Los 21 agentes de la Brigada de Policía Científica del Cuerpo Nacional consiguieron el año pasado situarse a la cabeza de los grupos de su especialidad en España al doblar la media nacional de identificaciones por huellas al inspeccionar un escenario. Miguel Ángel del Diego (Burgos, 1941), que acumula 21 años de experiencia, dirige el equipo desde hace 6 años.
-Un trabajo complicado el suyo.
-Lo primero, te tiene que gustar, como es mi caso, y lo segundo, requiere una constante actualización.
-¿Por qué son la mejor brigada?
-Es uno de los indicadores de resultados y lo que miden es el porcentaje de autores identificados por huellas sobre las inspecciones oculares realizadas. El año pasado fue del 15,77%, es decir, 15,77 identificaciones cada 100 inspecciones.
-¿Eso quiere decir que no es tan sencillo coger al delincuente?
-Evidentemente. No sacamos todas las inspecciones. Hay medios para evitarlo y hay también mucha publicidad y los delincuentes procuran evitarnos, pero hablamos de huellas, porque luego hay otro tipo de identificaciones, como los estudios fisonómicos, las huellas de calzado,... Hay muchos otros medios para llegar a los autores.
-¿Que también utilizan?
-En efecto. También se identifica así a los autores. Estamos en torno a la mitad de inspecciones positivas en las que se obtiene algún indicio que ayuda a la investigación.
-El caso más raro que resolvió el año pasado fue...
-El más raro, y el más sencillo, fue el de un delincuente que se dejó la cartera en el vehículo. Raro y simple. Se llevó cosas y se olvidó la cartera. Esa inspección fue sencilla.
-¿Y el más complejo?
-Los más complejos, por la trascendencia que tienen, son los homicidios, y el más complicado fue el del bar Inicial por la extraña forma de actuar y los pocos indicios que pudimos recoger, ya que apenas tocó nada. Es un caso muy complicado.
-Pero, ¿siguen en ello?
-Por supuesto. Estos temas no se dejan y hay que pelearle porque desde que estoy aquí se han resuelto todos los homicidios y éste es el único pendiente. Confiamos en que terminemos resolviéndolo.
-¿La mejora de sus instalaciones desde su traslado hace año y medio a la Comisaría de Delicias puede haber influido en su trabajo?
-En cuanto a instalaciones hemos mejorado muchísimo. En este año y medio que llevamos aquí hemos recibido más visitas que en los veinte anteriores de colegios y demás, y ahora da gusto porque cada vez se va pareciendo más a los CSI que ven en la televisión. La imagen que tenían de las otras instalaciones era de quedarse mirando para arriba como diciendo, vaya, no es el laboratorio de Grissom. Ahora es diferente y trabajar en unas buenas condiciones, incluso de iluminación, es bueno también para los funcionarios. Es una cuestión de humanidad.
-¿Les perjudican las formas, los tiempos y técnicas de las series?
-En parte, sí, porque aunque la base científica es bastante correcta, luego el desarrollo sí nos perjudica. La gente cree que hacemos milagros y te dicen que cómo en la tele sacan huellas de una superficie absolutamente increíble, como una patilla de unas gafas, cuando en realidad esa huella extraordinaria no tiene valor porque apenas tiene crestas para que sea viable. Y luego están los tiempos. Ahí sí que son absolutamente exagerados.
-¿Son perjudiciales como manual de primera para los delincuentes?
-Sí, en el sentido de que informan. Es cierto que no se puede enseñar demasiado a los delincuentes.
-Pero, aún así, siguen consiguiendo resultados...
-Sí, a pesar de ello, sí. La verdad es que es complicado porque hay escenarios en los que no puedes recoger indicios, como en un robo de vehículo en el que rompen el cristal. La máxima de que el delincuente siempre deja algo o se lleva algo en este caso se cumple por lo primero, que se lleva algo, pero apenas deja. Lo único que dejaría sería el olor, pero todavía no hemos llegado al aparato de detectar olores, pero todo se andará porque sé que en el Centro Tecnológico de Boecillo están trabajando en ello.
-¿Sería una revolución de futuro?
-Claro, sustituiría, incluso, a los perros. Es el futuro. Pero es como los detectores de voz, quién lo iba a decir hace 50 años, y ahora hay aparatos que identifican por la voz.
-En cuanto a técnicas actuales, son famosos por sus identificaciones de huellas de orejas. ¿Es lo último en técnicas policiales?
-Las de pisadas ya están y sobre el pie desnudo o las de las orejas también porque tienen sus características particulares. Ahora se toma la palma completa porque hay bases de datos palmares archivados y el sistema de captura por escaneo ya ha llegado a Valladolid.
-¿Ya no utilizan la lupa?
-Sí, todavía sí. El sistema informático es una ayuda, pero luego hay que realizar la confirmación.
-Los plazos para analizar el ADN siguen siendo muy largos, ¿no?
-Hombre, no tomas una muestra y a las dos horas está el resultado, aunque hay casos de urgencia en los se han conseguido resultados en 24 ó 48 horas. Pero en circunstancias normales no tienes resultados antes de tres o cuatro días e, incluso, en meses cuando se trata de un robo o un delito menor.
-¿De qué caso está orgulloso?
-Tenemos varios, como el crimen del pinar de Puente Duero, porque era un escenario abierto y tenía mala pinta. Los indicios permitieron llevar al autor a la cárcel.