Hasta 21 osas con crías se han localizado en la Cordillera Cantábrica, 18 en la zona de Asturias, Alto Sil leonés, Ancares de León y Lugo y 3 en la de Cantabria, Montaña Palentina y Montaña oriental leonesa, según los últimos datos obtenidos en los controles de la población de oso pardo.
Esta cifra iguala al censo de osos en la Cordillera Cantábrica que fue «récord», el registrado en 2007, por lo que se confirma una «buena evolución demográfica» de la población cantábrica de osos, según informo ayer en nota de prensa el Gobierno de Cantabria.
Sin embargo, el censo de osos correspondiente a 2009 -ya que este animal acaba de salir de su hibernación- no estará completamente finalizado hasta después de la primavera de este año, que es cuando las crías de 16 ó 17 meses se separan de sus madres, por lo que todavía es posible detectar algún ejemplar más.
De hecho, según el Gobierno de Cantabria, los equipos que trabajan en la elaboración de este censo creen que existen al menos dos osas más con crías en la zona de Asturias, Alto Sil Leonés, Ancares de León y Lugo.
Tres autonomías
Estos datos son obtenidos por los equipos que trabajan en la conservación de la especie del oso pardo en la Cordillera Cantábrica, dependientes de las comunidades de Cantabria, Asturias, Castilla y León y Galicia, con la colaboración de la Fundación Oso Pardo y de la Fundación Patrimonio Natural. El censo se lleva a cabo de un forma «homogénea y coordinada», tras el seguimiento de los grupos y la observación directa de las hembras con ópticas de largo alcance o detectando su rastro.
También la utilización de fotografías y filmaciones facilita que se diferencie a un animal de otro. Para impedir la duplicidad de datos, los equipos que trabajan en este campo tienen en cuenta la localización geográfica de los grupos y la distancia con el resto, así como el número de crías que acompañan a las hembras y sus diferentes rasgos físicos, para no confundirlas.
Junto a los organismos que trabajan en elaborar este censo, se ocupa también de cotejar y estudiar estos datos el Centro Superior de Investigaciones Científicas y el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes, informa Efe.
Menos hibernación
Los técnicos de la Fundación Oso Pardo, por otro lado, han constatado que las hembras dejan la hibernación por el desgaste que les produce la lactancia. Aunque hibernar es la «pauta habitual», los estudiosos de este pantígrado han observado que pueden mantenerse activos durante los meses invernales si hay comida suficiente. Un comportamiento, el que rompe la regla, que se da, sobre todo, en osas con crías de un año que todavía se alimentan de leche marterna. Es algo que no ocurre en regiones de fríos extremos, pero que se ha dado en la zona cantábrica, con temperaturas más suaves, donde la nieve es más irregular y la comida puede ser encontrada con más facilidad.
Durante el periodo de hibernación el oso duerme en su osera enroscado sobre sí mismo con el aislante que le supone su gruesa piel. Deja de beber, de comer, de orinar y defecar y mantiene las constantes vitales gracias a las reservas de grasa acumuladas. Las hembras pueden perder hasta el 55% de su peso si tienen oseznos que alimentar.
Tres osas con cuatro crías que se mueven entre Riaño, Cantabria y la Montaña Palentina han dado mucho trabajo este invierno a las patrullas de la Fundación Oso Pardo por romper la pauta y no dormitar durante el invierno. Estos animales comen mucho en otoño para afrontar el periodo de hibernación, pero estas hembras han aprovechado el invierno para seguir con actividad gracias a un entorno con comida abundante, como bellotas y hayucos, que son alimentos ricos en calorías.