Algunos no alcanzan los requisitos artísticos o históricos para acceder ni a los inventarios patrimoniales ni a las ayudas institucionales, pero su arraigo tradicional y su vinculación sentimental y afectiva con los habitantes de los pueblos los convierten en auténticas joyas. Gracias precisamente al mimo y el cuidado de los vecinos, los cerca de mil retablos que reposan en los templos y ermitas vallisoletanos han sido ahora localizados y descritos en un riguroso trabajo de catalogación que verá la luz en las próximas semanas.
Las cuatro técnicos en restauración contratadas por la Diputación Provincial han necesitado nueve meses de trabajo y reiteradas visitas a los 245 pueblos y pedanías de Valladolid para realizar 'in situ' los informes de conservación, la documentación fotográfica de los bienes y la evaluación sobre el estado de conservación de los mismos, y han constatado que los retablos superan «en cantidad y en calidad» cualquier previsión inicial.
El catálogo es uno de los requisitos impuestos por el reglamento de octubre del 2008 por el que la institución instauró los llamados Bienes de Especial Protección Provincial (BEPP) para salvaguardar, estudiar y difundir los bienes muebles de la provincia, estén o no declarados Bien de Interés Cultural o incluidos en el Inventario de Bienes del Patrimonio Cultural de Castilla y León. «Aunque no es competencia directa de la institución, el objetivo es proteger los objetos artísticos que tienen un interés para los pueblos, ya sea por su valor artístico, tradicional o incluso folclórico, y para ello se hace necesaria una catalogación exhaustiva», explica el jefe del Área de Cultura y Turismo, Juan Carlos Olea.
La labor de documentación que ha comenzado con los retablos se prolongará a lo largo de los próximos años con el resto de los bienes provinciales: tallas, ropajes litúrgicos, cuadros, pendones... para determinar cuáles merecen ser catalogados como BEPP. La decisión acerca del camino que deberán seguir tanto las líneas de investigación como las inversiones de la institución en materia de patrimonio la tiene el llamado Comité Asesor, un órgano formado, entre otros, por los expertos Jesús Urrea, Joaquín Díaz, Antonio Sánchez del Barrio y José Luis Velasco.
En lo que respecta a los retablos, el punto de partida de la investigación ha sido el Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid (editado en 1976 y ampliado en el 2006), aunque la compilación no incluía todos los retablos y algunos de los incluidos han experimentado un mayor deterioro, cambiado su ubicación o perdido elementos. El listado definitivo recoge una mayoría de tablas barrocas y rococó, con importantes ejemplos del Renacimiento y, aunque la riqueza artística no depende de la zona, sí hay diferencias en lo que al estado de conservación se refiere.
«Hay retablos muy buenos, protegidos y restaurados, otros que no tienen tanto valor pero que también están muy cuidados, aunque también hay piezas excelentes en un deficiente estado», explica Cristina Parrado, una de las técnicos responsables del trabajo, para quien lo que resulta evidente es que en las zonas más deprimidas, como Tierra de Campos, el patrimonio está más necesitado.
El trabajo de campo llevado a cabo por las especialistas pone de manifiesto la «sorprendente riqueza» que atesoran los municipios de la provincia y el cariño con el que los vecinos de los pueblos -encargados muchas veces de custodiar y cuidar los bienes, e incluso de abrir las puertas de los templos a las restauradoras- cuidan lo que para ellos es un tesoro.
Aunque las técnicos se han limitado a estudiar los retablos, reconocen que a veces les ha resultado imposible «cerrar los ojos ante las otras maravillas que nos hemos ido encontrando», en palabras de María Sánchez. Un ejemplo de tesoro escondido es, a su juicio, la iglesia de Pedrosa del Rey, «con una cúpula maravillosa, y otros ocho retablos además del Mayor, y que sin embargo está cerrada al culto por su estado de deterioro».
Mención especial merece también el «impresionante retablo» de la iglesia de Melgar de Abajo que, a juicio de las especialistas, no sólo pide a gritos una intervención integral, sino que exige un minucioso trabajo de campo, ya que ocultas tras él hay unas «magníficas yeserías que también merecería la pena conservar. «Nos hemos encontrado con retablos desmontados para salvar unas pinturas y que no han podido volver a montarse por falta de presupuesto o de tiempo, o casos como el de Santa María de Arbás, en Mayorga, con media docena de retablos que se van a acabar perdiendo porque la iglesia está en ruinas», comentan las especialistas a modo de ejemplo.
El retablo de San Esteban es, para las cuatro especialistas, un inmejorable ejemplo de la pintura sobre tabla del tercer cuarto del XVI, aunque también conserva tres esculturas y un lienzo con el que se sustituyó una tabla anterior. El estado de la pintura -en especial el de la tabla del ático, que demás está desencajada de la hornacina- hace aconsejable una intervención para eliminar la suciedad, las manchas y las lagunas e intervenir en grietas y agujeros.
De «auténtica maravilla» definen las restauradoras el retablo y la iglesia de Pedrosa del Rey, aunque ambos se encuentran en un lamentable estado de conservación. El retablo es una magnífica obra de tres cuerpos, 18 tablas y cuatro esculturas -las que representan a los apóstoles supuestamente están guardadas en casas de particulares-, aunque presenta piezas rotas, suciedad acumulada, falta de policromía y oxidación, entre otros males.
En el Retablo Mayor de Cabezón de Valderaduey, de estilo clasicista, las esculturas y los relieves son protagonistas. De madera dorada y policromada, cuenta con dos cuerpos, tres esculturas y catorce relieves, de entre los que destaca el de la Fuga a Egipto, por su mejor conservación. La separación entre las tablas, la suciedad, las grietas estructurales y las pérdidas de oro y policromía hacen necesaria una próxima restauración, según las restauradoras.