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El recreo más triste en San Geroteo

SEGOVIA

El recreo más triste en San Geroteo

El llanto de muchos alumnos y la indignación y pena de los padres marcan el día después del anuncio de cierre de las Jesuitinas

19.03.10 - 00:52 -
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«Está siendo un drama de día». La directora del colegio Sagrado Corazón de Segovia, las populares Jesuitinas, estaba desbordada. La madre Sagrario de Andrés rogaba paciencia y comprensión a partes iguales. Ella daba ejemplo de ambas virtudes cristianas. Dentro de la serenidad que intentaba transmitir se la notaba fatigada en la mañana de ayer. El tremendo impacto causado por el anuncio de cierre del centro gestionado por la congregación de Las Hijas de Jesús les ha sobrepasado. Televisiones, radios, prensa... Ayer, más que nunca, profesores y las propias religiosas ejercían de psicólogos más que de docentes. Y no sólo con los más pequeños, sino también con otros estudiantes más talluditos, e incluso con padres que acudían desolados e incrédulos periódico en mano en busca de respuestas.
Después de 121 años de presencia en Segovia, la institución abandona la enseñanza. La orden traspasa la titularidad del Sagrado Corazón al Padre Claret. A partir del 1 de septiembre del próximo año, las clases del edificio de la plaza de San Geroteo se quedarán de vacías. Las Jesuitinas claudican ante el envejecimiento del casco antiguo, a la fuga de las familias jóvenes a otros barrios e incluso al alfoz y a la consiguiente reducción de la demanda de escolarización. Eso argumentan en la carta enviada a los padres. Las Hijas de Jesús también se refieren a la avanzada edad de las religiosas, a la carencia de vocaciones de refresco y a la ausencia de un relevo generacional que garantice el proyecto educativo que han conocido y con el que se han formado generaciones de segovianos.
Ese «drama» al que aludía la directora ha estado empapado en lágrimas y sollozos. «Muchos pequeños no dejan de llorar», comentaba con impotencia y tristeza la responsable del colegio. «No quieren que se les quite el colegio (...) está siendo muy doloroso para todos», añadía De Andrés. El cierre de la histórica institución ha apelado a la sensibilidad de los chavales como pocas lecciones de cuantas han recibido de sus profesores.
Los educadores también lamentaban el desenlace del centro de San Geroteo. «Más de cien años aquí y mira... no sirven para nada», apuntaba huidiza una maestra aún con los libros en ristre nada más salir de clase. «El ambiente es muy triste», decía señalando al otro lado de los muros del colegio y refiriéndose al estupor que ha impregnado la jornada. «Han estado llorando por los rincones, en el recreo», detallaba afligida. Ella será una de los profesores que pasarán al Padre Claret en el curso 2011-2012. Esa seguridad laboral que ofrece la salida propuesta y pactada por la congregación con los Misiones Claretianos no es todavía consuelo suficiente, sobre todo para los estudiantes ni para las familias.
Esa pesadumbre también se respiraba afuera del Sagrado Corazón. En los corrillos, los padres y madres que aguardaban en la plaza de San Geroteo la salida de clase de sus retoños no hablaban de otra cosa. La pena reinante se agitaba por momentos con arreones de indignación. Laura tiene una niña de 4 años que estudia en las Jesuitinas. Junto a otras mamás exigía con amargura que «nos den más información, que sean más claros». No les convencen los argumentos expuestos por las religiosas en la carta recibida ayer. «Tapan lo de que hay menos escolarización con lo de la falta de vocaciones», se quejaba.
Pero además de pena, ayer a la salida del colegio había confusión. «Nos ha sobrevenido todo; no lo esperábamos para nada», espeta Laura en acalorada conversación con las otras compañeras de espera en San Geroteo. Ellas asienten.
Fuencisla, madre de dos alumnas de las todavía Jesuitinas, trataba de explicar su estado de ánimo y se le ocurrían tres palabras: «rabia, coraje y tristeza». Su irritación crecía cuando hablaba de cómo habían gestionado las religiosas este «trauma», como lo definió. Ella y Laura se quejaban de que la noticia de la cesión de la titularidad del colegio «se ha publicado antes en la web del Claret. ¿Cómo puede ser?», se interrogaban sin respuesta.
Sus hijas también lloraron ayer. «La pequeña me ha llegado a preguntar si tenía que volver a la guardería del Claret», mencionaba Fuencisla. Precisamente ese mismo centro al que regresará la niña, pero con cuatro años más que cuando se convirtió en una Jesuitina.
Después del cabreo, Laura prefiere mirar al futuro. «Los padres lo que pretendemos es que los niños sigan juntos, con los mismos profesores; porque si ya es importante que se conozcan entre ellos, más importante es que les conozcan los maestros». Otra mamá, Alejandra, ahondaba en este discurso. «Es que es como su segunda casa, echan de menos la capilla, la clase, sus compañeros, el patio», decía. «¡Cómo no van a tener las caras largas y llorar», exclamaba Rocío, otra de las madres de San Geroteo.
Más vehemente se mostraba Marta. Su hija también es de las Jesuitinas y otra se matriculará el año que viene. «Tendríamos que sacar a los niños del colegio, pero no conseguiríamos plaza en otros, ni en Maristas ni en las Concepcionistas», lamentaba ayer. Sus dardos iban también contra el alcalde, Pedro Arahuetes. «Es como si quisiera boicotearnos. Nos ha puesto estos bancos (señalaba unos mamotretos de piedra) o los bolardos, hemos estado atravesando zanjas, pasando con los niños bajo andamios, no podemos aparcar porque a la mínima vienen a multarnos y le rogamos al guardia que es un momento, en lo que salen lo niños... Lo que quería era cerrar el colegio», acusaba la madre al regidor. Marta desconfiaba también del destino de sus retoños: «aquí tienen a los niños entre algodones, con 16 por clase; nos ponen la miel en los labios con el bilingüismo, el pabellón, y ahora los quieren meter en un macrocentro como el Claret, con treinta por aula».
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