El mundo del libro está en ascuas. Busca clones del fenómeno Stieg Larsson como bálsamo para que la crisis lo sea menos. El libro resistió el pasado año el embate de los malos tiempos, en gran parte, gracias a la buena acogida de los 'best sellers' con Stieg Larsson a la cabeza. La trilogía 'Millenium' (Destino) hizo de colchón con unas ventas totales que superan los 2,7 millones de títulos, según el informe Bookscan de la consultora Nielsen con datos de librerías.
A esa circunstancia se sumó la aparición de otros títulos de buena acogida entre los lectores que diluyeron los temores de un año que comenzó en las tinieblas, con una caída de ventas alarmante, cercana al 35% según la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal) y remontó hasta calibrar el ejercicio con unas cifras de negocio similares al año anterior. Este 2010 las editoriales ya se han estrenado en el lanzamiento de algunos autores marca, aquellos que garantizan ventas y cuentan con miles de fieles seguidores que responden a pie de mostrador pidiendo su última creación. Algunos de los más exitosos han anunciado nueva obra y figuran en la quiniela de más comprados que pronostican editoriales y libreros. En esa lista no falta Arturo Pérez Reverte, que publica en marzo 'El asedio'; ni Julia Navarro con 'Dime quién soy', Paulo Coelho o Matilde Asensi, otra superventas que acaba de sacar 'Venganza en Sevilla'. Mario Vargas Llosa también se suma a esta quiniela de la expectación editorial con el lanzamiento de 'El sueño del celta'.
Pero más allá de los escritores que garantizan ventas, el sector confía en la eclosión de otro fenómeno del cariz del sueco Larson. La intuición colectiva apunta a que sea un autor aún ignoto a los ojos de la cultura de masas, como coinciden en barruntar varios editores. «Larsson era absolutamente desconocido en España», interpreta Carlos Revés, jefe de la División de Editoriales del Grupo Planeta, conocedor de los entresijos del mundo del 'best seller'. «¿El secreto para olfatear una obra exitosa en ventas? Se ha de jugar con la bondad del manuscrito y esperar a que se produzca el gran círculo virtuoso de este negocio: alguien compra, alguien lee, alguien recomienda y alguien vuelve a comprar».
Denostados por un sector de la crítica que analiza con recelo los títulos que aparecen en las listas de éxito, tanto editores como libreros no tienen ningún apuro en admitir que estos libros favoritos de los que todo el mundo acaba hablando, se han erigido en tabla de salvación a la que se encomiendan para poder aguantar en las estanterías otros títulos con menor reclamo.
Michèlle Chevalier, directora de Cegal, que agrupa a 1.600 librerías del país, da por agotado el filón Larsson pero vaticina que «saldrá otro que le sustituya porque los más vendidos se suceden unos a otros, cada vez con cifras más astronómicas de ventas y eso reporta buenos ingresos a las librerías; El 'best seller' ahora entraña, en general, la connotación de una historia amena, llevadera, que no es complicada de leer y para muchos lectores de nivel medio, que sólo buscan ocio, son una especie de garantía que viene avalada por otros lectores y un fuerte marketing». En parecidos términos pero con otros mimbres para la reflexión se expresa Carlos Revés, directivo de Planeta, el conglomerado editorial que engloba el sello Destino, que ha publicado la trilogía 'Millenium': «¿Qué hubiera sucedido en el 2009 si el sector no hubiera tenido unos comportamientos tan extraordinarios como los tres libros de la serie de Stieg Larsson? Es difícil saber si esos casi tres millones de lectores hubieran comprado a otro autor de no haber existido Larson», apunta.
Hay quien da por agotado el yacimiento de autores nórdicos de novela negra como Asa Larsson o Henning Mankell, que tan buenos resultados ha reportado en los últimos años. Por esa intuición se inclina Juan Milá Valcárcel, de la editorial Salamandra, para quien el público lector ansía un cambio de aires. «Hay autores que van con el piloto automático y están avalados por el éxito, pero el mundo del libro tiene un factor imprevisible», confiesa este editor, que no olvida lo tortuoso que será para el sello que dirige repetir un éxito como el logrado al publicar en España en el 2007 'El niño del pijama de rayas'. La obra del irlandés John Boyne fue la más leída el pasado año, según el barómetro anual de la Federación de Editores, y sumó unas ventas por encima del millón y medio de ejemplares. Una de las apuestas de su sello editorial para este año es la escritora india Jhumpa Lahiri con 'Tierra desacostumbrada' que, dice, «viene de triunfar en Estados Unidos con sus relatos». Sin embargo, más allá de especulaciones, el sector del libro ha comenzado el año temeroso de que se repita el vacío de demanda y clientela padecido a inicios del 2009. Entonces, muchas administraciones públicas dejaron de realizar pedidos de libros destinados bibliotecas, un sector que garantiza tantos beneficios como presencia y notoriedad ante los lectores.
Charo Vergaz, de la librería vallisoletana Rayuela, corrobora que el año ha empezado «con poca alegría, muy frío», por lo que vaticina que las apuestas editoriales van a ser muy cautas. Por eso está convencida de que «vender 'best sellers' como Larsson te permite tener en el mostrador otras cosas con menos demanda; la fórmula de los más vendidos es una manera de reavivar el comercio».
Con una producción anual en torno a los 70.000 títulos (incluidos libros de texto y técnicos), el sector editorial español lo tiene cada vez más difícil para diferenciar una obra y colocarla en el 'top ten'. Y a los puntos de venta les resulta más complicado acoger el aluvión de novedades así como estar al tanto de lo que se publica. «Ya no hay tiempo para leer todo y seleccionar bien», se queja la representante de los libreros Michèlle Chevalier, quien lamenta que la saturación lleva a que se obvien «libros muy buenos pero que al ser editados por un sello más pequeño o que no gozan de espacio en las librerías, muchos de ellos no acceden a la mesa de novedades y su destino es el anonimato del almacén».
Por eso Chevalier alerta de que la masiva proliferación de títulos y escritores dificulta la habitual labor de criba para recomendar a los lectores.
En este mercado, en el que autores y editores lo tienen cada vez más complicado para descollar ante montañas de competidores haciendo guiños al público, el libro como regalo ha cobrado auge y ha ayudado a resistir al sector, convirtiéndolo en un valor refugio, en palabras de Carlos Revés. «Hemos notado que el libro ha ganado puestos como objeto de obsequio, sustituyendo a otros productos con un precio superior a los 18 euros; Esa circunstancia ha hecho que además del público habitual que lo compra para su disfrute, en las pasadas Navidades mucha gente entrase a las librerías en busca de regalos».
Esquinando a un lado la crisis, el sector mira ahora al libro electrónico y sus sensaciones oscilan entre el sentimiento de amenaza y la idea de una nueva ventana de negocio. Como voz de los editores, Antonio María Ávila, sostiene que los datos de venta de dispositivos de lectura electrónicos son pobres y la demanda, aún incipiente: «Sigue siendo incómodo leer en pantalla», zanja. Eso sí, considera que para las librerías devendrá en herramienta fundamental, aunque vaticina que el papel ejercerá aún como soporte principal del libro durante muchos años. «Está demostrado que cuando los libros se digitalizan, su venta en papel aumenta», precisa. Formatos al margen, el sector aguarda con ansia la eclosión del 'tapado' que tome el relevo de Larsson. Cuanto antes.