El 18 de abril todos los vallisoletanos tenemos una cita. A las diez y media de la mañana, en una solemne liturgia, el joven de 24 años
Bernardo de Hoyos subirá a la gloria de los altares. El delegado del Santo Padre para este acontecimiento, monseñor Angelo Amato, lo declarará beato.
Es la primera
beatificación que tiene lugar en los cuatrocientos años de historia de nuestra diócesis. La vida de Bernardo de Hoyos está estrechamente unida con la devoción al Sagrado Corazón. Cuando viajas a Río de Janeiro y te encuentras con el Cristo del Corcovado, cuando clavas la vista en la imagen que corona la torre de nuestra catedral, cuando divisas el Cristo del Otero al atravesar Palencia... o, simplemente, cuando al llamar a una casa, te encuentras en la puerta una placa del Corazón de Jesús, todo eso tiene su origen en el joven Bernardo de Hoyos.
Desde el antiguo Colegio de San Ambrosio, hoy santuario nacional de la Gran Promesa, este joven desencadenó un movimiento de amor al Corazón de Cristo que iría creciendo con los siglos.
¿Quién fue Bernardo de Hoyos? Un joven jesuita nacido en
Torrelobatón en 1711. Hizo sus estudios en tres colegios de la Compañía de Jesús:
Medina del Campo,
Villagarcía y
Valladolid. Fue en nuestra ciudad donde se le manifiesta el Señor y lo elige para ser el 'apóstol de su Corazón' en España. Era el 3 de mayo de 1733 cuando Bernardo recibió esta 'misión'.
Desde entonces no vivirá para otra cosa. Si Lenin decía: «Yo vivo las veinticuatro horas del día para la revolución», Bernardo de Hoyos las viviría para Jesucristo. Su vida no tuvo otro sentido sino dar a conocer a los españoles la bondad del Corazón de Dios.
Bernardo de Hoyos vivió hace tres siglos. Su entorno cultural, social y político fue muy diferente del nuestro. Sin embargo, su vida puede ser un modelo para la juventud actual. Yo diría que el resplandor de Bernardo no está en lo externo de su vida, sino en lo interior de ella.
Este joven de 24 años es modelo para una 'nueva' juventud. Bernardo tuvo un ideal en su vida y ese ideal la llenó de sentido. La vida se hace bella cuando hay una gran tarea que realizar en ella. «Los años arrugan la piel, la falta de ideales arruga el alma» -decía el General Mac Arthur. Bernardo tuvo un ideal: dar a conocer el Amor apasionado de Cristo. Por él luchó hasta la extenuación.
Para una juventud desencantada, Bernardo representa la necesidad de un ideal por el que vivir y por el que luchar. Resultan demasiado amargas las palabras de aquel joven francés que acabó suicidándose y en cuyos pantalones vaqueros se encontró esta frase: «Vivre...pour quoi?» (Vivir, para qué...?)
La rica personalidad de Bernardo de Hoyos puede ser un espejo y un estímulo para muchos de nuestros jóvenes. Su creatividad fue impresionante. Colocado frente a una tarea nada fácil, estudia la situación y elige los medios para llevarla a cabo. Publicará libros, grabados, novenas... Contactará con personas que asuman con él la gran tarea a realizar. Bernardo fue un pionero de su tiempo: trabajará en equipo. Sabe alentar, orientar y dirigir a sus compañeros, siendo el más joven del grupo.
Otra faceta interesante de
Bernardo de Hoyos es que nunca improvisa. Tiene muy clara la meta a conseguir y escoge los medios más eficaces para lograrla. Planifica con Dios y realiza con los hombres.
Bernardo es el hombre que vive intensamente el presente. Se da a fondo a lo que tiene que hacer en cada momento, como si no existiera nada más. Para él cada hora consta de sesenta minutos y los exprime hasta el fondo.
Estudia las dificultades y las afronta con lucidez y coraje. Jamás tira la toalla. Quizás lo más característico de Bernardo fue su tenacidad. Sin haber leído el 'Libro Rojo' de Mao (que vendría dos siglos más tarde), Bernardo cumplió al pie de la letra una de sus más célebres frases: «Luchar. Volver a luchar si se pierde. Seguir luchando aunque sólo seas previsible la derrota. Luchar una y otra vez hasta alcanzar la victoria.»
Este es el joven que el próximo 18 de abril subirá a los altares. Un joven, «orgullo de nuestra tierra» y cuyas actitudes y valores pueden ser un «revulsivo» para una juventud amorfa y desencantada, y al mismo tiempo, un «estímulo» para una juventud que busca dar sentido a su vida y quemarla por algo que merezca la pena. Esa es su grandeza y su actualidad.