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OBRA PÓSTUMA DE CABRERA INFANTE

Humor, pasión, dolor

27.03.10 - 00:51 -
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Como Joyce, escribió siempre sobre el mismo tema, desde el mismo lugar: sobre Cuba, desde el exilio. Su padre fue fundador del Partido Comunista y él acompañó a Fidel en los albores de aquella revolución, después de sufrir la represión de Batista. Cuando empezaron a ordenarle lo que tenía que decir y que callar, marchó. Desde fuera, Bruselas, Madrid, Barcelona, primero, por fin Londres, (en España, el franquismo no quiso cobijar a un ciudadano tan complicado) compuso el grueso de su obra, con la minuciosidad de un orfebre, usando Cuba, La Habana, como escenario, como atmósfera. «La Habana, qué duda cabe, era el centro de mi universo.» El modo de hablar de allí le dio pie a los continuos juegos de palabras con que sazonaba sus textos, dándoles un aire de mambo alegre, sensual en los que la nostalgia de bolero iba larvada. Al contrario que Joyce, nunca forzó la lengua hasta el límite de convertirla en mármol hermoso en el que no se puede entrar. Su escritura siempre fue carne apetecible, un juego, goce.
Fue un autor moderno, con todas las consecuencias. Entró de lleno en el periodismo, lo que le permitió vivir de sus textos desde sus primeros tiempos. Estuvo fascinado por el cine. Empezó como crítico y, en plena madurez, produjo piezas como 'El bacilo de Hitchcock', en las que, desde la mitología clásica y la filosofía analizaba con una particular mezcla de rigor, osadía y gracia la obra del director británico. 'Vértigo' es, a su entender, una versión del mito de Orfeo. El detective, Scottie, rescata a Judy-Madeleine y la pierde al descubrir su secreto, rompiendo las reglas del juego. Fue guionista y supo de la decepción de ver sus palabras hechas imágenes en 'Vanishing Point'. Un desengaño aún mayor fue que su trabajo de varios años con 'Bajo el volcán' nunca se convirtiera en la película que escribió sobre la novela de Malcom Lowry. (John Huston sí pudo terminar su proyecto).
Cabrera Infante entra en materia con la misma pasión para desentrañar su oscuridad más profunda como para divertirse con la superficie en apariencia más banal de todos los posibles juegos de palabras que le salgan al paso. «-La cigarra sólo vive un verano, pero menos el cigarro. De acuerdo con la etimología. Entomología.» El fondo es la forma y lo que parece distracción debe llevarse a cabo con tanta seriedad como uno pueda disfrutar. Sus críticos más críticos consideran esas formas debilidades de su estilo. Era su modo de intentar decir, encontrar, algo nuevo en una lengua para él demasiado encorsetada. «Contar (es decir, contando) implica correr riesgos. Uno de ellos es el riesgo que se corre en la vida, donde uno no cuenta.» El humor quizá intentaba ocultar su tristeza de exiliado. 'Vista del amanecer en el trópico' es el contrapunto de su primera gran novela, 'Tres tristes tigres', la que terminó de configurar su escritura. En la colección de estampas que componen el libro hay un relato de violencia inmisericorde como eje de la historia de Cuba. Se sentía partícipe de la culpa por el destino de la isla en el que participó. Sus escritos políticos se reúnen bajo el título 'Mea Cuba'.
Su afición a las formas le llevó a escribir en inglés 'Holy Smoke' porque esa lengua le parecía más versátil. Al cabo de quince años de esforzados trabajos, se convirtió en 'Puro humo', una oda al tabaco, una de las metáforas de su tierra.
En el 2008, tres años después de su muerte, se publicó la novela 'La ninfa inconstante' en la que vuelve a sus temas de siempre con la acostumbrada trabajada frescura, que se lee con el agrado habitual. Acaba de aparecer 'Cuerpos divinos', novela, memorias, autobiografía. En realidad, la generalidad de sus textos se basa en su biografía, en su nostalgia, en su dolor. Recrean el mito de Orfeo, viaja al pasado, a La Habana, mencionando barrios, calles, establecimientos, como en el 'Ulises' de Joyce, en busca de un personaje (Estela en 'La ninfa inconstante') y vuelve sin él, pero con el relato. La traición (su culpa) está en el trato entre el narrador y el relato, lo perdido. Su metamorfosis en literatura aparece por el modo de acercarse a cualquier tema. Su escritura, aunque aparezcan nuevos manuscritos, seguramente ya no produzca sorpresas pero mantiene la originalidad, la desenvoltura y el encanto a los que el autor apostó en el juego (a veces lleno de peligros, y de trampas) que fue su vida.
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