El Norte de Castilla

Las autoridades aéreas prohíben los Galaxy Note 7 en los vuelos

Los dispositivos defectuosos aumentan.
Los dispositivos defectuosos aumentan. / Afp
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  • Varias compañías piden a los pasajeros que apaguen estos dispositivos para evitar su explosión durante los viajes

La gran apuesta de Samsung para 2016, se está convirtiendo en una de las peores pesadillas para la compañía surcoreana. Las malas noticias no paran de llegar a las oficinas centrales de la tecnológica.

A finales de agosto, medios asiáticos comenzaban a publicar que varios Galaxy Note 7 ardían debido a sus baterías defectuosas. A principios de septiembre, Samsung confirmaba al menos 35 dispositivos y ordenaba la devolución de sus nuevos phablets.

Siete días después, los casos siguen aumentando y los problemas se acumulan en la compañía hasta marcar mínimos en Bolsa en los últimos días. Desde esta semana, las autoridades aéreas prohíben el uso de los nuevos Galaxy Note 7 en los vuelos.

Las primeras en anunciar el veto fueron las australianas Qantas y Virgin. A continuación llegaron los noes desde Singapur Airlines, Emires y Etihad. Las aerolíneas europeas no han tardado en sumarse, los comandantes de Air France antes de cada vuelo recomiendan “por motivos de seguridad debido a los recientes incidentes se prohíbe el uso de los Galaxy Note 7 en sus vuelos”. Añaden además “que tampoco se permite el uso del modo avión”.

La española Iberia siguiendo las recomedaciones de la Agencia Europea de Seguridad Aérea también ha prohibido el uso de los phablets Note 7 de Samsung.

La compañía asiática continúa con su particular septiembre negro acumulando malas noticias. "Para todos aquellas personas que hayan ya adquirido dispositivos Galaxy Note7, les rogamos que por favor apaguen su dispositivo y vuelvan a usar su anterior teléfono. A partir del próximo día 19 de septiembre, empezaremos a sustituir voluntariamente su dispositivo Galaxy Note7 actual por uno nuevo", apuntaba Samsung a principios de mes.

Para Samsung, esta revisión no tiene precedentes y supone un duro golpe a su reputación. Unos 2,5 millones de estos dispositivos que se han vendido en todo el mundo necesitan ser retirados del mercado, según la empresa. Algunos analistas dicen que la retirada podría costar a Samsung casi 5.000 millones de dólares.