A Victoriano de Aza, el hijo del herrero de Población de Campos, siempre le gustó andar en bicicleta. Desde pequeño. Se montaba en el sillín y empezaba a pedalear hasta que las piernas le llevaban a Palencia, 34 kilómetros más allá. Con pinzas de la ropa para que los pantalones no se enredaran en las ruedas. Por eso no es de extrañar que cuando tuvo que elegir negocio, se decantara por una tienda de recambios de bicicletas. Casa de Aza, se llamaba. En el cogollo de Frómista. Todavía está el letrero a la puerta. Y junto a las ruedas, los discos y sillines, la base del negocio, asentada en torno a los electrodomésticos. «Línea blanca y marrón». O sea, de todo. Y durante 40 años. Desde frigoríficos hasta televisores y lavadoras. Pero con las dos ruedas de forma permanente en su cabeza. «A mí es que la bicicleta me ha gustado siempre. Y la moto, sobre todo la moto», dice mientras enseña la suya, lista para pasar la ITV, mientras sujeta en brazos a Jackie, la perra de su nieta.
Hace cuatro años, Victoriano apretó el freno y cerró la verja del negocio. Ya ha cumplido los 74. Pero seguro que más de un peregrino se acuerda de él. Hasta su tienda y taller, muy cerquita de la iglesia de San Pedro, se acercaban los ciclistas que, camino de Santiago, tenían que detenerse para reparar la bicicleta. «Claro, claro que atendíamos a los peregrinos. Sobre todo en verano», recuerda hoy Victoriano en lo que queda del taller, todavía con ruedas de varios tamaños colgando de las paredes. Precisamente las ruedas eran el principal dolor de cabeza de quienes hacían en bici el recorrido hacia Santiago. «Fallaban mucho, sí. Y los cambios también. Y luego estaba el barro. Uy madre cómo venían las bicis de barro. Aquí nos la traían para que les hiciéramos una puesta a punto».
Y si Victoriano se encargaba entonces de las ruedas, Adela lo hace ahora de los cuellos y las espaldas. De piernas y rodillas. También una puesta a punto para el peregrino que recala destrozado a este cofre de las joyas románicas que es Frómista. «Los hay que llegan muy débiles. Yo les recomiendo que descansen porque si quieren valorar el Camino, no pueden hacerlo con dolor. El Camino es para disfrutarlo, no para hacerlo con prisa. Yo siempre digo que mejor que del tirón, si no se tiene tiempo, hay que hacerlo por etapas más cortas. ¿Sólo tienes una semana? Pues haz un tramo, ya continuarás el año que viene. Pero no tiene sentido andar por andar, pegarte la paliza. Hay que pararse, disfrutar de la gente, del paisaje, del momento. Esto no es una competición, es un juego... y hay que saber jugarlo. ¿O es que alguien disfruta del juego cuando no lo está pasando bien?», se pregunta Adela, quien prepara folletos con su número de teléfono para distribuirlos por el Camino, de Burgos a Frómista. Al llegar aquí, un gran cartel se abalanza sobre el peregrino. 'Centro de terapia. Masajes, relajación. Te ayudará a hacer un buen Camino'. A mí me duele un poco la rodilla izquierda. Demasiado peso en la mochila, me temo.
-Tienes que aprender a ir más ligero-, recomienda Adela.
Ojalá. Hay peregrinos que no dudan en acercarse hasta las oficinas de Correos para mandarse a casa, contra reembolso, los kilos que le sobran al petate. Yo estoy en un tris de de deshacerme del ordenador, los cuadernos y los bolis. Pero entonces no podría mandar estas crónicas. Mmm. Seguro que alguno hasta agradecía dejar de leer esto. Pues ajo y agua, que mañana tiro hasta Villarmentero.