Está a punto de finalizar uno de los tres inviernos más lluviosos en Salamanca en el último siglo. La intensidad de las precipitaciones ha tenido consecuencias muy diversas, pero en el área patrimonial ha permitido evidenciar el mal estado que arrastran dos de los templos de origen románico de la ciudad, San Martín de Tours y San Julián y Santa Basilisa.
A la aparición de verdines en la delicada piedra de Villamayor que compone la fábrica de los templos, se ha sumado el agravamiento de problemas ya existentes y que tienen que ver con ciertas deficiencias estructurales. Grietas, humedades e incluso desprendimientos han levantado la voz de alarma de los colectivos ciudadanos de defensa del patrimonio.
Sin embargo, la solución no parece sencilla. En ambos casos, el propietario es el Obispado de Salamanca que en la mayoría de ocasiones se ve impotente para hacer frente a los innumerables gastos que conlleva su inmensa cartera de bienes patrimoniales.
«La falta de medios económicos no permite en estos momentos mantener tan notables monumentos como sería nuestro deseo». Es la contestación remitida por el obispo de Salamanca, Carlos Hernández, a la Asociación de Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio, que ha reclamado la necesidad de obras inmediatas en ambos templos para evitar pérdidas irreparables.
Quizá el caso más complicado lo presente el templo románico de San Martín. Se trata sin duda de una de las joyas de la ciudad monumental con su emblemática fachada en la plaza del Corrillo. Sin embargo, los problemas estructurales que arrastra desde hace años lo han llevado a se recientemente incluido en la Lista Roja del patrimonio que elabora la Asociación Hispania Nostra.
Esta inclusión es todo un aldabonazo sobre un problema grave, ya que es la primera vez que esta lista incluye un monumento situado dentro del ámbito de protección de la Ciudad Patrimonio de Salamanca. Su presencia en la lista se justifica por «las múltiples deficiencias estructurales que afectan a la iglesia románica, lo que supone una seria advertencia ante posibles derrumbes».
Según explica Isabel Muñoz, presidenta de Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio de Salamanca, el templo presenta una alarmante falta de estabilidad en zonas como el absidiolo izquierdo y el tramo recto de la nave izquierda, donde se aprecia un gran abombamiento de más de dos metros hacia el interior del edificio y síntomas de desplome.
Así, los arcos formeros presentan una notable y en la bóveda ojival del tercer tramo de la nave derecha, los nervios cruzados presentan deformaciones, con peligro incluso de derrumbe sobre feligreses y visitantes que también se presenta en otras bóvedas del conjunto.
Piedras claves
Además, hay presencia generalizada de humedades y filtraciones que afectan incluso a las piedras clave de las bóvedas y a parte del enyesado. La humedad está acabando con algunos restos de policromía original y en el caso del techo que permite el acceso al coro, las filtraciones denotan una entrada de agua de gran calibre en esta parte de la construcción.
Problemas que en el exterior deben contar también con la existencia de edificios adosados, en algún caso en situación de abandono, que se traduce en la aparición de importantes grietas en la portada renacentista del templo.
La asociación ha reclamado la redacción de un plan director que permita actuar, de manera global y profunda, tanto sobre el entorno como sobre la iglesia, que constituye una de las primeras construcciones de entidad de la Edad Media en Salamanca.
Finalizada en el año 1170 su fábrica como iglesia del bando de los Toreses, comparte similitudes estructurales con la Catedral Vieja e incluso trabajaron en ella algunos de los canteros de la seo.
La inclusión de San Martín en la Lista Roja no ha suscitado ninguna reacción entre las administraciones, que inciden en el carácter privado de un bien que pertenece al Obispado. Por eso, en las últimas reuniones de la Comisión Territorial de Patrimonio han sido frecuentes las instancias a la Diócesis para que acometa de manera urgente las obras en distintos inmuebles de su propiedad que presentan distintos peligros.
Vestigios
Al igual que San Martín, la iglesia de San Julián y Santa Basilisa está declarada Bien de Interés Cultural. Sin embargo, en las últimas semanas ha sido noticia por el desprendimiento de parte de su cornisa en el muro septentrional, el que conserva al exterior los mayores vestigios románicos, como reflejo de una situación de deterioro agravada por las lluvias.
En la denuncia formulada ante el Obispado, la Asociación por la Defensa del Patrimonio destaca que se puede apreciar la ausencia de canalones en todo el templo, así como bajantes que impidan que el agua caiga directamente sobre los muros. Por este motivo, en los contrafuertes han proliferado líquenes y musgos y muchos sillares presentan un estado terroso.
Según distintos informes, el cambio experimentado por la zona urbana que rodea la iglesia, ahora en su mayor parte de adoquinado de granito, favorece la presencia de humedades y complica más la presencia de este problema en la piedra. Hay grietas en distintas estancias del monumento, mientras que la ornamentación románica de la portada original permanece totalmente desgastada como consecuencia de la intemperie.
A pesar de la respuesta del Obispado aduciendo a su falta de medios para hacer frente a las obras urgentes en estos templos, Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio, recuerdan que las administraciones competentes deben realizar legalmente de modo directo las obras necesarias para la conservación de un bien patrimonial.