La decisión será técnica y se tomará hoy, contando siempre con que debe primar la seguridad de los visitantes. El delegado de Patrimonio Nacional, Nilo Fernández, comentó ayer que la apertura al público de los Jardines del Palacio Real de La Granja se producirá posiblemente el domingo, aunque será parcial porque continúan los trabajos para retirar las ramas y árboles dañados por el vendaval de hace dos semanas.
Los jardines estaban ya ayer «transitables y razonablemente seguros», según comentó Fernández, pero los técnicos delimitarán hoy las zonas de los jardines que continuarán cerradas por motivos de seguridad. El equipo de Patrimonio Nacional evaluará en qué estado se encuentran los bosquetes y los paseos y decidirán la fecha de apertura. La idea inicial era abrir una parte de los jardines el domingo, aunque «siempre con el objetivo de que el jardín vuelva a ser disfrutado de manera segura por el público lo antes posible».
Todo apunta a que el domingo se abrirá sólo la parte baja de los jardines, la más cercana al Palacio, y que la apertura total del recinto al público no se producirá hasta Semana Santa, cuando suele producirse uno de los principales aluviones de visitantes de todo el año (la cifra anual supera de largo el millón de personas). Las zonas cerradas temporalmente estarán señalizadas y delimitadas con vallas, y en todos los accesos se recomendará a los visitantes que sean respetuosos con las restricciones, que siempre serán decididas con criterios técnicos y por su seguridad.
Evaluación de daños
Los daños que causó el ciclón del 27 de febrero están repartidos por todo el recinto de los jardines del Palacio Real de La Granja, desde el bosque a la alameda. En la alameda han caído cinco ejemplares muy importantes por su valor florístico y sentimental dada su edad de unos 140 años, y en el conjunto de los jardines aún continúa la evaluación; puede estimarse en más de trescientos el número de árboles derribados por el viento, y otros tantos fueron dañados en alguna medida, que en el conjunto de miles de ejemplares no es un número muy significativo.
El ejemplo más destacado es el del único ejemplar de abeto gigante de Vancouver ('abies grandis'), de 38 metros de altura, un metro de diámetro y unos 140 años, que cayó arrancado de cuajo y rompió uno de los bancos de mármol de la calle de Valsaín, la que lleva a la fuente de La Fama, donde también hay rota una farola, los únicos elementos del mobiliario urbano de los jardines que han sido afectados. También han quedado dañados la Casa de las Flores, sobre la que se desplomó un árbol de gran porte, y el principal de los tres viveros de que dispone Patrimonio Nacional en los jardines.
La mayor parte de las especies que han caído fueron plantadas durante el reinado de Amadeo de Saboya, alrededor de 1870, cuando se pusieron de moda en España las coníferas y el jardín paisajístico inglés. De todas formas, las inspecciones de los técnicos que supervisa Juan Fernando Carrascal Vázquez, ingeniero forestal de los jardines de La Granja y Bosques de Riofrío, son diarias. Y cada día encuentran algo que requiere su atención: el martes por la noche se derrumbó otro árbol, un roble de gran tamaño, de unos 40 centímetros de diámetro, que al caer rompió la valla de El Mar.
140 kilómetros por hora
Los árboles cayeron por la fuerza del ciclón que recorrió la ladera del monte y provocó remolinos en la hoya y los valles de los jardines y como consecuencia de que el suelo es poco profundo, somero, sobre todo en una parte del jardín donde es echadizo y tiene muy poco espesor, pues la roca madre se puede encontrar a un metro o poco más de la superficie, por lo que las raíces no pueden profundizar y el sistema radicular está poco desarrollado. Como son ejemplares de gran porte -la mayoría pasan de los 30 metros de altura- y de hoja perenne, al soplar el viento sobre ellos actúan como una vela y ofrecen una gran resistencia al aire.
El 27 de febrero, los vientos fueron de hasta 140 kilómetros por hora y los árboles cayeron descuajados, salvo los que ya tenían la madera afectada por pudriciones, los menos, que se rompieron por el fuste.
Para retirar los ejemplares derribados y limpiar el recinto ha sido necesario emplear maquinaria pesada, una retroexcavadora de 90 caballos, una plataforma de 40 metros y una grúa de 100 toneladas para apear los árboles, motosierras y, además de toda la plantilla de Patrimonio Nacional, personal especializado en podas y cortas. Como dato que ilustra el tamaño de muchos árboles abatidos, las trozas en que han sido divididos los fustes son de unos cinco metros y de hasta seis toneladas cada una. La madera ha sido acumulada para decidir su posible aprovechamiento en carpintería o construcción.
Los trabajos de limpieza comenzaron al día siguiente del temporal, pararon tres días por las nevadas y el martes de la semana pasada por viento, y continúan todavía.