Queda mucho por saber del Acueducto de Segovia. Lo dicen todos los expertos, arqueólogos, historiadores, geólogos... Faltan estudios, pero hay muchas marcas que identifican las intervenciones realizadas, incluidas las de la factura original de la obra hidráulica en el siglo I o II de nuestra era, las de las reconstrucciones de los siglos XV y XIX. Algunas están muy a la vista y otras pasan desapercibidas, como explicó ayer Alonso Zamora, arqueólogo y director del Museo Provincial, en el Torreón de Lozoya, marco de la conferencia que ofreció dentro del ciclo Segovia Romana de la Obra Social y Cultural de Caja Segovia. Y aunque reconoció que intentar decir algo nuevo del Acueducto es difícil, Zamora presentó dos conclusiones contundentes: es necesario establecer una protección a ultranza de todo el trazado, de la conducción completa desde el azud del río Frío hasta el Alcázar, y aún más realizar una investigación exhaustiva, sobre todo de lo que permanece oculto. De hecho, es llamativa la falta de noticias sobre el Acueducto en todo el mundo antiguo, pues las primeras conocidas son de los siglos XIII o XIV.
Zamora ilustró la conferencia -en una sala abarrotada- con fotografías, partiendo de las aéreas que permiten deducir el trazado de la conducción original y apreciar las agresiones que ha sufrido a lo largo del tiempo, tantas que, aseguró, «en todo el tramo no hay nada que podamos decir con seguridad que es romano», aunque está todo sin excavar y estudiar en profundidad y existen al menos tres conducciones distintas siguiendo el trazado hasta la ciudad, donde desaparece al llegar a Nueva Segovia, pues todas las ordenanzas de protección han sido vulneradas siempre (desde las dictadas por Marco Vitruvio en el siglo I hasta las actuales) incluso por quienes deberían tener más cuidado.
Lo que se conoce con más precisión del Acueducto ha salido a la luz durante las restauraciones y en algunas excavaciones parciales. Así, en la de 1973 se descubrió una fuente parcialmente romana muy cerca del segundo desarenador, el de la avenida Padre Claret, pero hoy día crecen dentro árboles que tienen por lo menos veinte años, señaló, y está bastante bien documentada la superposición de canales en el 'specus', desde el instalado con fábrica de granito en el siglo XV por Escovedo al tubo de hierro de 1925 o la «inentendible» canalización de plomo colocada en la última y «dañina» rehabilitación, que al estar muy deformada causa filtraciones y aumenta la erosión de los sillares. Y es que, precisó Zamora, la superposición de canales es un problema porque «amontonar tecnología es jugársela», y en el Acueducto se la han jugado quienes han dirigido las sucesivas intervenciones.
Los sillares, su erosión, los cuatro tipos de granito empleados y las técnicas constructivas, con los huecos labrados para subir y apoyar las piedras, centraron otra parte de la exposición antes de que comentara el estado del sotabanco, donde en el siglo XVI se colocaron las estatuas de la Virgen y de San Sebastián (de ésta queda un 'leño' conservado en el Museo Provincial.
De Trajano o Domiciano
En el sotabanco se conservan también los huecos en los que se fijaron las letras de bronce de la cartela (alguna todavía existía hace cuatro siglos), que a lo largo de la historia han facilitado media docena de interpretaciones. Con la que consideró más fiable, con los hallazgos de las excavaciones (una moneda encontrada en la excavación de la fosa de uno de los pilares de las escaleras del Postigo del Consuelo) y la tipología de la construcción (similar a la del Acqua Claudia de Roma), Alonso Zamora explicó que podría fecharse la cimentación de esta parte del Acueducto entre los años 107 y 112, pues de esa época el sextercio de Trajano encontrado en el material de relleno que se echaba para cerrar la fosa cuando se realizaba la construcción.
De la interpretación de la cartela realizada por el epigrafista alemán Geza Alföldy también cabría deducir que fue el emperador Trajano el que ordenó a los dumviros (cargo de magistrados parecido al de alcalde) del municipio de Segovia la 'restitución' o reconstrucción del Acueducto. Es decir, que en época de Trajano el Acueducto ya estaría hecho y sería posible que lo hubiera mandado construir alguno de sus antecesores, Nerva o Domiciano, con mayor probabilidad éste porque aquél gobernó muy poco tiempo y, además, podría haber ocurrido que Domiciano no aparezca por la 'damnatio memoriae' decretada al ser considerado traidor a Roma, lo que motivó que su nombre fuera borrado de todas sus obras.
Pero la principal conclusión de la conferencia de Alonso Zamora es que la investigación de la cartela está incompleta. Habría que hacerla, destacó, con luz ultravioleta o infrarroja o mediante la fotografía láser que permitiría estudiar cada sillar con precisión al obtener imágenes en tres dimensiones. Esta técnica, además, podría aplicarse en todo el Acueducto y ahorraría «un tiempo impagable» para futuras investigaciones, porque permite comparar los datos que se obtengan con las variaciones que puedan apreciarse más adelante en los sillares.