La empresaria María Teresa Rodríguez Sáinz- Rozas vive uno de los momentos más amargos de su vida. Presidenta del consejo de administración de Galletas Gullón de Aguilar de Campoo durante más de veinte años, fue destituida en septiembre pasado con los votos de sus dos hermanos y tres de sus cuatro hijos. Casi dos meses después, el entonces director general de la compañía, Juan Miguel Martínez Gabaldón, fue relevado también por el consejo, acusado de deslealtad y de hacer negocios al margen de la familia propietaria. Las dos decisiones han desembocado en una fractura abierta entre los hijos varones y los hermanos de la mayor accionista de Gullón, por una parte, y entre la propia María Teresa, su hija, y Gabaldón, por otra. Enfrentada con sus hijos y hermanos en la empresa y en los tribunales, Teresa Rodríguez intenta recuperar sus poderes para restituir a Gabaldón en la dirección general, mientras la familia insiste en que la empresaria está manipulada por el ex directivo.
-¿Cómo es ahora la vida la de la presidenta de honor del consejo de administración de Gullón?
-Yo era feliz acudiendo a la fábrica. Estaba con mi gente y eso para mí era la felicidad. Pero mis tres hijos varones y mis hermanos, accionistas minoritarios, aunque con el control del consejo de administración, se han amotinado para hacerse con el dominio de la sociedad. Me han despojado de mis poderes y destituido de mi cargo de presidenta ejecutiva, que llevaba ejerciendo desde hace 20 años. Quieren que renuncie a mi cargo y a mi mayoría accionarial y que me dedique a pasear con mis nietos, pero eso es una decisión que sólo me corresponde a mí y que tomaré cuando yo decida. Por eso, ahora todas mis energías están puestas en acabar con esta situación para proteger la compañía, sus puestos de trabajo y también a mis hijos y nietos. He solicitado judicialmente una convocatoria de la junta general extraordinaria en la que hacer valer mi mayoría accionarial y volver a la situación anterior, es decir, que Gabaldón vuelva a ser el director general.
-¿Cómo definiría la situación actual de la galletera?
-Gullón ha sido y debe seguir siendo un motor económico fundamental en la zona norte de Palencia. Mantener Gullón para proteger los puestos de trabajo es para mí una religión. Pero la situación es ahora de parálisis de los planes de crecimiento y creación de empleo que yo tenía marcados. Es una situación peligrosa, pues nadie está echando el carbón que se va a necesitar en los próximos años. A modo de ejemplo, está parado el plan de inversiones que teníamos programado y el inicio de la tercera fábrica que íbamos a construir en el último trimestre del 2009. Son puestos de trabajo que deberían haberse creado ya. También estoy preocupada por los que están manejando los hilos detrás de mis hijos. Personas que no llevan sangre Gullón, ni viven en Aguilar. Creo que son estas las personas que han azuzado a mis hijos contra mí y temo que puedan tener planes para la compañía que sólo busquen su lucro personal y sean perjudiciales para la región.
-¿La situación judicial que vive la empresa tras el despido del director general ha afectado en algo a la compañía?
-Ningún procedimiento judicial es bueno para ninguna compañía. En este caso, mis hijos y mis hermanos sólo se preocupan de poner pleitos contra mí y contra el ex director general, sin reparar en que con ello perjudican la imagen de la empresa y descuidan, como están descuidando, el plan de inversiones y crecimiento de Gullón, y eso es lo peor que le puede pasar a una empresa como la nuestra.
-¿Entonces no se mantienen los planes de expansión previstos antes de que surgiera el conflicto?
-Así es. Desde que se hicieron con el control de la compañía, intentan hacer creer a todos que los van a continuar, porque quieren transmitir una idea de continuidad, pero no lo están haciendo. Hace meses, desde el último trimestre del 2009, que Gullón tenía que haber comenzado la construcción de la nueva fábrica y no se ha hecho. Tampoco se han puesto en marcha las nuevas líneas de producción que teníamos planeadas. Todo esto es tiempo y empleo perdido. Pero yo me ocuparé de que todos esos planes se retomen tan pronto como recupere el control de Gullón. Por eso mi miedo de que la paralización de estos planes de inversión obedezca a la intención de poner la compañía en manos extrañas. Por eso, hay que actuar rápido.
-¿Esta voluntad es compartida por el consejo de administración en pleno?
-No. El consejo en este momento lo están manejando mis hermanos y tres de mis hijos que son los accionistas minoritarios y que sólo controlan, entre todos, el 15.71 % del capital social. El resto del consejo, formado por mi hija Lourdes con el 3,86 % del capital y yo con el 55,29% %, estamos totalmente en contra de las actuaciones que están llevando a cabo.
-¿Cómo puede afectar a la imagen de Gullón la situación de conflictividad interna de la empresa?
-Muy negativamente. Gullón era y es una empresa modelo. Desde que tomé las riendas de la empresa a mediados de los años ochenta, y con la ayuda de Juan Miguel Martínez Gabaldón, no hemos parado de crecer nunca y de la pequeña fábrica de los inicios hemos pasado a ser la empresa de galletas más grande y más automatizada de España. Fruto de las grandes inversiones realizadas -más de 200 millones de euros- nos hemos convertido en la fábrica de galletas más grande de Europa. Nos hemos situado también en la vanguardia del sector en cuanto a tecnología, informática, calidad e I+D. Gozamos de un gran prestigio empresarial, reconocido a través de las distinciones y premios de los que hemos sido distinguidos y ésa es la imagen que quiero para Gullón y no la de peleas en los tribunales. Pero esto se corregirá tan pronto como obtenga los poderes. Quiero tranquilizar con ello sobre todo a los empleados.
-¿Y usted, personalmente, cómo vive este conflicto?
-Además de empresaria, soy madre. Por tanto, lo vivo con mucha tristeza y preocupación. Pero si nunca he renunciado a ser madre por haberme dedicado a la compañía, tampoco voy a renunciar a ser empresaria porque me lo pidan mis hijos. Es una decisión personal que tomaré cuando llegue el momento. Todo tiene un orden.
-¿Por qué ha decidido posicionarse claramente a favor de la permanencia del anterior director?
-Dejemos las cosas claras. Al ex director general no le han despedido porque haya actuado contra los intereses de la empresa. Le han despedido porque pensaban que, eliminándole a él que ha sido mi hombre fuerte, acabarían empresarialmente conmigo y les dejaría hacer a sus anchas, pero se han equivocado. No puedo aceptar la injusticia de despedir sin motivo real a quien más ha trabajado por Gullón en los últimos 22 años. Como empresaria, no puedo aceptar que se prescinda de la persona que, bajo mi control, ha convertido Gullón en la empresa galletera más importante de España. Ha sido una barbaridad lo que han hecho. Además, Gabaldón se enteró de su despido por los periódicos.
-¿Y no hay manera de convencer a sus hijos para que todo vuelva a la normalidad?
-Creo que mis hijos no son conscientes de lo que pasa, porque toda esta estrategia no la han creado ellos, sino terceros que están detrás y que tienen intereses personales incompatibles con Gullón. Son personas que no viven en Aguilar y no comprenden la relación entre Gullón y esta región. Por eso, aunque mis hijos no lo comprendan aún, tengo que actuar para protegerles a ellos y a la empresa.
-Su familia argumenta que el anterior director general ha sido desleal y ha hecho negocios al margen de la familia ...
-El anterior director general jamás ha hecho nada que no fuese en beneficio de la empresa. Todas sus acciones han contado siempre con el conocimiento del consejo de administración y por supuesto con mi permiso y respaldo. De hecho, en su día tales actuaciones merecieron el aplauso de todos. Otra cosa es que ahora, por los intereses creados en echarme a mí, se quieran ver las cosas de otra manera y se quieran aprovechar determinados asuntos como excusa para quitarle de la dirección y poner en su lugar a uno de mis hijos. Yo quiero que mi hijo Félix sea el director, pero lo será cuando llegue el momento y cuando esté formado para ello. Mientras tanto, no podemos poner en riesgo la empresa ni los 800 puestos de trabajo. Ahora hay que poner orden en Gullón y más adelante preparar la sucesión.
-¿Qué le parece que haya pedido casi 14 millones de euros como indemnización por despido?
-Gabaldón ha pedido al juez la readmisión en la empresa, porque eso es lo que realmente quiere, seguir trabajando por Gullón. La mejor prueba de su honestidad es que el consejo le ha ofrecido grandes cantidades de dinero para que se vaya y abandone el proyecto, y sin embargo, lo ha rechazado. Quien le conoce, sabe que es incorruptible. Le han ofrecido muchísimo más que esta cantidad, pero lo ha rechazado, porque no quiere dinero.
-¿Qué tiene que decir a las manifestaciones de sus hijos de que usted apoya a Gabaldón porque está manipulada por él?
-Cuando se han dado cuenta de que no me iba a quedar parada y que iba a luchar por la empresa, han diseñado esta estrategia con el fin de desprestigiarme y hacer ver que soy un títere manejado por otros. No es así. Yo siempre he sabido lo que quiero y he controlado la actuación de Gabaldón. Quiero continuar con la política de crecimiento y reinversión de beneficios que he mantenido hasta ahora. Quiero comenzar la tercera planta fábrica de Gullón en Aguilar y que Juan Miguel Martínez Gabaldón vuelva a la empresa para dirigirla como ha hecho hasta ahora y para formar a mi hijo Félix para que sea un buen director general de Gullón.
-En su opinión, ¿cómo cree que terminará este conflicto?
-Bien. He solicitado judicialmente una convocatoria de junta general para hacer valer mi mayoría accionarial. Confío plenamente en la Justicia. Una vez recuperado el control, seguiré contando con mis hijos como hasta ahora. Aquí no sobra nadie, al revés, todos somos necesarios. Mis hijos heredarán la empresa, pero a su debido tiempo. La empresa será dirigida desde Aguilar por mí y por mis hijos.