicas, música... Un presente que se une al legado de un pasado que ha dejado un patrimonio sin competencia incluso en España. Y sin olvidar el peso de la lengua en la ciudad con «la mayor renta per cápita de Premios Cervantes del mundo» (Delibes, Umbral, Jiménez Lozano), como se encarga de recordar el viceconsejero de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, Alberto Gutiérrez Alberca.
Y, sin embargo, la cultura como motor económico, aunque es responsable del 5% de la riqueza nacional, parece atascada en un cierto carácter 'intangible', sin parámetros macroeconómicos tan claros como los del automóvil o el ladrillo. Una realidad que la abocó en su día a la dependencia de los designios públicos y la ha condenado, casi hasta la actualidad, a un exiguo 'músculo' privado.
Vivimos en una ciudad con gran agenda, imposible de abarcar hasta por los más ambiciosos consumidores de eventos culturales. Pero acontece en una área sin apenas salas ni ferias de arte, mucho menos producción audiovisual, y con grandes plumas literarias pero que son editadas fuera (Madrid y Barcelona). Es obvio que ese 'tren' lleno de talentos no ha contado con su propia 'locomotora' económica. Todavía hay que mirar a demasiado a la generosidad de las arcas oficiales para que el abanico de la oferta siga siendo la envidia de otras capitales.
Darle sello empresarial a la gestión de la cultura todavía es una utopía en Valladolid en particular y en Castilla y León en general. Entonces, ¿por dónde orientar el futuro? La serie de debates Valladolid Avanza 2016 que ha organizado EL NORTE DE CASTILLA centró su última sesión en la cultura como industria y en cómo y quiénes deben dirigir la explotación de una 'mina' cuyas reservas todos destacan pero que nadie ha explorado ni aprovechado lo bastante. Administraciones públicas, obras sociales de las cajas, empresarios y universidad coinciden al menos en los principales 'pilares' que deben apuntalar y asegurar el acceso a este 'yacimiento'.
Oferta y costes reales
En esta línea, el viceconsejero de Cultura y Turismo, Alberto Gutiérrez Alberca, admite que «la enorme irrupción del sector público ha distorsionado el mercado, tanto en los precios como en el consumo». Y, una de las oportunidades que espera de la actual crisis, es que «va a dar lugar al acomodo entre la oferta y su coste real».
En todo caso, el esfuerzo institucional de los últimos años en recuperar y promover espacios culturales y, sobre todo patrimoniales, tiene un efecto multiplicador, como recordó el presidente de la Diputación de Valladolid, Ramiro Ruiz Medrano, quien calcula que «por cada euro invertido en patrimonio revierten 10 en la sociedad».
Así y frente a otros sectores que reclaman más infraestructuras, los expertos no ponen el acento en demandar nuevos 'continentes' sino en definir los contenidos, marcados en gran medida por el soporte, que no puede ser otro que el digital. «Es el momento de los empresarios -advierte el director del Área de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid, Juan Manuel Guimeráns-. Las instituciones tuvieron su función. Ya hay una red suficiente». Este gestor, que ha participado en el Foro Europeo de Industrias Culturales que se ha celebrado esta semana en Barcelona, recuerda que «allí las empresas no pedían subvenciones sino mejor fiscalidad».
No. No parece que hagan falta muchas más infraestructuras sino que la actividad que generen se sustente en la economía real. «Es más importante incentivar la creación de emprendedores (privados, claro) que hacer campañas sin un sustrato o una base concreta», avisa para el futuro, el representante del Gobierno regional.
Una idea que abre el debate hacia nuevos elementos, aunque con bastantes consensos. Para empezar, hay coincidencia general en que la región necesita una buena Ley de Mecenazgo, pero, apunta el presidente de la Confederación Vallisoletana de Empresarios (CVE), Manuel Soler, «hay que buscar una cultura 'rupturista', que apueste por elementos modernos y salga de la cultura de las subvenciones públicas». Aunque el representante de la Junta admite que «el patrocinio no está bien tratado fiscalmente», la actual recesión y el estado de las arcas públicas invitan a «medir mucho cualquier nueva reforma».
Y todo eso tiene que ver con buscar «las singularidades y fortalezas» de la región. «Frente a una oferta de playa que no existe, hay que recordar que el 36% de nuestros turistas están vinculados a los productos culturales», recuerda el vicepresidente de la Cámara de Comercio e Industria, Javier Barbero, que cita «marcas a explotar» en las que no se ha tocado techo, como el enoturismo o los estudios vinculados a la lengua castellana, además de reclamar «más formación educativa de sus gestores y una definición más clara de los productos culturales y su comercialización».
Aunque, para avanzar por esta línea, parece necesaria una mejor cualificación de los gestores culturales, algo que preocupa en la Universidad, cuya vicerrectora de Relaciones Institucionales, Pilar Garcés, considera que «la cultura debe ser mucho más que su venta industrial», lo que no le impide reconocer que «estamos lanzando cursos para potenciar una gestión empresarial que necesita más formación».
En este contexto, está claro que los éxitos sólo llegarán si se conquista el mundo digital. Como recuerda Soler «son las nuevas tecnologías las que están generando los nuevos modelos culturales porque, con la Red, no hacen falta grandes centros de distribución». El talento ya no se exhibe en los escaparates (o no sólo) sino que viaja por Internet. Por eso, remarca Juan Manuel Guimeráns, «el salto de ahora es la cultura en soporte digital, ese es el gran reto». Y, Valladolid, al igual que el resto del país, tiene la gran ventaja de un idioma con gran penetración en el mundo.
En y con Europa
El Libro Verde sobre las Industrias Culturales, que la Unión Europea dará a conocer en unas semanas, incidirá con fuerza en este concepto. En el Foro de Barcelona, el propio Guimeráns ha conocido ejemplos de que «el futuro está en el trabajo en Red», en una Europa comunitaria con un mañana que vestirá con los mejores 'trajes' en ofertas de ocio y cultura a los que sepan 'hilvanar' e integrar sus esfuerzos locales en redes comunitarias.
En esta línea, Pilar Garcés apuesta por una universidad «complementaria con las necesidades y la vida empresarial para evitar que siga siendo la torre de marfil».
Y recoge el guante que se trajo Juan Manuel Guimeráns del Foro de Barcelona para insistir en que «hay que internacionalizar la Universidad, pero desde una oferta de servicios no sólo a los universitarios, sino a los mayores (Universidad de la Experiencia) que son «los mayores consumidores hoy de oferta cultural en Valladolid».
Pero junto a los pozos de docencia, ¿cómo orientar las programaciones? ¿Qué salida dar a la larga lista de museos, teatros, auditorios de unos y otros? «De entrada, no hay que ver competidores donde sólo debe haber compañeros de viaje», advierte la responsable de la Obra Social de Caja de Burgos, Elena Santiago. Lo dice tras recordar la amplísima oferta de museos, teatros y espacios culturales, cada uno en manos distintas. «¿Por qué no puede el Patio Herreriano hacer una programación complementaria con el Musac de León?», completa.
Para Javier Barbero, la falta de coordinación «es en realidad una leyenda urbana», una opinión que avala Guimeráns para quien «se están dando y se van a seguir dando pasos para buscar la complementariedad de ofertas». Como concluye Gutiérrez Alberca, «se trata de lograr la máxima intercomunicación entre las diferentes actividades porque no hay que repetir todos los modelos ni en cada actividad ni en cada capital de Castilla y León».
En esta misma línea, el presidente de la Diputación de Valladolid, Ramiro Ruiz Medrano, coincide en la necesidad de «evitar recelos dejando de pensar en la titularidad de cada cosa y pensar más en coordinar actividades e implicar más a la sociedad en ellas».
Creer en lo propio
El objetivo de sentir lo que se hace como propio ocupó otro amplio capítulo del debate en una ciudad que Manuel Soler calificó de «'light' y con escasa autoestima». Una población acostumbrada a una cierta esquizofrenia en el 'termómetro' que mide el orgullo por sus logros y que le hace «a veces, mirar o muy alto a muy bajo», lamenta Juan Manuel Guimeráns. Algo innecesario en una ciudad «equilibrada, como Valladolid, pero que necesita una comunión recíproca entre la idea de oferta y ciudadanía».
¿Pero cómo luchar contra lo que Pilar Garcés llama también la «escasa autoestima de lo nuestro»? La misma vicerrectora de la Universidad se autorresponde admitiendo que «ha habido poco diálogo con la sociedad de una ciudad en la que los logros no se 'venden' nada hacia dentro».
Por eso, el presidente de la Diputación considera imprescindible, si se quiere conquistar ese futuro cercano y despejar sus nubarrones, que «seamos capaces de hacer llegar a la sociedad de Valladolid nuestras ideas y recursos y que apostemos para ponerlos en marcha con la implicación de todos». Objetivo que Elena Santiago tiene claro que «sólo se logrará haciendo a esa misma sociedad partícipe de lo que se le propone».
En este punto, saltan las discrepancias entre el portavoz de los empresarios, que se muestra crítico con las Administraciones que han apostado por grandes eventos puntuales pero que «sólo se han comercializado con fines electoralistas para generar una corriente de simpatía entre quien trae y paga» (aunque lo haga con dinero de todos). El director del Área de Cultura del Ayuntamiento recuerda que un evento como el concierto Valladolid Latino, de gran repercusión mediática, apenas supone el 1% del presupuesto de su departamento. Guimeráns reclama una apuesta por «proyectos de futuro, que son los que resisten». En este sentido y enlazándolo con el desapego ciudadano, detecta a veces una «falta de paciencia» general, no exenta de «fallos en la forma de comunicar los proyectos a los ciudadanos».
Un último consenso general es que habrá avances cuando los destinatarios se sientan partícipes de lo que se les ofrece no como simples destinatarios finales. Porque, las alfombras rojas de los grandes eventos: la Semana de Cine (teatro Calderón), los grandes conciertos de cámara (Centro Miguel Delibes), no deben extenderse a costa de abandonar la cultura de base, la que se desarrolla en la amplia red de centros cívicos de los los barrios. «Todos nos alegramos de que venga Cecilia Bartoli -reflexionó Guimeráns-, pero luego tiene que haber actividades de base en esos pequeños espacios». Lugares que son al acceso a la cultura, lo que la cantera es al deporte de élite. Desde luego, en la sociedad de la comunicación algo falla cuando «nadie se acuerda de que en Valladolid tenemos la mejor colección de arte africano de España (Fundación Jiménez-Arellano, ubicada en el Palacio de Santa Cruz)», lamentó Garcés.
Un debate amplio en el que no faltó un menú de propuestas para que, tanto los presentes como el resto de los 'actores' de la cultura, trabajen sobre ello. Entre ellos, la creación de un Plan Estratégico de la Cultura en Valladolid, que ponga en la mesa recursos y que involucre a todos los sectores y a los artistas. También, la necesidad de un portal o web de referencia que reúna todo lo que hay disperso en esa Red a la que todos apelan y que incluya enlaces a todos los foros, administraciones o lugares de referencia que puedan alimentarlos. Incluso perder el miedo a iniciativas novedosas cuajen o no. ¿Por qué no estudiar la posibilidad de abrir los museos los lunes, que es el día que cierran en otras ciudades? se debatió en este Valladolid Avanza.
Un falso prurito elitista reclamó durante décadas que la cultura se distanciara o al menos significara respecto al turismo. Recelos que deben quedar atrás, en una sociedad en la que «la relación entre cultura y economía pasa ya por el turismo como sector más asociado», sentencia sin más Javier Barbero, que insiste en que uno de cada tres turistas son 'culturales' y esa fortaleza hay que aprovecharla.
Y sin olvidar, la mejor manera de garantizar y darle sentido a ese futuro. «Programas educativos que, desde las etapas escolares, ayuden a crear nuevos públicos». La apuesta por una base de la pirámide cultural que no padezca las carencias y recelos que han llevado a la situación actual parecen la mejor garantía de un proyecto colectivo de largo recorrido y con un peso cada vez menos 'intangible' en el entramado cultural de la ciudad.
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