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Más inmortalidad para Miguel Delibes

delibes, 1920-2010

Más inmortalidad para Miguel Delibes

16.03.10 - 01:08 -
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«Los figurativos trabajamos sobre lo que amamos». Y el pintor y escultor Antonio López se declara rendido admirador de Miguel Delibes, «uno de los pocos a los que releo continuamente». Por eso, esta máxima marcará también sus proyectos con el recién desaparecido escritor, del que esculpirá un busto y realizará una pintura para la gran exposición que prepara sobre los españoles hacia los que siente reverencia. Miguel Delibes se une a una lista en la que incluye al también escultor Pablo Palazuelo, Antoni Tàpies o Rafael Sánchez Ferlosio, además de algunos amigos «muy personales». Grandes artistas de la palabra o la imagen «un poco mayores que yo -nació en Tomelloso, 1936- pero por los que sólo puedo tener veneración».
Otra de sus constantes son la anarquía y el volver sobre sus motivos de inspiración una y otra vez, de una forma detallista, casi fotográfica. Cómo el mismo también suele insistir «una obra nunca se acaba, sino que se llega al límite de las propias posibilidades». Unos y otros argumentos dilatorios no le impiden poner fecha a su proyecto colectivo: «espero ofrecer esa exposición con todos ellos en año y medio y en Madrid, aunque alguna pieza esté inacabada».
Un viaje fuera por un par de días le impidió a López asistir alas honras fúnebres del escritor el pasado sábado. La relación mutua comenzó hace más de 30 años. En ella hizo de mediador, un paisano de López, el escritor y crítico Francisco García Pavón. El escultor manchego recuerda una amistad «muy salteada», que fue consolidándose cuando Delibes mostró su interés por tener alguna pintura suya.
Escrutador
Desde su estudio madrileño, López pide tiempo para quitarse la pintura de las manos y desgranar al teléfono aquellos primeros encuentros. «Recuerdo que la primera vez quedamos en una taberna de Madrid -continúa con un hilo de voz en el que la memoria lucha por hacerse hueco con la bondad que emana-. Miguel llegó con su boina, acompañado de Umbral. Me miraba como tratando de ahondar en mi forma de ver las cosas». Después, sus visitas fueron más habituales.
Desde esos contactos «salteados», cómo él los define, recuerda bien los vaivenes físicos. Se remonta al «gran bajón» de Delibes allá por 1992, lo que no le impedía «ser siempre una persona maravillosa con un carácter lo más alejado de un artista». A raíz del compromiso de López de esculpir la estatua de los Reyes que preside el Patio Herreriano, sus visitas a Valladolid y los contactos se hicieron más habituales, como aquel día en que Miguel Ángel Cortés -entonces secretario de Estado de Cultura- llamó a su tocayo, que «se presentó en el restaurante de las afueras de Valladolid conduciendo él mismo».
A través de un amigo común, el gerente de la Fundación Jorge Guillén, Antonio Piedra, López le hizo llegar un día a Delibes que quería extender su posteridad más allá de sus libros. «Sé que le hizo mucha ilusión». Así, un 31 de julio del 2006, López pasó una velada completa, cómo el 'sastre' del arte que es, tomándole medidas en Valladolid.
Fueron dos o tres horas que incluyeron una completa colección fotográfica. Un material que Antonio califica de «maravilloso» y que, en todo caso, «es lo que hay», como queriendo decir que no ya no habrá posibilidad de retoques.
A pesar de esos años de amistad 'a trozos', el naturalismo habitual del artista de Tomelloso le lleva a insistir en que carece hoy de información sobre «los tiempos del Miguel Delibes activo y dinámico». Por eso tiene claro qué imagen tendrán sus obras, tanto el busto como la pintura, cuando estén rematadas. «Será el Miguel mayor, el que no estaba a la vista, tal y como yo lo encontré en aquel momento» (se refiere al verano del 2006).
Dolor sin ira
Una imagen nítida «sentado en su silla, con curiosidad y dolor por su estado físico, pero seguía en el mundo, atento a las cosas». Lo que más le llamaba la atención de lo que no se veía, más allá del lento declinar de sus facultades, era su forma de estar en el mundo. «No le veías resentido. Dolorido sí, pero sin maldad contra nadie». Tan arrumbado estaba que «era una ligereza tratar de animarle con palabras baladíes», admite el escultor.
¿Cuándo trasladará todo ese bagaje a formas y colores? López se parapeta en su anarquía y recuerda que, de todos estos personajes, sólo se ha metido con el busto de Sánchez Ferlosio, precisamente con el menos contacto ha tenido. Aunque su determinación parece a prueba de excusas posteriores.
Como despedida, Antonio hilvana su teoría en la que reclama a Delibes como uno de los autores universales que «apostó por atender al hombre rural, siempre olvidado por el gran arte que, desde los griegos, ocurre siempre en la ciudad».
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